jueves, 6 de enero de 2011

CAMINAR CON LA PROPIA LUZ........



 
I
CAMINAR CON LA PROPIA LUZ

Un joven rabí se quejaba al rabí de Rizhyn, "Durante el tiempo que estoy dedicado a mis estudios, me siento vivo y tengo claridad, pero cuando dejo de estudiar, todo desaparece. ¿Qué puedo hacer?"
El rabí de Rizhyn replicó, "Esto es como cuando un hombre camina por el bosque en una noche oscura y durante un tiempo le acompaña otro hombre con una lámpara. Pero al llegar a un cruce de caminos se separan y el primero ha de tantear buscando su camino a solas. Pero si un hombre lleva consigo su propia luz, no tiene porque temer a oscuridad alguna".

Existen religiones como el hinduismo, el cristianismo, el budismo, el judaismo, y muchas más. Pero ésas son religiones, no "la religión". Son reflejos de la luna a través de muchas clases de mentes. No son la verdadera luna. La luna es una, pero puede reflejarse en miles de lagos. Sus reflejos difieren, pero lo que se refleja es uno.
La mente es un espejo. Cuando la religión es reflejada a través de la mente, nace el hinduismo, o el islamismo, o el judaismo. Cuando la religión no es un reflejo, cuando uno se encuentra cara a cara con la realidad sin interposición de ninguna clase de mente, cuando no hay mente alguna entre tú y la verdad, entonces nace "la religión".
El jasidismo es la religión, el sufismo es la religión, el zen es la religión. Difieren solamente en sus nombres; si no serían lo mismo. Su lenguaje es diferente, pero no su contenido. Todos han mirado a la luna, pero le dan nombres distintos. Es natural, obviamente, pero no han estado contemplando sus reflejos. No creen en credos, ideologías, escrituras, dogmas, doctrinas. Conocen la verdad y cuando conoces la verdad no hacen falta escrituras. Cuando no conoces la verdad llevas en tu cabeza las escrituras. Las teorías son substitutos; no tienen vida. La verdad siempre está viva, eternamente viva. No puede ser confinada en palabras; el mensaje no utiliza las palabras. Y no puedes dar con ella por medio de alguien, porque siempre que se utiliza un medio se convierte en un reflejo. Si tu propia mente crea un reflejo, ¿qué decir de las demás mentes a través de la cuales quieres conocerla?
Uno ha de establecer un contacto inmediato, directo, de corazón a corazón. Entre los dos no ha de haber nada: tu corazón y el corazón de la realidad. Han de responder en una profunda resonancia. Han de encontrarse y fundirse y mezclarse y no debe haber una cortina de palabras, de conocimientos, de conceptos. Solamente entonces sabes lo que es la religión.
El jasidismo es religión; el judaismo es sólo un reflejo. O puedes decir lo mismo con otras palabras: el judaismo es la periferia y el jasidismo es el centro, el auténtico centro, el alma viviente, el verdadero centro.
El budismo es la periferia; el zen es el centro. El islam es la periferia; el sufismo es el centro. Y el centro es uno y la periferia son millones. Desde un mismo centro puedes dibujar muchas circunferencias concéntricas. Puedes dibujar las que quieras; el centro sigue siendo uno.
Vamos ha hablar del jasidismo. Antes de penetrar en su espíritu han de hacerse algunas observaciones a modo de introducción. Siempre que surge el problema de cómo hablar de "la religión" aparecen dificultades porque todo lo que puedas decir al respecto siempre será inferior a la verdad. Todo lo que puedas decir será siempre sólo un reflejo. Puede indicarse; no puede explicarse. Puede señalarse, pero no se puede hablar de ello. De modo que ¿por dónde empezar? ¿Cómo indicarlo, cómo señalarlo?
Me gustaría empezar con la hermosa comedia de Samuel Beckett Esperando a Godot. Es absurda, tan absurda como la vida misma, pero el mismo absurdo de la vida, si es comprendido correctamente, se convierte en una indicación de algo importante y que está más allá.
Todo lo que está más allá de ti es importante. Y sólo lo trascendente es importante. Todo lo que trasciende la mente es importante. Esperando a Godot puede ser un buen comienzo para el jasidismo, el zen o el sufismo; una indicación muy indirecta. Porque decir algo directamente sobre algo tan íntimo, es violarlo. De modo que sé cauto; muévete lentamente. Es terreno sagrado.
Se alza el telón: dos vagabundos están sentados esperando a Godot. ¿Quién es ese Godot? Ellos no lo saben; nadie lo sabe.
Incluso una vez, cuando a Samuel Beckett se le preguntó "¿Quién es ese Godot?", contestó "Si lo hubiera sabido, lo habría dicho en la obra". Nadie lo sabe. Es un rasgo zen. La palabra Godot suena como Dios (*)
Es significativo. ¿Quién sabe quién es Dios? ¿Quién lo ha conocido alguna vez? ¿Quién puede afirmarlo? ¿Quién puede proclamar que lo conoce? Todo conocimiento es una estupidez y uno que proclame que sabe quién es Dios es simplemente estúpido. Godot suena como Dios, lo desconocido. Puede serlo todo, puede no ser nada. Todos están esperando a Godot.
Si no saben quién es Dios, ¿por qué están esperando? Porque si no esperas algo, caes en el vacío espiritual. Si no esperas que suceda algo has de enfrentarte a tu vacío interior, a la nada interior. Y asusta, es como la muerte. Para evitarlo, para escapar de él, uno proyecta un sueño en el futuro. De esta forma se crea el tiempo futuro. El futuro no forma parte del tiempo; es parte de la mente. El tiempo es siempre presente. Nunca es pasado ni futuro. Siempre es ahora. La mente crea el futuro porque entonces puede evitar el "ahora". Uno puede mirar hacia adelante a las nubes esperando algo y simulando que algo va a suceder. Y no sucede nada. Una de las verdades fundamentales de la vida humana es que nunca sucede nada. Parece que suceden millones de cosas, pero nunca sucede nada. Uno continúa esperando y esperando y esperando; esperando a Godot. ¿Quién es este Godot? Nadie lo sabe. Pero aun así uno ha de proyectar para evitar su propio vacío.
* N. del T.- En inglés Godot y God (Dios) tienen fonéticas similares.
Hay un dicho del jasidismo: el hombre es polvo y en polvo se convertirá. Polvo convertido en polvo. Y a mitad de camino, se toma un trago. Es verdaderamente bello: estando hecho de polvo, vuelve un día al polvo. Y mientras, se toma un trago. Esa bebida es el deseo, la proyección, la ambición, el futuro, la imaginación. Si no fuera así te darías cuenta de inmediato de que eres polvo y nada más que polvo. Esperando un futuro, aguardando un futuro, el polvo se rodea de un sueño. Así participa de la gloria del sueño, es iluminado por él. Gracias al sueño sientes que eres alguien. Y el soñar no cuesta nada; por eso sueñas. Los mendigos sueñan que son emperadores; no hay ninguna ley que se lo impida. Para evitar lo que se es, se proyecta el sueño del llegar a ser.
Esos dos vagabundos son la Humanidad personificada. El hombre es un vagabundo. ¿De dónde vienes? No lo sabes. ¿Adonde vas? No puedes responder a esto. ¿Dónde te encuentras ahora mismo, en este momento? A lo sumo puedes encogerte de hombros.
El hombre es un vagabundo, un nómada, sin un hogar en el pasado, ni un hogar en el futuro. Un vagabundo deambulando sin parar, continuamente. Beckett está en lo cierto: esos dos vagabundos son toda la Humanidad.
Pero para crear un sueño uno no es suficiente; hacen falta dos. Con uno no basta. Se necesita la colaboración del otro. Por eso los que quieren salirse de esos sueños tratan de permanecer solos; empiezan a guardar silencio. Meditan, se van a los Himalayas. Tratan de estar solos. Porque cuando estás solo es difícil. Poco a poco, una y otra vez, eres devuelto a tu realidad. No existen excusas, no hay disculpas; para eso se necesita al otro. Por eso cuando alguien se enamora, de repente, en su ser explosiona un sueño. El otro está ahí; ahora podéis soñar juntos y podéis ayudaros entre vosotros a evitaros a vosotros mismos. Por eso hay tanta necesidad de amor: es un requisito del sueño. Estando solo, es muy difícil soñar. Una y otra vez el sueño es destruido y eres devuelto al vacío, a la realidad dura y desnuda. Se necesita a un amante, alguien a quién mirar, alguien al que aferrarse, alguien con el que compartir, alguien con el que parchear los huecos, alguien que te sacará de ti mismo para que no tengas que encontrarte cara a cara con tu desnuda realidad.
Dos vagabundos están sentados. Se alza el telón. Están esperando a Godot. No se preguntan entre ellos, "¿Quién es ese Godot?", porque preguntarlo sería peligroso. Los dos saben en su interior que están esperando a alguien que no existe. Es peligroso, es arriesgado, preguntar quién es Godot. Plantear la pregunta resultará peligroso: el sueño será destrozado. Y al estar asustados, no preguntan. En todo momento evitan plantear una pregunta, "¿Quién es ese Godot?" Ésta es la pregunta fundamental que uno debería plantearse en el primer instante en que se es consciente. Estás esperando a Godot; ¡pregunta quién es Godot!
Pero lo evitan; hablan de muchas otras cosas. Dicen, "¿Cuando llegará? ¿Estás seguro de que esta vez será fiel a su promesa? Ayer nos engañó. Anteayer tampoco vino. Y tampoco hoy; el tiempo pasa y parece que no viene. Miran una y otra vez a la carretera; por la carretera no viene nadie. Pero nunca plantean la pregunta fundamental. Nunca preguntan, "¿Quién es ese Godot?" Nunca preguntan, "¿Cuándo te dijo que vendría? ¿Dónde has de verle? ¿Cómo sabes que existe?" No, nunca tocan estos temas.
Así vive la gente mundana, sin plantear nunca las preguntas básicas. Es arriesgado, absolutamente peligroso. Uno ha de ocultarlo. Uno ha de simular que conoce las preguntas fundamentales; continúa planteado preguntas secundarias. Recuerda: cuando alguien viene a mí nunca plantea una pregunta fundamental. Y si trato de devolverte a la fundamental, te asustas. Preguntas cosas fútiles que pueden ser contestadas, pero aunque lo sean no ganarás nada con ello porque no son básicas.
Es como si tu casa estuviera ardiendo y preguntaras: "¿Quién ha plantado esos árboles?" La pregunta puede parecer muy importante, puede ser contestada, pero ¿qué ganarás con ello? Pregunta lo fundamental. La casa está ardiendo; has de hacer algo. Pero nunca preguntan. Una y otra vez dicen, "De nuevo se está acabando el día y él no viene". Y se ayudan entre ellos: "Debe de estar por llegar; se habrá retrasado. Hay mil y un peligros, pero es un hombre en el que se puede confiar. Puedes fiarte de él". Y este "él" está simplemente vacío. Ha pasado otro día y no ha venido. Y se hartan y empiezan a gritar, "¡Ya está bien! ¡Ya es suficiente!" Quieren irse, no pueden esperar más, pero nunca se van.
Al día siguiente están ahí, sentados en el mismo lugar, esperando de nuevo a Godot. Y ayer habían decidido—lo habían decidido absolutamente—que se irían, que se había acabado. Uno no puede estar esperando toda la vida. "Si viene, perfecto. Si no viene, también perfecto". ¿Por qué no se van? Dicen una y otra vez que se van. El problema es, ¿adonde ir? Puedes irte, pero ¿adonde irás? Vayas adonde vayas estarás esperando a Godot. Cambiar de lugar no te servirá de nada.
Puedes venir a la India, puedes ir a Inglaterra, o a América, o puedes ir al Japón, pero ¿qué ganarás con ello? Estarás esperando a Godot. Japón, Inglaterra, la India; es lo mismo. El cambiar la geografía no sirve de nada. Por eso cuando la Humanidad se encuentra en un gran conflicto, los hombres se convierte en viajantes. Van de un país a otro. Siempre en marcha. Siempre yendo a alguna parte. Nunca llegan a ninguna parte, pero siempre están en marcha. En realidad no van a ninguna parte, solamente están escapando del lugar en el que se encuentran. Si están en América, se van a la India. Si están en la India, van al Japón. Si están en Japón, van a Nepal. ¡No van a ninguna parte! Simplemente tratan de escapar del lugar en el que se encuentran. Nada cambia, porque la geografía no tiene nada que ver.
En cierto modo, esos vagabundos son más auténticos, más honestos. Toman decisiones cuando están enfadados. Maldicen, perjuran y dicen, "¡Ya está bien! Mañana por la mañana no estaremos aquí, esperando a Godot. Nos iremos".
Y mañana, otra vez, el sol sale y ellos se encuentran en el mismo lugar, esperando. Y de nuevo, preguntando cuándo viene. Se han olvidado por completo de que la noche anterior habían decidido irse. Pero, ¿adonde ir? No hay ningún lugar al que ir; ésta es la segunda verdad fundamental respecto a la Humanidad.
En primer lugar, nunca sucede nada. Parece que las cosas suceden, pero tú sigues siendo el mismo. Mira en tu ser. ¿Ha sucedido algo ahí alguna vez? Eras un niño y tenías muchos sueños; luego te volviste un joven y seguías soñando. Luego te volviste un viejo y seguías aún soñando. Soñabas con las riquezas de este mundo; ahora puede que estés soñando con las riquezas del otro mundo. Pero ¿te ha sucedido nunca nada? Y no te asustes, porque si te asustas empezarás a plantear preguntas de segundo orden.
La religión es plantear la pregunta fundamental, la pregunta auténticamente fundamental. Y plantearla con valentía es muy importante porque al preguntar te estás acercando más al centro.
La segunda verdad: has estado yendo y yendo y yendo de un lugar a otro, de un estado de ánimo a otro, de un plano a otro, de un nivel a otro nivel. Y no llegas a ninguna parte. ¿Has llegado a alguna parte? ¿Puedes afirmar que has llegado a alguna parte? Siempre es una partida; nunca hay una llegada. Los trenes siempre están partiendo, los aviones siempre están partiendo, la gente siempre está preparada en sus salas de espera. Siempre partiendo; nunca llegando a ninguna parte. ¡Qué absurdo! Pero tú nunca planteas estas dos preguntas fundamentales.
Y entonces, automáticamente, surge la tercera: "¿Quién eres?" Porque lo verdaderamente importante no es preguntar quién es Godot. Tú lo has creado; tus dioses son tus creaciones. Olvídate de lo que dice la Biblia: que Dios creó al hombre a su propia imagen y semejanza. Es justo lo contrario: el hombre ha creado ha Dios a su propia imagen y semejanza. Éste es Godot. Ésta es tu creación. Es tu sueño. Sea como sea has de sentirte importante, algo: has creado al Dios de los cielos. Dios no ha creado al hombre, Dios no ha creado al mundo. Es el hombre el que lo ha ideado todo.
Una verdadera, una auténtica religión no pregunta quién es Dios. Pregunta, "¿Quién soy yo?" He de regresar a mi fuente original. Ahí y solamente ahí: la revelación. Jesús, Buda, o Baal Shem Tov, plantean las preguntas fundamentales.
Lo segundo que has de comprender respecto al plantear preguntas fundamentales es: las preguntas fundamentales no tienen respuestas. ¡La pregunta misma es la respuesta! Si preguntas con sinceridad, en la pregunta en sí se encuentra la respuesta. No es que preguntes: "¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo?..." y un día descubras que tú eres a, b, c, d,... No, nunca llegarás a este a, b, c, d. Poco a poco, cuanto más insistas, más profunda se hará la pregunta. Un día, de repente, la pregunta desaparecerá. Te encontrarás cara a cara con tu propio ser. Estás abierto a tu ser. La pregunta ha desaparecido y no hay respuesta.
Tómalo como criterio: si una pregunta tiene una respuesta, no es una pregunta fundamental. Si preguntando, la pregunta desaparece, entonces es fundamental. Y con su desaparición misma, llegas a casa y por primera vez algo sucede. Por primera vez no eres el mismo. Godot no ha llegado, pero ya no hay espera. No esperas; has llegado. Y una vez has llegado, la calidad de tu ser es completamente diferente. Entonces puedes celebrar.
¿Cómo vas a poder celebrar si no has llegado? Estás triste, te sientes desgraciado. ¿Cómo vas a danzar si la meta está tan lejana, tan distante que parece no haber ninguna posibilidad de que puedas alcanzarla? ¿Cómo vas a ser feliz? ¿Cómo vas a disfrutar? ¿Cómo podrá brotar la alegría en ti? Aún te interpones. La semilla es todavía una semilla y la flor está muy lejos. No, no es posible. Cuando la semilla se convierte en la flor, aparece la alegría, aparece el regocijo.
Una vez que comprendes quién eres, una vez eres capaz de penetrar en tu vacío sin asustarte, una vez aceptas tu muerte interior sin tratar de escapar mediante los sueños y las proyecciones, una vez que aceptas ser polvo que se convertirá en polvo y entre estos dos extremos solamente hay un inmenso vacío, has llegado a lo que Buda llama "Nirvana". ¡Y esto es a lo que los jasidas llaman "Dios"! No es tu Godot.
Los judíos siempre han insistido en que no se ha de pronunciar el nombre de Dios, porque una vez lo pronuncias, lo falseas. Es impronunciable, es inexpresable. Puedes guardarlo en tu corazón, pero no puedes expresarlo. Puedes convertirte en él, pero no puedes expresarlo. Y los judíos tienen toda la razón al sentirlo así. Dios no es un ser; es un fenómeno tan vasto y tan infinito que no hay palabra que pueda abarcarlo. Solamente un corazón infinito puede contenerlo. Solamente el infinito vacío interior puede contenerlo.
Cuando entres en tu interior sentirás que estás entrando en un espacio en el que te vas a perder, de la misma forma que una gota de agua se pierde al entrar en el océano. Te perderás: de eso es de lo que tienes miedo. Por eso temes a la muerte y empiezas a soñar en el futuro, proyectando. Penetrar en tu ser es siempre como la muerte. Es una crucifixión. Es una cruz. Pero si tienes el valor suficiente... Y los cobardes nunca se convierten en hombres religiosos. Solamente las muy escasas almas tremendamente valerosas que son capaces de asumir el riesgo de perderse, llegan. Has de pagar por ello, y ninguna otra cosa servirá. Para obtenerlo te has de perder a ti mismo.
Una vez estás dispuesto a penetrar en el vacío, de repente, el miedo desaparece. La misma energía se convierte en celebración. Eres capaz de bailar porque aquello que parece vacío era sólo una interpretación de la mente. No había tal vacío. ¡Estaba tan lleno que la mente no era capaz de interpretar esa plenitud!
La mente es impotente, la mente es negativa, la mente está vacía. Comprende el lenguaje del vacío. Si algo está totalmente lleno, la mente no puede comprenderlo. Es como cuando has estado viviendo en la oscuridad durante toda tu vida. De improviso te sacan a la luz del sol y tus ojos se ciegan. Es tremendamente cegador, la luz es excesiva. No puedes abrir tus ojos. Sólo ves oscuridad. Estando a la luz del sol, es como si estuvieras a oscuras. Hasta ahora has vivido en la mente. La mente significa futuro. "Mente" quiere decir "eso que no existe". "Mente" significa sueños, fantasías, ilusión, maya. "Mente" significa "un mundo mágico". Creas tu propio mundo y vives en él. Creas tus alucinaciones y vives en ellas. Tu cielo y tu infierno son mentales.
Una vez penetras en tu ser interior, la mente se ve incapaz de comprenderlo. Desconoce por completo el nuevo lenguaje, el nuevo territorio. Le es absolutamente desconocido. La mente no puede con ello. Simplemente se vacía; es demasiado para ella. La luz es tan brillante y deslumbrante que la mente se vacía y se queda en blanco. Entonces te asustas y escapas. Entonces creas un falso Dios, un Godot.
Un Godot es un falso Dios. Puede ser la riqueza, puede ser el prestigio y el poder, puede ser la política, puede ser el ego, puede ser un dios en el cielo. Pero todos son Godots. Tú los creas. No conoces lo auténtico. Al desconocerlo, creas a su alrededor tu propio sueño.
La auténtica religión es una indagación en lo que verdaderamente es. La falsa religión, inventa. La auténtica religión es un descubrimiento. La falsa religión es una invención. La mente inventa cosas. Y la mente es la barrera. Y una vez que la mente se pone a inventar, crea grandes filosofías: el cristianismo, el hinduismo, el judaismo. Todos los grandes místicos—jasidas, Maestros zen, sufíes—son rebeldes. Han de serlo. Un hombre religioso es un rebelde; no hay otro camino. La religión y la rebelión son las dos caras de la misma moneda.
Hay religiones de Godots—iglesias, templos, mezquitas—organizadas en torno a un credo, organizadas debido al miedo del hombre, organizadas debido a la huida de la mente por el miedo a su propio vacío. Las doctrinas, los dogmas, te hacen sentir lleno. Ésas son las barreras.
Un Jesús, un Buda, o un Baal Shem Tov, son necesariamente rebeldes. No les llamo revolucionarios; les llamo rebeldes. Y has de comprender bien la diferencia. Un revolucionario es aquél que desea cambiar la sociedad, que quiere cambiar el gobierno, que quiere cambiar las estructuras económicas, políticas, religiosas. Un revolucionario no es espiritual. No le preocupa cambiarse a sí mismo. Piensa que si los demás cambian, todo se arreglará. Un revolucionario vive en una ilusión. Todas las revoluciones han fracasado, han fracasado estrepitosamente. Y la revolución suprema no puede triunfar. Su actitud misma está completamente mal orientada: es un esfuerzo para cambiar al otro. A un hombre rebelde no le preocupa la estructura de la sociedad, del estado, del gobierno. No. Se ocupa de su propio ser. Es un individuo. Los revolucionarios fundan partidos. Un rebelde está solo; él es su propia revolución. Adonde quiera que vaya, su revolución va con él. Su mismo ser es un agente de transformación. Jesús, Buda, Zarathustra, son rebeldes. Han cambiado su propio ser; han llegado. Si puedes observarlos exteriormente descubrirás una serenidad, una calma, una sutil alegría, en la forma en que respiran, en la forma en que caminan. Podrás observarlos, podrás sentirlos, podrás escuchar el sonido que les envuelve, las sutiles ondas de su propia calma interior. Si te abres, te alcanzará. Ha ocurrido una rebelión; el estado de ser es completamente nuevo. Lo viejo ha muerto y lo nuevo ha nacido. Éste es el significado de la historia de la crucifixión y resurrección de Jesús. Es una metáfora. No trates de ver en ella algo real. Una vez interpretas una metáfora como historia, empiezas a hacer el tonto. Es una metáfora muy bella, muy poética. Cristo es crucificado y al tercer día resucita. Una nueva vida; el ahora inmortal, el ahora eterno.
Si vas hacia tu interior y te encuentras con el vacío interno, morirás. Y surgirá una brecha. Esos tres días son simbólicos. Son esa brecha... Durante esos días estarás muerto como Jesús en la cueva. Sencillamente se necesita un camino para que lo viejo pueda desaparecer por completo. Recuérdalo: completa, totalmente, no ha de quedar ni un sólo resto porque ese resto podría envenenar lo nuevo. Por eso es necesaria esa brecha, para que lo viejo desaparezca completamente y lo nuevo aparezca. No existe una continuidad entre ellos. No hay ninguna continuidad. Es una discontinuidad. Jesús, el hijo de María murió y a los tres días, resucitó el Cristo, el Hijo de Dios, lo nuevo.
Por lo general la religión es algo falso. ¡Cuidado con ella! Puedes seguir estudiando y mientras estudias te sientes bien. Mientras estudias puedes olvidarte de ti mismo. Puedes enredarte en sutiles teorías y puede que exista un cierto goce intelectual, una satisfacción intelectual. Puedes practicar rituales y sentirte algo intoxicado con ellos. Si repites un mantra continuamente te sentirás intoxicado. Está creando un determinado alcohol con el sonido. O puedes relacionarte con las drogas; entonces estás alterando tu química y durante un tiempo alcanzarás unas falsas alturas, unas alturas que no son verdaderas alturas, porque no habrás crecido para alcanzarlas. La química es la que te ha empujado.
Has de entender bien esto: se puede alterar la química corporal de muy diversas maneras. Puedes alterarla con drogas, con el LSD, la marihuana, y otras drogas. Puede alterarse con antiguos métodos aumentando la cantidad de oxígeno en el cuerpo. Si inhalas un exceso de oxígeno, alteras tu química corporal. Si ayunas, cambias tu química. Incluso poniéndote cabeza abajo puedes cambiar tu química porque de esta forma la sangre circula en mayor cantidad por el cerebro.
Puedes cambiar la química de muchas maneras. Las drogas son la más novedosa. Pero esos otros métodos también son drogas que alteran tu química. Puede que sean mejores que las drogas psicodélicas, pero siguen siendo lo mismo.
Con rituales, a través del estudio, de las creencias, mediante la auto-hipnosis, puedes alcanzar algunos falsos destellos, como si estuvieras profundamente dormido y en sueños vieras salir el sol. En un sueño, el sol no es real; todo es una alucinación. Cuando te despiertas, es noche cerrada.
Las falsas religiones, las iglesias, las organizaciones, están siempre suministrándote intoxicantes, drogas. Puede que estén en contra de las drogas modernas, pero no están en contra de las drogas. Siempre están a favor de lo viejo; para ellas lo viejo es siempre lo mejor.
Yo estoy en contra de todas las drogas, nuevas y antiguas. Incluso estoy en contra del Yoga porque también es una forma de alterar tu química corporal. ¿Qué hacer entonces?, porque a menos que te ocupes de tu propio crecimiento, está historia será falsa.
Te la leeré.

Un joven rabí se quejaba al rabí de Rizhyn, "Durante el tiempo que estoy dedicado a mis estudios, me siento vivo y tengo claridad, pero cuando dejo de estudiar, todo desaparece. ¿Qué puedo hacer?"

Es posible. Si estás escuchándome puede sucederte. Puede que a veces, escuchándome, te sientas vivo y estés claro porque incluso el escuchar altera la química corporal. Atendiendo a mi voz, al su ritmo, continuamente, estando atentamente alerta, tu química corporal es cambiada. Continúas mirándome; surge una sutil hipnosis. Sigues escuchándome; tus pensamientos se paran. Te sientes vivo. Tienes claridad. Pero no has de depender de ello y no lo consideres algo que hayas alcanzado.
Le pregunto a la gente, "¿Qué meditación es la que encaja más contigo?". Muchos me contestan, "El discurso de la mañana. Cuando te escuchamos por las mañanas, eso es la meditación más profunda". Pero eso es una clase de hipnosis. ¡Cuidado! Puede que esto le sucediera al joven rabí.

"...Durante el tiempo que estoy dedicado a mis estudios, me siento vivo y tengo claridad, pero cuando dejo de estudiar, todo desaparece. ¿Qué puedo hacer? "

Cuando dejas esta sala y estás sólo, ¿por cuanto tiempo seguirás en esa profunda meditación que sentías conmigo? Desaparecerá. Antes de que hayas llegado a la puerta, dejará de acompañarte. Y es bueno que desaparezca. Si no fuera así seguirías viviendo siempre una ficción. Es bueno que no puedas llevártela a casa, es bueno que no dependas de ella, porque si no, así como eres, la convertirías en un tesoro y te olvidarías de que no es algo que te hayas ganado.
A menos que la religión sea auténticamente tuya, no habrá sucedido. Y ésta es una de las cosas más importantes que has de recordar siempre porque la tendencia de toda mente es olvidar; es muy fácil y no cuesta nada.
Escuchándome, leyendo el Gita, o el Talmud, o la Biblia, eres sacado de tu mente. En ti empieza a funcionar un elemento exterior. Puede que eso del exterior sea Jesús, Buda, o yo, pero algo desde el exterior está tirando de ti. Una vez desaparece, eres devuelto a tu realidad. Y casi siempre ocurre que regresas a un lugar aún más profundo que antes.
Es como si vas por una carretera. La noche es oscura y un coche pasa por tu lado. Durante un instante, una fuerte luz, la luz de los faros del coche, te deslumbra. Luego, el coche sigue su camino. La oscuridad es incluso mayor que antes.
Escuchándome a mí, leyendo el Gita, el Corán, el Talmud, pasa un coche con unos potentes faros. Por un instante quedas deslumbrado; sales de la vasta noche oscura que te rodea. Pero cuando el coche ha pasado, cuando el Buda se ha ido, cuando Jesús se ha ido, de repente, te encuentras en una noche aún más oscura que antes.
Por cierto, me gustaría que supieras que en la India es donde han surgido la mayor cantidad de místicos. Por eso la India se encuentra sumida en tanta oscuridad. ¡Tanta gente que ha deslumbrado la mente! Un Buda, un Mahavira, un Krishna, miles de ellos; una gran procesión, una y otra vez. Y han hipnotizado a la gente, la han encantado. Y cuando desaparecieron, la gente cayó en una noche aún más oscura que antes.
Observa la mente india; no encontrarás nada más podrido en el mundo. Completamente podrida hasta sus raíces. Y la razón es ésta: un exceso de luz sin suficiente capacidad para absorberla. Porque la capacidad de absorber la luz solamente surge cuando has crecido. No mires al sol; puedes quemar tu retina. Uno ha de aprender, y por "aprender" quiero decir que has llegar a ser capaz de soportarlo. Los ojos han de reforzarse más y más y más y entonces podrás mirar al sol y eso te ayudará. Puede resultar una ayuda tremenda.
Ahora incluso los científicos están de acuerdo en que el centro del tercer ojo...—le dan sus propios nombres científicos: glándula pineal, o algo así; no importa—se alimenta de luz. Si observas una lámpara, una llama, tu tercer ojo empieza a funcionar. Se alimenta de luz. Por eso es difícil dormir de día, porque hay luz y el tercer ojo está funcionando y vibrando. Por eso es difícil dormir por la noche cuando hay una luz encendida. Te gusta estar a oscuras porque si no el tercer ojo sigue funcionando y la función del tercer ojo es la consciencia. De ahí derivan los métodos hindúes del tratak, la observación de una llama. Si miras una llama durante mucho tiempo, durante unos meses una hora al día, tu tercer ojo empezará a funcionar perfectamente. Te volverás más consciente, estarás más lleno de luz.
Cuando me estás mirando, de repente surge una lucecita en tu interior. Me escuchas, estás atento. Cuando prestas atención tu tercer ojo se enfoca. Me miras, me observas, o lees un libro... no un libro corriente, sino un libro nacido de alguien que ha Llegado: una Torah. Miles de años han pasado, pero si el hombre que pronunció esas palabras o escribió esas líneas había llegado... todavía persiste una cierta vibración. Pones atención, tienes claridad y siempre que te sientes claro te sientes vivo. Has de acordarte de esta combinación. Siempre que estás muerto te sientes a oscuras. Siempre que estás vivo te sientes con luz.
Hay un dicho de Jesús: "Ven y sígueme. Mi carga es light”. Generalmente los cristianos lo han interpretado como: "Mi carga no es pesada", pero no es esto. Cuando Jesús dice "Mi carga es light”, quiere decir simplemente "luz". No quiere decir que no sea pesada. "Ven y sígueme. Mi carga es la luz". Ésa es la única carga que transporto: la luz. (*). Y la luz no pesa. Ese es el significado secundario: no es pesada. La luz es ligera. Es lo más ligero del mundo, lo más inmaterial. Y siempre que sientes tu luz interior, de inmediato sientes una explosión de energía vital.
El joven rabí dijo,

"Durante el tiempo que estoy dedicado a mis estudios, me siento vivo y tengo claridad, pero cuando dejo de estudiar, todo desaparece. ¿Qué puedo hacer?"
El rabí de Rizhyn replicó, "Esto es como cuando un hombre camina por el bosque en una noche oscura y durante un tiempo le acompaña otro hombre con una lámpara. Pero al llegar a un cruce de caminos se separan y el primero ha de tantear buscando su camino a solas. Pero si un hombre lleva consigo su propia luz, no tiene porque temer a oscuridad alguna".

Te encuentro por el camino. Yo tengo una luz. De repente dejas de estar en la oscuridad. Pero la luz es mía y pronto nos separaremos porque tu camino es tu camino y el mío es el mío. Y todo ser humano tiene un camino individual para alcanzar su destino. Durante un tiempo te olvidas de la oscuridad. Mi luz alumbra para mí y para ti, pero pronto llega el momento en que nos hemos de separar. Yo sigo mi camino, tú sigues el tuyo. Entonces tendrás que andar a tientas en la oscuridad y la oscuridad será más espesa que antes.
No dependas pues de la luz de otro. Es mejor incluso que andes a tientas en la oscuridad, pero que la oscuridad sea la tuya. La luz de otro no es conveniente; tu propia oscuridad es mejor incluso. Al menos es uno mismo, al menos es tu realidad. Y si vives en tu propia oscuridad, la oscuridad se irá haciendo más y más clara. Serás capaz de dar unos pasos. Aprenderás el arte; no te caerás.
Los ciegos no se caen. Trata de andar con los ojos cerrados; te será difícil. No podrás andar ni siquiera unos cuentos metros, pero el ciego es capaz de recorrer todo el camino. La ceguera es la suya. Con los ojos cerrados vives una ceguera prestada, no es tuya. Incluso la propia oscuridad es mejor. Los errores propios son mejores que las virtudes de los demás. Recuérdalo, porque la mente siempre trata de imitar, de vivir de prestado. Pero lo que posee una importancia no puede ser prestado, no. No puedes entrar en el reino de Dios con dinero prestado; no se puede. No puedes sobornar a los guardias porque no hay guardias y no puedes entrar por la puerta del ladrón porque no hay puertas. Has de caminar y al caminar crearás tu camino. No se encuentran caminos prefabricados. Por eso las falsas religiones continúan predicando a
* N. del T.- Juego de palabras en inglés en el original entre dos acepciones de light: ligero y luz.
la gente: "Venid. Aquí hay una súper autopista. Sé un cristiano y deja de preocuparte. Nosotros llevaremos tu carga y entonces nosotros seremos los responsables".
Jesús dice, "Sé tú mismo". El Papa del Vaticano dice, "Sigue al cristianismo". Todo el cristianismo está en contra de Cristo,» todas las iglesias están en contra de la religión. Son las ciudadelas de la anti-religión y del anti-Cristo porque los que han llegado han recalcado que has de ser tú mismo. No hay otro camino para ser. Todo lo demás es deshonesto, falso, insincero, imitativo, repugnante. La única belleza posible es ser tú mismo. Ser tú mismo de una forma tan pura y tan inocente que nada del exterior pueda entrar en ti. Camina en tu propia oscuridad, porque al caminar, al ir a tientas, poco a poco, irás encontrando tu propia luz. Cuando tienes tu propia oscuridad, tu luz no se encuentra muy lejos. Cuando la noche es oscura, la mañana está cerca, casi llegando.
Una vez dependes de una luz prestada, estás perdido. La oscuridad nunca será tan peligrosa como la luz prestada. El saber está bien, pero el conocimiento no. El saber es tuyo; el conocimiento es de los demás.

"Esto es como cuando un hombre camina por el bosque en una noche oscura y durante un tiempo le acompaña otro hombre con una lámpara. Pero al llegar a un cruce de caminos se separan y el primero ha de tantear buscando su camino a solas. Pero si un hombre lleva consigo su propia luz, no tiene porque temer oscuridad alguna".

Buda se estaba muriendo. Había estado caminando durante cuarenta años con una luz y miles le habían seguido. Ahora se estaba muriendo. Un día por la mañana dijo, "Éste es mi último día. Si tenéis algo que preguntar, preguntad". El momento había llegado, la encrucijada estaba allí. Ahora seguiría su propio camino. De repente una infinita oscuridad rodeó a los que allí estaban. Ananda, el principal discípulo de Buda, empezó a llorar como un niño, casi enloquecido, con su corazón latiendo fuerte y las lágrimas cayéndole. Buda le dijo, "¿Qué haces Ananda?" Ananda le dijo, "¿Qué vamos a hacer ahora? Estabas aquí, seguíamos tu luz. Estábamos a salvo y nos sentíamos seguros. Habíamos olvidado por completo que existía la oscuridad. Siguiéndote, todo estaba claro. Cuarenta años y ahora nos dejas. Y nos dejas en una oscuridad completa. Estábamos mejor antes de encontrarte porque como mínimo estábamos sintonizados con la oscuridad. Ahora, incluso esa sintonía se ha perdido. ¡No nos dejes en la oscuridad! Mientras estuviste con nosotros no alcanzamos la Iluminación, ahora ¿qué sucederá cuando te hayas ido? Estaremos perdidos para siempre". Y empezó a sollozar y gemir de nuevo.
Buda le dijo, "Escucha. Durante cuarenta años has caminado con mi luz y no has podido alcanzar tu propia luz. ¿Crees que si vivo durante cuarenta años más alcanzarás tu propia luz? Ni aunque fueran cuatro mil o cuatro millones de años. Cuanto más te acostumbras a caminar con una luz prestada, más imitativo te vuelves, más te pierdes. Es mejor que me vaya".
Las últimas palabras en los labios de Buda fueron, "Sé una luz en ti mismo". Murió diciendo, "Sé una luz en ti mismo—appo dipo bhava.
La historia es hermosa. Al día siguiente, Ananda se Iluminó. Durante cuarenta años no había podido Iluminarse y sentía un amor tremendo por Buda; casi se había convertido en su sombra y aún así no lo había conseguido. La luz era prestada; había confiado demasiado en ella. Y como era tan bello y estaba a su alcance sin esfuerzo alguno, ¿por qué preocuparse de otras cosas? Y en las veinticuatro horas siguientes, se Iluminó. ¿Qué fue lo que ocurrió?
Veinticuatro horas de llorar profundamente y de encarar la oscuridad y la realidad de la propia incapacidad. Esas veinticuatro horas debieron ser para él larguísimas. Fue el período de oscuridad: con mucho dolor, con una tremenda angustia y agonía. Atravesó ese infierno. Se dice que durante veinticuatro horas estuvo tendido bajo un árbol como si estuviera muerto, con su cuerpo presa de un incesante temblor, derramando lágrimas sin cesar. La gente pensó que se había vuelto loco o que no sería capaz de sobrevivir sin Buda. Pero al cabo de las veinticuatro horas era un hombre completamente diferente. Abrió sus ojos y la gente no podía creerlo: esos ojos poseían la misma cualidad que los ojos de Buda. Su cuerpo poseía la misma belleza, la misma fragancia. Caminaba como Buda. Había alcanzado su propia luz.

El rabí de Rizhyn replicó,"... Pero si un hombre lleva consigo su propia luz, no tiene porque temer a oscuridad alguna".

No es necesario que el mundo esté completamente iluminado para que camines, solamente tu propio corazón. Una pequeña llama bastará porque será suficiente para iluminar tu camino y que puedas caminar. Nadie da más de un paso cada vez. Una pequeña llama en el corazón de la consciencia, de la plena atención, dhyana, de la meditación. Una pequeña llama y es suficiente. Alumbrará un poco tu camino. Entonces caminarás y de nuevo la luz alumbrará un poco más adelante.
Dice Lao Tse, "Dando cada vez un paso uno puede caminar miles de kilómetros". Y Dios no está tan lejos.
Godot está muy lejos. Nunca le alcanzarás. Tendrás que esperar y esperar y esperar. Es una espera. Godot es una espera, infinita, porque es pura imaginación. No existe, es como el horizonte. Parece que a sólo unos kilómetros de distancia el cielo se encuentra con la tierra. Tú piensas, "Un viaje de unas cuantas horas y llegaré al horizonte". Nunca llegarás. La tierra nunca se encuentra en ninguna parte con el cielo. Puedes dar la vuelta a la Tierra una y otra vez, puedes recorrer su circunferencia millones de veces. Nunca llegarás al horizonte. Y siempre está allí, delante de ti, esperándote.
Godot es un horizonte; es una espera. Colma tu vacío; te engaña. Ése es el único engaño. Pero Dios no está tan lejos. ¡Dios está exactamente donde tú estás ahora!
En los Upanishads hay una cita, "Dios está lejos y también está cerca". Si tuviera que traducirlo diría, "Godot está lejos. Dios siempre está cerca". Está aquí-ahora. ¿Quién te envuelve ahora mismo? ¿Quién late en tu interior en este mismo instante? ¿Quién te está hablando en este mismo momento? ¿Quién le está escuchando?
Dios es vida, Dios es la energía oceánica. Allí es un árbol y una flor, allá es una corriente y una canción, ahí es un pájaro y acá una roca, ahí es tú y aquí soy yo.
A William Blake le preguntaron una vez, "¿Quién es Dios?" Contestó, "Jesús, tú y yo".
Todo es Dios. Dios es simplemente un nombre para todo. No está sentado por ahí como el director supremo o algo así. Dios lo es todo. Tú estás en Él. Él está en ti. Dios está cerca. Solamente se necesita una pequeña llama, una pequeña luz interior. Entonces, por primera vez, vives. Si no, simplemente deseas; nunca vives. Si no, simplemente esperas vivir algún día, en algún lugar, cuando llegue Godot.
Vivir solamente es posible en este momento porque no existe otro momento. Y cuando digo esto, no empieces a pensar en ello, porque el pensar es un proceso y te lleva al futuro. Escúchame y compréndelo. No es cuestión de pensar. No estoy hablando de ninguna hipótesis, simplemente estoy contándote una realidad, no te estoy dando una doctrina. Solamente estoy indicando lo que hay. No has de pensar en ello. Puedes escucharme y si me has escuchado correctamente, con atención, te darás cuenta de inmediato.
Te perderás una y otra vez porque esta es mi luz, pero una vez te das cuenta de que existe esa luz, entonces descubres que tu luz es también posible. Si le ha sucedido a este hombre, ¿por qué no ha de sucederme a mí? Mis huesos son como los tuyos, mi sangre es como la tuya, mi carne es como la tuya. Soy polvo como tú. Y este polvo se convertirá en polvo de la misma forma que lo hará el tuyo. Si algo del más allá ha sido posible en este hombre, entonces puedes tener confianza. No tienes por qué dudar. También tú puedes dar el salto. Estando conmigo en estos días, mientras estés conmigo, trataré de caminar contigo con mi luz.
Recuerda, complácete en ella, pero no dependas de ella. Lee la Torah, lee la Biblia, disfruta. Son realmente hermosos, pero no dependas de ellos. Disfruta de modo que tu propia urgencia, tu propio deseo, alcance una intensidad, una necesidad, de llegar, de llegar donde ya estás. No es ir a ninguna parte; es quedarte donde estás.
La religión no es una meta; es una revelación. La religión no es un deseo; es una realidad. Solamente necesitas girarte un poco. Y yo te digo, "Sólo un poquito" y todo se hace posible. La vida es entonces posible. Si no vivirás vacío y esperando. No seas como los vagabundos de la comedia de Samuel Beckett, Esperando a Godot. Ya has esperado demasiado. ¡Deja de esperar! ¡Empieza a vivir! ¿Por qué esperar? ¿A quién esperas? ¿Quién es ese Godot?
En este mismo instante la Existencia se encuentra en ti. En este mismo instante todo lo que existe en la Existencia culmina en ti. En este instante eres un crescendo. Abandónate a él. Si puedes comprender que tú eres la meta, entonces resultará muy sencillo entender esta pequeña anécdota, muy significativa y penetrante. Tú eres la meta, tú eres el camino, tú eres la luz, tú eres el Todo. Esto es lo que quiero decir cuando digo, "Eres santo".
Si has venido a mí, recuerda, deja que me convierta en tu impulso, en tu impulso para que llegues a ti mismo. Permítemelo y ayúdame para que pueda devolverte a tu propio ser interior. Éste es el significado de "Maestro". Un Maestro te ayuda a ser tú mismo.
No tengo modelos que imponerte, ni valores, ni moralidad alguna. Solamente puedo ofrecerte la libertad para que así puedas florecer y te conviertas en un loto, en una luz y una vida eterna.
Osho-El Verdadero Sabio Cap. 1

viernes, 31 de diciembre de 2010

DEJA YA DE DESEAR¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.....ESTAS AQUI Y AHORA......


Tan sólo la mente humana se encuentra en un caos, porque todo el mundo suspira por ser alguien distinto. Has estado haciendo esto durante mil y una vidas. Y si ahora mismo no te Despiertas, ¿cuándo crees que vas a Despertar? Estás ya maduro para Despertar. Empieza desde ahora mismo a vivir y a disfrutar y a gozar. ¡Abandona el desear! Seas lo que seas, disfrútalo, complácete en tu ser.
Y entonces, de repente, el tiempo desaparecerá porque el tiempo solamente existe con el desear. El futuro existe porque tú deseas. Entonces serás como los pájaros; escúchalos. Entonces serás como los árboles; observa su frescura, su verdor, sus flores.
Por favor, quédate donde estás. No voy a crear un nuevo deseo en ti; estoy aquí sólo para que te des cuenta del absurdo que supone el desear. Desear es samsar.
Comprender la futilidad del desear, es Iluminarse. El que ha descubierto que es ya aquello que quería ser, es un Buda.
Y todos vosotros sois Budas, por muy dormidos que estéis y muchos ronquidos que deis. Eso no cambia nada.
Déjame ser tu alarma. Abre tus ojos. Ya has dormido demasiado. Es hora de Despertar. La mañana está llamando a tu puerta.
Osho-El Verdadero Sabio

FELIZ AÑO 2011 PARA TODOS¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


¡Mantente alerta! ¿Lo ves? Es fácil verlo; no estoy teorizando al respecto, no soy un teórico. Te estoy señalando sencillamente un hecho real y simple: si puedes vivir en este momento, sea el que sea, y olvidarte del futuro, de las metas, de la idea de convertirte en alguien distinto, de inmediato el mundo que te rodea es transformado; te conviertes en un agente de transformación.
Aceptación... una profunda y total aceptación... de eso es de lo que trata la religión.
A quiere convertirse en B; B quiere convertirse en C. Y entonces la fiebre del "llegar a ser" es creada.
Tú no eres algo en un proceso de llegar a ser; tú eres un ser. Eres ya aquello que puedes ser, aquello qué podrás ser; eres ya eso. No hay que hacer nada contigo; eres un producto acabado. Éste es el significado que le doy a la historia de que Dios creó al mundo: cuando lo perfecto crea, la creación es perfecta. Cuando Dios crea, ¿cómo vas a mejorarlo? Piensa en ese absurdo, la idea misma es absurda. Estás tratando de mejorar a Dios; no puedes mejorarlo. Puedes ser un desgraciado; eso es todo.
Osho-El Verdadero Sabio

jueves, 30 de diciembre de 2010

ME GUSTARIA QUE PERMANECIERAS........

Me gustaría que estuvieras centrado en ti mismo para que nada te perturbara, para que nada te distrajera, para que todo lo que sucediera a tu alrededor fuera como un sueño y tú permanecieras arraigado en tu ser. Y esto sólo puede ser hecho de una forma: yo he de permanecer absolutamente asentado en mí mismo; vosotros no habéis de ser una distracción. No he de tener en cuenta lo que hagáis; lo único que he de tener en cuenta es lo que mi verdadera naturaleza pueda obrar de forma espontánea.
Y sé que si mi amor no puede transformarte, tampoco lo hará mi ira, porque el amor es una fuerza superior a la ira. Si mi compasión no puede ayudarte, nada te ayudará. Cuanto más alerta estés, más lo percibirás. Eres capaz de soportar mi ira fácilmente; estás condicionado para eso. Pero no puedes soportar la compasión; lo que digo te golpea en lo más hondo y profundo.
Osho-El Verdadero Sabio

viernes, 10 de diciembre de 2010

NO LO LLAMES INCERTIDUMBRE...LLAMALO PRODIGIO...NO LO LLAMES INSEGURIDAD...LLAMALO LIBERTAD¡¡¡¡¡¡¡¡¡

 
NO  LO  LLAMES  INCERTIDUMBRE,  LLÁMALO  PRODIGIO
NO  LO  LLAMES  INSEGURIDAD,  LLÁMALO  LIBERTAD



NO ESTOY aquí para darte un dogma. Un dogma te da seguridad. No estoy aquí para hacerte una promesa para el futuro, cualquier promesa para el futuro te da seguridad. Simplemente estoy aquí para que estés despierto y seas consciente, es decir, para que estés aquí y ahora con toda la inseguridad que tiene la vida, con toda la incertidumbre que tiene la vida, con todo el peligro que tiene la vida.
Sé que has venido aquí buscando certidumbres, credos, algún «ismo», algún sitio al que pertenecer, alguien en quien confiar. Vienes aquí a consecuencia de tu miedo. Estás buscando una especie de hermosa prisión para poder vivir sin conciencia.
Me gustaría darte más inseguridad, más incertidumbre, porque la vida es así, Dios es así. La única forma de responder cuando hay más inseguridad y peligro es con consciencia.
Hay dos posibilidades. O cierras los ojos y te vuelves dogmático: católico, hinduista o musulmán... entonces, te conviertes en un avestruz. Eso no cambia tu vida, simplemente te tapa los ojos. Te vuelve estúpido, te vuelve poco inteligente. Con tu poca inteligencia te sientes seguro; todos los idiotas se sienten seguros. De hecho, sólo los idiotas se sienten seguros. Un hombre realmente vivo siempre se sentirá inseguro. ¿Qué seguridad puede tener?
La vida no es un proceso mecánico, no puede ser segura. Es un misterio impredecible. Nadie sabe qué va a pasar en el momento siguiente. Ni siquiera Dios, que supones que está por ahí en el Séptimo Cielo, ni siquiera él ‑si es que está por ahí‑, ¡ni siquiera él sabe lo que va a pasar!... Porque si supiera lo que va a pasar la vida sería falsa, todo estaría escrito de antemano, y todo estaría determinado de antemano. Si el futuro no está determinado, cómo puede saber lo que va a ocurrir a continuación? Si Dios supiese lo que iba a ocurrir en el momento siguiente, la vida sólo sería un proceso mecánico, inerte. No habría libertad, ¿y cómo puede existir la vida sin libertad? No habría ninguna posibilidad de crecer, ni de no crecer. Si todo está predestinado de antemano, no habrá gloria ni grandeza. Entonces sólo seréis robots.
No, no hay nada seguro. Éste es mi mensaje. No puede haber nada seguro porque una vida segura es peor que la muerte. No hay nada seguro. La vida está llena de incertidumbres, llena de sorpresas, ¡ésa es su belleza! Nunca llegas a un punto en el que puedas decir: «Ahora, estoy seguro.» Cuando dices que estás seguro estás proclamando tu muerte; te has suicidado.
La vida continúa con mil y una incertidumbres. Eso es libertad. No lo llames inseguridad.
Puedo entender por qué la mente llama «inseguridad» a la libertad... ¿Has estado alguna vez en la cárcel durante unos meses o unos años? Si un prisionero está unos cuantos años en la cárcel, cuando llega el día de su libertad, empieza a sentirse inseguro acerca del futuro. En la cárcel todo estaba garantizado; todo era una rutina sin vida. Le servían la comida, le daban protección; no tenía miedo de pasar hambre al día siguiente y que no hubiera comida; nada de eso, todo estaba garantizado. Ahora, de repente, después de tantos años, cuando llega el carcelero y le dice: «Ahora serás puesto en libertad», empieza a temblar. Al salir de los muros de la prisión volverá a tener incertidumbres; tendrá que volver a buscar y rebuscar; tendrá que volver a vivir en libertad.
La libertad da miedo. La gente habla de la libertad, pero tiene miedo. Y un ser humano no será un ser humano mientras siga teniendo miedo a la libertad. Os doy libertad, no os doy seguridad. Os doy comprensión, no os doy conocimiento. El conocimiento te dará seguridad. Si te doy una fórmula, una fórmula determinada: que hay un Dios, un Espíritu Santo y su único hijo, Jesús; que hay un Cielo y un Infierno, que estas acciones están bien y ésas están mal; si cometes un pecado iras al Infierno, si haces lo que llamo buenas acciones irás al Cielo ‑¡y se acabó!‑ entonces, estarás seguro. Por eso hay tantas personas que han decidido ser cristianos, musulmanes o jainistas, porque no quieren ser libres, quieren una fórmula fija.


De repente, se estaba muriendo un hombre tras un accidente de coche. Nadie sabía que era judío, de modo que llamaron a un sacerdote católico. El sacerdote se reclinó junto al hombre ‑el hombre se estaba muriendo, eran los últimos estertores de la muerte y el sacerdote dijo: ‑¿Crees en la Santa Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?
El hombre abrió los ojos y dijo: ‑Estoy aquí a punto de morirme... y ¡él está jugando a los acertijos!


Cuando la muerte llama a tu puerta, todas tus convicciones no serán más que absurdos acertijos. No te aferres a ninguna convicción. La vida es incierta, la misma naturaleza de la vida es la incertidumbre. Y la persona inteligente siempre está insegura.
La propia disposición de mantenerse en la incertidumbre es valentía. Esta disposición de estar en la incertidumbre es confianza. Una persona inteligente es aquella que permanece alerta en cualquier situación, que responde a las situaciones con todo su corazón. No es que sepa lo que va a ocurrir; no es que sepa, «si haces esto sucederá aquello». La vida no es una ciencia; no es una cadena de causa y efecto. Cuando calientas agua hasta los 100 'C, se evapora, eso está garantizado. Pero en la vida real, no hay nada tan seguro como eso.
Cada individuo es una libertad, una libertad desconocida. Es imposible predecirlo, imposible imaginárselo. Hay que vivir estando despiertos y con comprensión.
Vienes a verme en busca de conocimiento, quieres fórmulas fijas para poder aferrarte a ellas. Yo no te las doy. En realidad, si tienes alguna, ¡te la quito! Poco a poco, voy destruyendo tus convicciones y, poco a poco, te voy volviendo cada vez más indeciso; poco a poco te voy volviendo más inseguro. Eso es lo único que hay que hacer. ¡Esto es lo único que tiene que hacer un maestro! Dejarte completamente libre. Totalmente libre, con todas las posibilidades abiertas, sin nada fijo... tendrás que estar despierto, no puedes hacer nada más.
Esto es lo que llamo comprensión. Si comprendes, la inseguridad es una parte intrínseca a la vida, y está bien que sea así, porque transforma la vida en libertad, la convierte en una sorpresa constante. Nunca se sabe lo que va a suceder. Te mantiene permanentemente maravillado. No lo llames incertidumbre, llámalo prodigio. No lo llames inseguridad, llámalo libertad.

OSHO-CORAJE

TAO LOS TRES TESOROS.....OSHO

CONQUISTANDO EL
MUNDO MEDIANTE LA
INACCIÓN

13 Agosto 1975 am

In Buddha Hall

Lao Tse dice:

El erudito busca constantemente incrementar sus conocimientos;
el que estudia el Tao busca disminuirlos día a día.
A través de esta constante disminución alcanza la no-acción.
A través de la no-acción, todo es realizado.
Aquel que conquista el mundo suele hacerlo sin hacer nada.
Cuando uno se ve forzado a la acción,
el mundo se encuentra fuera de su alcance.

¿Qué es “conocimiento”? ¿Por qué Aquellos-que-han-Despertado están completamente en su contra?
Acumular conocimientos es un truco para luchar contra la Existencia. La erudición es una herramienta en manos del ego. Acumular conocimientos es un conflicto: la parte está intentando conquistar el Todo descubriendo sus secretos. El conocimiento es la fantasía fundamental del ego… al igual que el dinero, al igual que el poder, también lo es el conocimiento. Pero es más peligroso que el dinero, más peligroso que el poder, porque el conocimiento es más sutil.
He de contarte la antigua historia bíblica de la expulsión de Adán del Paraíso. Esa parábola tiene significados multidimensionales. Uno de esos significados es “lao-tsiano”: Dios creó el mundo y le dijo a Adán que no comiera la fruta del árbol del Conocimiento… pero ¿por qué particularmente del árbol del Conocimiento? Parece absurdo. Si hubiera prohibido a Adán matar, lo entenderíamos; si hubiera prohibido a Adán el sexo, entonces todas las religiones del mundo lo habrían entendido. Pero Dios ni prohibió el sexo ni la violencia, sino el conocimiento. El conocimiento parece ser el pecado original. Pero ¿por qué lo prohibió Dios? ¿Por qué es peligroso el conocimiento? Porque el esfuerzo mismo por desvelar los secretos supone una agresión. La mayor agresión. El esfuerzo mismo es violencia. Y tus esfuerzos por saber, revelan que estás dispuesto a pelear. Si no fuera así, ¿para qué querrías el conocimiento?
No es que Dios lo prohibiera. Ayer te dije que a Dios le encantan las historias. Ahora debo decirte que el mismo Dios forma parte de una hermosa historia. Dios es la parábola más bonita. En ninguna parte existe nada como Dios. No Lo busques, porque Lo estarás buscando en vano. Nunca Lo encontrarás. Dios es una parábola… ¡pero hermosa! Te descubre muchas cosas. Pero no las entenderás si crees que Dios es una persona. Dios no es una persona.
Sucedió:
Una vez asistí a un gran diálogo filosófico. Estaba sentado en la casa de un hombre rico, en su bonito salón; él no paraba de hablar, pero entonces sonó el teléfono en la habitación de al lado y tuvo que dejarme. Y fue una suerte que tuviera que salir porque si no, me habría perdido este gran diálogo.
Junto a mí había una gran pecera y dos carpas doradas nadaban en ella. La más joven, de repente, se detuvo y preguntó a la otra:
-¿Crees en Dios?
La más joven parecía una gran filósofa, una buscadora. La mayor, como si fuera su gurú, le dijo:
-Sí. ¿Quién crees que nos cambia el agua todos los días? Si Dios no existe, ¿quién es el que nos cambia el agua todos los días?
Todas las ideas sobre Dios son algo así: “¿Quién crees que ha creado el mundo? ¿Quién supones que sigue controlando el mundo, dirigiendo el mundo?...”. son sólo mentes limitadas, pequeñas conceptualizaciones. Dios no es un concepto; es una parábola.
Cuando digo: “Dios prohibió”, recuerda que no me refiero a que “alguien prohibiera algo. Simplemente refleja una manera de expresar que la Existencia prohíbe el conocimiento. La Existencia permite la inocencia y prohíbe el conocimiento porque en la inocencia la parte se une al Todo, permanece unida al Todo, es una con el Todo… y en el instante en que empieza a acumular conocimientos, surge el ego, cristaliza el ego. Ahora la parte deja de fluir con el Todo; ahora posee su propia mente: elige hacer ciertas cosas y no hacer otras; ahora tiene sus propias opciones, ahora tiene sus propias preferencias y rechazos.
Éste es el significado de la historia: de repente, Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso.
Te debes de haber preguntado dónde estaba ese Paraíso. No es un lugar geográfico; es un estado psicológico mental. La inocencia es el paraíso; el conocimiento es la expulsión.
Todo niño nace como Adán o Eva: en el paraíso. Pero entonces empezamos a enseñarle cosas, empezamos a condicionarlo. Toda la gente, todos los maestros que lo condicionan, todas esas personas que intentan convertir al niño en un almacén de conocimientos son la serpiente que convenció a Eva de que comiera el fruto del árbol del Conocimiento para así convertirse en Dios, para tener su propio centro al igual que Dios tiene su centro. Si sabes cosas, te convertirás en algo distinto de lo que eres.
Todo conocimiento es una seducción para convertirte en algo que no eres. Es el conocimiento el que está creando el futuro, es el conocimiento el que está creando en ti el deseo de convertirte en algo que no eres.
“Inocencia” es disfrutar de lo que eres: “conocimiento” es esforzarse por ser lo que no eres.
Esa serpiente fue la primera maestra del mundo. Esa serpiente creó una brecha. Esa separación se formó entre el “ser” y el “llegar a ser”. Todo conocimiento crea esta brecha entre tu ser y tu “llegar a ser”. Crea un sueño, crea un espejismo, una ilusión: podréis llegar a ser como los dioses. Pero no sois dioses ni podréis convertiros en dioses. La inocencia dice que ya “eres”, que no necesitas “llegar a ser”. Lo contrario no es posible. Formas parte del Todo, posees las mismas cualidades que posee el Todo; eres santo. La inocencia dice que ya eres eso. No has de hacer nada. Simplemente tienes que disfrutarlo y celebrarlo y sentirte feliz por ello. El conocimiento te dice: “Tal y como eres, estás condenado. No eres nada. Tienes que llegar a ser como los dioses. ¡Inténtalo! ¡Esfuérzate! ¡Actúa! ¡Disciplínate!”.
Recuérdalo: el día en que el niño empieza a pensar en el futuro, pierde su inocencia. Sólo hasta ese momento         –mientras disfruta del presente- sigue siendo un niño, inocente, incorrupto en su ser. El “llegar a ser” aún no ha surgido en él; todavía está en el paraíso… Y el paraíso no es nada. El paraíso es la capacidad de disfrutar por ti mismo aquí y ahora. Ya estás en el paraíso; sin embargo, lo has perdido porque no sabes disfrutar aquí y ahora. Piensas y haces planes para el futuro, para cuando seas como los dioses. Entonces lo disfrutarás.
El conocimiento crea el futuro, el conocimiento crea el deseo; el conocimiento crea el “llegar a ser”, el conocimiento es samsara, la rueda. Cuando estás en la rueda das vueltas y más vueltas sin llegar a ninguna parte. El conocimiento es el mundo. Cuando Jesús dice: “Mi reino no es de este mundo”, se refiere al mundo del “llegar a ser”. No se refiere a este mundo, al mundo de los árboles y los pájaros que cantan, de la lluvia que cae, del cielo y las nubes, no. Al decir “este mundo” no se refiere al mundo que te rodea; se refiere al mundo que rodea tu mente y tu ser, al mundo del “llegar a ser”, al mundo del deseo, lo que Buda llama tanha: el deseo de ser distinto de lo que eres.
Y eso es imposible. Vivirás en un infierno constante. Sólo puedes ser lo que ya eres; sólo eso. Estás intentando algo sencillamente imposible. No puedes ser distinto de quien eres. ¿Cómo vas a serlo? Una rosa intentando ser un loto, un loto queriendo ser otra cosa… pero no son tan tontos. Todavía forman parte del paraíso. El rosal que hay junto a ti todavía está en el paraíso, pero tú no. El niño sentado junto a tu lado puede que todavía esté en el paraíso, pero no tú. Yo estoy aquí, ante ti… y en el paraíso, pero tú no. El paraíso no es un lugar geográfico; es un espacio interior.
El conocimiento crea la brecha, adultera la inocencia, te vuelve viejo. Si no fuera por él, siempre serías como un niño. Y cuando Jesús dice –y está absolutamente en lo cierto- que “a menos que te vuelvas como un niño no entrarás en mi reino de Dios”, te da la llave secreta para abrir de nuevo las puertas –ahora cerradas- del paraíso.
El conocimiento es el que te expulsa, no Dios. No hay ningún Dios; simplemente es una manera de decir lo mismo. Para expresarlo más sencillamente utilizamos parábolas que sí puedes entender. En el momento en que empiezas a acumular conocimientos, automáticamente te autoexpulsas. Nadie te expulsa. Y en el instante en que te desprendes de tus conocimientos y te vuelves, de nuevo, inocente, eres aceptado. Nadie te acepta.
El conocimiento es un truco para luchar contra el Todo. Y ¿cómo vas a luchar contra el Todo? Será como una gota del océano luchando contra el océano. Será un infierno, un completo, un continuo sufrimiento. ¿Cómo va la gota a luchar contra el océano? Puede intentarlo, pero no hay ninguna posibilidad de que venza al Todo. Siempre será derrotada. Y eso es el infierno: siempre será derrotada, siempre perderá, siempre fracasará.
Y Lao Tse dice: “El conocimiento es el único pecado”. Y los que han despertado a su propia inocencia interna dicen lo mismo. Deshazte de todo conocimiento y vuélvete de nuevo inocente y cándido. Recobra tu niñez perdida y de repente te habrás convertido en un sabio, en un santo. No te falta nada. Salvo este deseo de convertirte en otro, nada obstaculiza tu camino.

El erudito busca constantemente incrementar sus conocimientos;
el que estudia el Tao busca disminuirlos día a día.

Aquellos que buscan conocimientos se centran por completo en saber más y más. Van acumulando conocimientos y cuantos más acumulan, más cargados están. Mira a tu alrededor: todos parecen llevar una carga muy pesada, todos parecen aplastados por lo que han atesorado. Sufren, pero siguen aferrándose a ellos porque los consideran de gran valor.
Si te observas a ti mismo te sorprenderá descubrir cómo te aferras a tu agonía; continúas deseando que, en alguna parte, algún día, surgirá el éxtasis… pero sigues aferrado a tu agonía sin deshacerte nunca de ella. Recuérdalo: ella no se está aferrando a ti; no puede aferrarse a ti. El conocimiento no puede aferrarse a ti; tú te aferras a él. No sólo te aferras, sino que lo vas aumentando, lo ayudas a crecer cada vez más.
Dice Lao Tse:

El erudito busca constantemente incrementar sus conocimientos…

Todo su interés se centra en aprender más, en acumular más, en saber más. Y cuanto más sabe, menos es por dentro, porque va perdiendo el rastro de su ser. Se convierte en un cúmulo de información, un basurero, y es incapaz de verse a sí mismo, de ver dónde se encuentra. Está perdido en la selva de sus propios conocimientos.

… el que estudia el Tao busca disminuirlos día a día.

Aquel que estudia el Tao, el que busca la Verdad y no los conocimientos, el que busca el ser y no el “llegar a ser”, es sencillamente lo contrario. Es justo lo opuesto. Cada día disminuye más y más, se descarga, se va aligerando. Sólo quiere aprender a “des-aprender”. Lo único que le interesa es cómo aligerarse por completo.

Un filósofo alemán fue a ver a Ramana Maharshi. Había estado viajando durante mucho tiempo y debía de haber reflexionado mucho sobre lo que le iba a preguntar.
Cuando llegó ante Ramana, le dijo:
-He venido para sentarme a tu lado, para aprender muchas cosas.
Ramana lo miró con profunda compasión y le dijo:
-Entonces te has dirigido a la persona equivocada porque aquí sólo enseño a “des-aprender”. Si has venido a aprender, has venido al lugar equivocado. Ve a otra parte. Pero si estás dispuesto a “des-aprender”, si eres lo suficientemente maduro para “des-aprender”, entonces puedes quedarte.

Tenía razón. Te acercas a un sabio para “des-aprender”. Cuando estás harto de lo que has aprendido; cuando has aprendido mucho sin ganar nada; cuando sabes mucho te encuentras perdido entre tus conocimientos; cuando sabes mucho, pero te has olvidado por completo de quién eres; cuando sabes mucho sobre lo innecesario y no sobre lo esencial; cuando has perdido el conocimiento esencial sobre tu propio ser, entonces acudes a un sabio para “des-aprender”. Y ésa es la entrega más sublime. Es fácil entregar tus riquezas porque son exteriores a ti. Los ladrones pueden arrebatártelas, pueden hurtártelas. No es algo que forme parte de ti; ¡te son ajenas! Fácilmente puedes abandonarlas. Pero tu conocimiento es un fenómeno interno: se desarrolla en tu interior, corre por tu sangre, se convierte en parte de tus huesos, en parte de tu propia médula. Es difícil entregarlo.
Es fácil aprender, pero es muy, muy difícil “des-aprender”. ¿Cómo vas a “des-aprender” algo que has aprendido? Es muy, muy difícil dejar de saber algo. ¿Cómo vas a hacerlo? Está profundamente arraigado en ti. A menos que trasciendas la mente –porque estás identificado con la mente- no podrás conseguirlo porque creerás que forma parte de ti. Crees que tu conocimiento es tu ser… ¡Sal de ahí! todas las meditaciones no son más que técnicas para salir de la mente, para distanciarte un poco de la mente, para apartarte y “des-identificarte” de ella, para trascender a la mente, para convertirte en un observador sobre la colina presenciando lo que está pasando en la mente.
Sólo cuando te has distanciado de tu mente existe la posibilidad de abandonar, de deshacerte del conocimiento, de “des-aprender”.

… el que estudia el Tao busca disminuirlos día a día.

Ésa es su ganancia. Gana perdiendo día a día; ése es su aprendizaje. Aprende “des-aprendiendo” día a día. Y llega un momento en que es, de nuevo, un niño, sin saber nada. Llega un momento en que entra de nuevo en el paraíso. Ha probado el amargo fruto del conocimiento, pero ha descubierto que no vale nada. El conocimiento es una gran estupidez. Ha descubierto eso y ahora entra de nuevo en el paraíso. Ahora ninguna serpiente podrá seducirlo. Ha madurado; es inocente, pero maduro. Es un niño: inocente, pero alerta, despierto, consciente. Ahora ha alcanzado una pureza mayor, porque una pureza sin conciencia no es duradera. Alguien la corromperá… y, si no es otro, tú te corromperás a ti mismo, porque no estás atento.
Adán tuvo que ser expulsado del jardín del Paraíso. Él era absolutamente inocente. Por una parte era como Buda: inocente; por una parte era como Jesús: inocente; pero por otra, carecía de conciencia.
Adán es el comienzo; Jesús es el final. Adán es una mitad; Jesús está completo. La otra mitad se ha vuelto consciente. Ahora Jesús es incorruptible. No sólo es puro, sino también incorruptible. Ahora, su inocencia es absoluta.

… el que estudia el Tao busca disminuirlos día a día.
A través de esta constante disminución alcanza la no-acción.

Esto es muy sutil. Presta tanta atención como puedas. Sé tan meditativo como te sea posible. Puede que no sepas que la palabra meditación procede de la misma raíz que “medicina” y “médico”, y que su significado original era “técnica para volverse uno”, “técnica para sanarte”. La medicina es medicinal, y, análogamente, la meditación también es medicinal. Te “re-unifica”, te integra, te devuelve la salud.
Presta atención y escucha tan meditativamente como te sea posible. Cuando escuchas meditativamente, comprendes; cuando escuchas concentrado, aprendes. Si escuchas concentrado, aumentarás tus conocimientos; si lo haces meditativamente, los perderás. Y la diferencia es muy sutil. Cuando escuchas con atención, esa atención implica una tensión; implica que estás tenso, excesivamente ávido por aprender, por absorber, por saber. Te interesa el conocimiento. La concentración es el camino hacia el conocimiento; la mente, focalizada en un objeto, aprende más.
La meditación es la mente “des-focalizada”. Simplemente escuchas en silencio, sin tensión en la mente, sin urgencia alguna por saber o aprender; con una relajación total, dejándote llevar, abriendo tu ser. Escuchas, pero no para saber; escuchas simplemente para comprender. Son maneras diferentes de escuchar. Si estás intentando adquirir conocimientos, entonces querrás memorizar lo que te estoy diciendo. En tu interior vas repitiéndolo; en tu mente vas tomando notas, escribiendo en tu memoria, tratando de afianzarlo profundamente en ti para que no se te olvide. Entonces se convertirá en conocimiento.
Y la misma semilla podría haberse convertido en un “des-aprendizaje”, en comprensión: simplemente escuchando, sin tener interés por acumularlo, sin tener interés por retenerlo en tu memoria, en tu mente. Sencillamente escuchas estando abierto, como si escucharas música, como si escucharas a los pájaros cantando en los árboles, como si escucharas el viento pasando por entre los pinos, como si escucharas el sonido del agua de una cascada… sin nada que recordar, sin nada que memorizar, sin escuchar con una mente de papagayo. Simplemente escuchando en ausencia de toda mente. Ese escuchar es hermoso, extático. No tiene metas; en sí mismo es extático, puro gozo.
Escucha meditativamente, sin concentrarte. Todas las escuelas y todas las universidades, enseñan concentración, porque la meta es memorizar las cosas. Aquí la meta no es memorizar, la meta no es aprender nada; la meta es “des-aprender”.
Escucha en silencio… y no creas que te olvidarás. No hay ninguna necesidad de recordar nada; sólo has de esforzarte por recordar la basura porque siempre tratas de olvidarte de ella.
Siempre que escuches la Verdad no habrá necesidad alguna de recordarla porque no puede ser olvidada. Puede que no recuerdes las palabras, pero recordarás la esencia… y eso no formará parte de tu memoria, sino parte de tu ser.
Aquí te estoy diciendo algo. Aquí, Lao Tse te está diciendo algo a través de mí para revelarte una parte de tu ser oculto. No te está atiborrando con nueva información; simplemente te está desvelando, redescubriendo, proporcionándote simplemente un vislumbre de tu propio ser.

A través de esta constante disminución alcanza la no-acción.

El conocimiento es un “hacer”, un conflicto, una lucha. Es lo que Darwin denomina “supervivencia del más apto”. Es luchar contra la naturaleza, es una guerra constante del hombre contra el Todo. ¡Qué estupidez! Pero es así.
Cuando quieres aprender algo realmente estás intentando aprender a “hacer” algo. Todo conocimiento es pragmático, práctico. Quisieras convertirlo en una práctica, hacer algo con él, pues si no dirás: “¿Por qué aprender? ¿Para qué?”. Siempre aprendes algo previniendo que te será útil.
Por eso, en un mundo pragmático, empírico, las artes, lentamente van desapareciendo. Nadie puede escuchar poesía, nadie quiere escuchar música, porque la pregunta es: ¿qué puedes “hacer” con eso? ¿puedes ganar dinero con ello? ¿Puedes adquirir poder a través de ello? ¿Qué puedes hacer? ¿Puedes reparar un automóvil escuchando música? ¿Puedes construir una casa? No, no puedes utilizarla. La música no es práctica, no tiene una “utilidad”…¡y ésa es su belleza!
La vida entera es no-utilitaria. No tiene ningún propósito, no va hacia ninguna parte. Simplemente es aquí, sin encaminarse hacia ninguna parte. No tiene metas a las que llegar, no tiene destino. ¡Es un juego cósmico! Los hindúes la llaman “lila”, un juego… como los niños jugando sin metas a la vista; el jugador es, en sí mismo, la meta. Disfruta jugando, gozan, son felices… ¡nada más! El aprender siempre tiene como meta “hacer” algo. Es una técnica para convertirte en un gran “hacedor”. Si sabes más, puedes hacer más. Y entonces, ¿para qué sirve el des-aprender? Para convertirte en un no-hacedor.
Poco a poco empezarás a no saber nada y a ser incapaz de “hacer” nada. Poco a poco, a medida que el conocimiento desaparezca de ti, también desaparecerá el “hacer”. Empezarás a “ser”; entonces podrás “ser”, pero no serás un “hacedor”. Y no quiero decir que no vayas a hacer nada; incluso un Buda tiene que pedir limosna, incluso un Lao Tse ha de buscar la manera de obtener pan y mantequilla y cosas así. Cuando llovía tenía que buscar cobijo y… Vivió una larga vida; llevó una vida muy saludable. No, no quiero decir que no “hagas”; quiero decir que te conviertes en un “no-hacedor”. Las cosas empiezan a suceder. No las provocas; suceden. El hacedor, el manipulador, desaparece, se disuelve, se esfuma. Y con el hacedor desaparecido, el ego deja de existir.
La gente viene a mí y me pregunta: “¿Cómo podemos entregar el ego?”. No puedes entregar el ego. Si el ego está ahí, ¿quién será el que se entregue? Es el ego el que pregunta, es el ego el que trata de averiguar cómo entregarse.
Puedes inclinar la cabeza, puede poner la cabeza a mis pies y decir: “Me entrego”, pero eso es lo que te estoy diciendo que has de entregar. Ahora, eso sobrevivirá alimentándose de la entrega misma. Irás y le dirás a la gente: “Me he entregado totalmente a mi Maestro. Mi “yo” ya no existe”. Pero el “yo” pervive por mucho que proclame lo contrario. Se manifiesta a través de todo: de la entrega, a través de la renuncia.
No, no puedes entregar el ego. Pero si empiezas a des-aprender, un día, de repente, descubrirás que el ego nunca ha existido. En primer lugar, nunca existió y estabas preguntando una estupidez: “¿Cómo lo he de entregar?”. Desde el comienzo mismo nunca existió, nunca ha existido. De repente empiezas a mirar dentro de ti y no lo encuentras; ni siquiera el más ligero rastro de él. Nunca ha existido. Es un falso concepto que surge del “hacer”.
De manera que es un proceso: el conocimiento te ayuda a convertirte en un “hacedor”. Entonces, cuando eres un “hacedor”, adquieres un centro –evidentemente, un falso centro; no puede ser uno verdadero porque no estás separado de la Existencia-. Un verdadero centro sólo sería posible si pudieras existir separado de la Existencia. ¿Puedes existir independientemente? ¿Puedes existir sin el aire que te rodea? ¿Puedes existir sin respirar? ¿Puedes existir sin que el sol te suministre continuamente vida y energía? ¿Puedes existir sin árboles que te den frutos continuamente? ¿Sin que la tierra te ofrezca sus cosechas? ¿Puedes existir sin estrellas ni luna? No, no puedes. No puedes existir independientemente.
Entonces, ¿cómo puedes decir que posees un centro? Sólo el Todo puede tener un centro. De hecho, sólo el Todo puede permitirse decir “Yo”, nadie más.
Sin embargo, al ir disminuyendo tu conocimiento, desmantelas toda la estructura. Pero comienza desde la base. La base es el conocimiento. Deshazte de los cimientos, abandona la base y la casa empezará a desplomarse. La casa pertenece al “hacer”. Los cimientos son los conocimientos, la casa es el “hacer” y dentro de la casa vive algo parecido a un imaginario fantasma: el ego.
Cuando los cimientos desaparecen, la casa de desploma. Cuando la casa se desploma, de repente te das cuenta de que nadie vivía allí. La casa siempre ha estado vacía. Es simplemente una idea, una fantasía. Era simplemente un sueño mental, una pesadilla.

A través de esta constante disminución alcanza la no-acción.
A través de la no-acción, todo es realizado.

Éste es el secreto. No haciendo nada, todo es hecho. Todo está ya haciéndose. Tú, innecesariamente te entrometes, causando mucho alboroto. Sin ti, todo va lo más perfectamente que podría ir.
Una vez lo descubres, te deshaces del “hacedor”, te vuelves parte del flujo, fluyes con el río sin ni siquiera nadar. Ahora mismo estás intentando ir río arriba y, claro, te sientes cansado, notas que estás siendo derrotado. Nadie está intentando derrotarte; el río no está intentando vencerte. De hecho, el río se ha olvidado por completo de que existes. Y es una gran suerte para él, pues si no se volvería loco al saber de tu existencia, si supiera que existes. ¡Hay tantos y tantos locos! No, el río es completamente ajeno a esto, felizmente ignorante de que existes, de que estás intentando ir río arriba.
Sucedió:

En un día parecido al de hoy, lluvioso, el río que pasaba por el pueblo se había desbordado.
De repente, alguien llegó corriendo a la casa de Mulla Nasrudin y le dijo:
-Nasrudin, ¿qué estás haciendo aquí? ¿No te has enterado? ¡Tú esposa se ha caído al río! ¡Ve a rescatarla!
Nasrudin empezó a correr. Nadie habría supuesto que fuera tan rápido porque todos los maridos quieren, en cierto modo, que sus esposas se ahoguen en algún río. Eso es perfecto. Y todos en el pueblo sabían que no se llevaban bien, que todo iba mal con los dos continuamente peleándose, de manera que aquello era una bendición, una gracia del cielo… pero Mulla Nasrudin corrió muy rápido. ¡Nunca se habrían imaginado que la amara tanto!
Se metió en el río y empezó a bracear, a luchar contra el río, nadando a contracorriente. La gente le decía:
-¿Qué estás haciendo? ¡Qué tonto eres! ¡El río se ha llevado a tu esposa corriente abajo! ¿A dónde vas tú?
Nasrudin les dijo:
-¡Callaos! Conozco bien a mi esposa. Ella siempre irá contracorriente; no puede ir a favor de la corriente. Ésa no es su naturaleza.

Todo el mundo va contracorriente intentando luchar contra el río. ¿Por qué? Porque al luchar puedes generar el concepto de ego. En el desafío, en la resistencia, puedes crear la noción de “ego”. Si dejas de luchar y fluyes con la corriente, poco a poco descubrirás que “tú” no eres. Por eso a la gente le encantan los desafíos; la gente ama el peligro, la gente quiere luchar. Si no hay nadie con quien luchar, crearán una cosa u otra con la que pelear, porque sólo la lucha puede sustentar su ego. ¡Y tiene que ser mantenido continuamente! Es como una bicicleta: pedaleas y no puedes dejar de pedalear pues, si no, caerás. Tienes que pedalear continuamente. El ego necesita tu pedaleo continuo. A cada instante has de luchar con algo. Una vez dejas de luchar, descubres de improviso que la bicicleta ha desaparecido. El ego no puede existir sin lucha.
El aprender ayuda al hacer; el hacer ayuda a luchar; la lucha crea al ego. Éste es el sistema, la ciencia. Y de esto es de lo que trata la religión. Deshazte del conocimiento, olvídate de él; vuélvete inocente como un niño. De repente te darás cuenta de que las cosas están cambiando. Ahora no eres un “hacedor”. Cuando no eres un “hacedor” no es que las cosas dejen de suceder; continúan sucediendo. “Tú” eres lo irrelevante. Cuando el “tú” no era, las cosas sucedían: amanecía como amanece ahora…

¿Has oído hablar de una vieja que vivía en un pequeño pueblo y que creía que el sol salía gracias a ella? Tenía muchos gallos y justo antes de que el sol saliera empezaba a cantar, a armar jaleo. Ella creía que el sol salía gracias a aquellos gallos. Era una conclusión lógica. En cuanto empezaba a cantar, sin falta, de inmediato, el sol empezaba a asomarse. Nunca sucedía al revés. Y les dijo a sus vecinos:
-El sol sale gracias a mí. En cuanto deje este pueblo viviréis en la oscuridad.
Ellos se rieron. Enfadada, abandonó el pueblo con todos sus gallos y se fue a otro pueblo. Y claro, por la mañana salió el sol y ella se rió diciendo:
-¡Ahora se darán cuenta! ¡Ahora está amaneciendo en este pueblo! Ahora gemirán y llorarán y se arrepentirán, pero no regresaré.

Todo ha estado sucediendo sin ti. Todo ha sido perfecto sin ti. Cuando no estés aquí todo será tan perfecto como siempre. Pero tú no lo crees así porque si lo hicieras tu ego desaparecería. Todo continúa cuando el “hacedor” desaparece.

A través de la no-acción, todo es realizado.

Las cosas suceden debido a que el Todo está actuando. Y cuando no luchas, te conviertes en un vehículo del Todo, en un instrumento, en una flauta, hueco por dentro. Y el Todo sigue cantando a través de ti. A cada instante, mejores canciones sonarán a través de ti. Incluso ahora, a pesar de ti, surgen a veces. En ocasiones sientes un súbito silencio descendiendo sobre ti. No sabes de dónde viene. Es como llovido del cielo. Surge porque, de algún modo, en ese momento te olvidaste de luchar. Te olvidaste –puede que estuvieras cansado-… te olvidaste de luchar y de repente todo es hermoso.
Pero el cielo no siempre está tan abierto. De nuevo las nubes se arremolinan porque “tú” apareces de nuevo. Justo en el momento en que sientes que todo es hermoso, de repente, empiezas a “hacer” algo. La mente comienza a pensar: “¿Cuánto durará este instante? Puedo perderlo, de modo que he de hacer algo para preservarlo, para asegurarlo”. Ahora “tú” has entrado en escena. La flauta ha dejado de estar hueca. Se ha llenado de “ti”. La música no fluye; ha desaparecido. Y cuando no la encuentras piensas: “Debí haberme esforzado más”. ¡Y es debido a tu esfuerzo que la has perdido! Pero tu mente sigue diciéndote que deberías haberlo intentado con más empeño y que, de haberlo hecho así, habría seguido fluyendo.
A veces, sentado bajo las estrellas, sientes una paz emerger en tu corazón. No parece de este mundo. Te sorprende. No puedes creerlo.
Me he encontrado con gentes sencillas que durante sus vidas han experimentado muchos momentos similares a los de un Buda, pertenecientes a una consciencia búdica, pero nunca hablaron de ellos a nadie porque no creían que eso les pudiera haber sucedido a ellos. En realidad, los han reprimido. Los atribuyen a su imaginación. ¿Cómo va a ser posible algo así sin hacer yo nada? ¿Cómo es posible que de repente me sienta extático?
Tú también puedes recordarlos en tu propia vida… y en momentos en que nunca lo esperabas: yendo a la oficina, en la rutina diaria… el sol está alto, estás transpirando, y, de repente, algo llama a tu hogar: por un instante dejas de ser tu viejo “yo”. Recobras el paraíso… Y luego lo pierdes de nuevo. Te olvidas de él porque no forma parte de tu estilo de vida. Ni siquiera hablas de ello. Piensas: “He de habérmelo imaginado. ¿Cómo va a ser esto posible? No he hecho nada; fue una ilusión, un sueño”. No hablas de ello.
He observado detenidamente a miles de personas y sólo me he encontrado con unos pocos que no experimentan esos momentos en su vida. Pero nunca hablaron de ellos con nadie. Y si lo intentaron, la gente se rió creyéndolos unos tontos, unos estúpidos. No creen en lo que han vivido; lo reprimen.
La humanidad no sólo ha reprimido el sexo; la humanidad ha reprimido la muerte, la humanidad ha reprimido todo lo hermoso que contiene la vida. El hombre ha sido obligado a convertirse en un autómata, en un robot. Todas las pistas, todas las puertas hacia lo desconocido se le han cerrado.
Pero Lao Tse tiene razón y dice lo que en verdad sabe; yo también lo sé: todo sigue sucediendo por sí mismo.
Durante muchos años he estado sin hacer nada; ni siquiera he pensando en ello. Todo sigue sucediendo por sí mismo. Es un puro deleite ver cómo las cosas siguen sucediendo por sí mismas. Es un puro deleite ver cómo las cosas suceden solas.
Es mucho lo que sucede sin tu “hacer”. Y cuando sucede sin tú hacerlo, posee una belleza propia. No contiene violencia alguna. Posee gracia; es encantador. Cuando tú lo haces, ejerces una fuerza. La gracia desaparece; se convierte en algo feo.
La violencia no puede ser grácil. Y para ser no violento –y ésta es la única manera, tal y como dice Lao Tse-, simplemente despréndete de todo conocimiento, despréndete del “hacedor”. Simplemente sé y permite que las cosas sean. Y todo empezará a florecer, todo empezará a fluir. Es el conocimiento el que te ha congelado.

A través de esta constante disminución alcanza la no-acción.
A través de la no-acción, todo es realizado.
Aquel que conquista el mundo suele hacerlo sin hacer nada.
Cuando uno se ve forzado a la acción,
el mundo se encuentra fuera de su alcance.

Los que han hecho cosas excepcionales fueron no-hacedores. Puede parecer que los hacedores hacen, pero sus logros no son duraderos.
Alejandros, Napoleones, Hitlers o Mussolinis, se empeñaron en hacer muchas cosas, pero sólo crearon pesadillas a su alrededor y en ellos mismos. Su hacer supuso un alto coste a miles, a millones de personas… y a ellos también. Su hacer se convirtió en un suicidio. Mataron a millones y, finalmente, acabaron consigo mismos. Eso es todo lo que sucedió. Fueron como una pesadilla; locos, neuróticos, asesinos. Ésos no son conquistadores; no han conquistado el mundo.
Y fíjate ahora en un Buda, en un Lao Tse, en un Jesús… ¡qué clase tan diferente de florecimiento! Pasan los siglos, las épocas se suceden, y Lao Tse sigue floreciendo. Su fragancia sigue tan fresca como siempre. No ha perdido nada de su frescura, no ha envejecido, no ha acumulado polvo. Es tan fresca como una gota de rocío de esta misma mañana.
La gente que ha vivido en el ahora permanece siempre en el ahora. Nunca pertenecen al pasado. Lao Tse es más contemporáneo que un Hitler, que un Mussolini. Un Lao Tse seguirá siendo contemporáneo durante los miles de años venideros. Siempre será contemporáneo. Un Jesús nunca es parte de la historia del pasado; siempre forma parte del presente. Aunque muere, nunca muere; sigue vivo. Ése es el significado de la parábola cristiana de la resurrección: “Él murió en la cruz, pero al día siguiente apareció andando de nuevo”. No lo tomes literalmente. Es una bonita parábola de profundo significado. Lo mataron en la cruz, pero no pudieron acabar con él. A los pocos días estaba de nuevo en camino, en movimiento.
No puedes matar a un Jesús. No puedes matar a quien ha conocido el no-hacer porque sólo puedes acabar con el ego. El ego puede ser destruido; el ser, nunca. Resucita.
Con el cristianismo sucedió justo lo contrario: la cruz se convirtió en lo más importante. La resurrección debería haber sido lo más importante, no la cruz. Aunque muchos hayan muerto en la cruz, eso no es muy importante. Lo más importante es la resurrección. Todo el cristianismo debería depender de esto: no se puede matar a Jesús. Podemos asesinarlo, podemos crucificarlo, pero no podemos acabar con él. Él sigue estando fresco; siempre está fresco. Puedes encontrártelo en cualquier encrucijada, puedes encontrártelo en cualquier parte.
En la India, nunca hemos representado a ningún avatar –ni a Rama, ni a Krishna, ni a Buda, ni a Mahavira- anciano. No es que nunca envejecieran, no. Envejecieron. El cuerpo tiene que seguir sus leyes; la naturaleza nunca cree en las excepciones; la regla es absoluta. Rama, Krishna, Buda y Mahavira también envejecieron, pero nosotros nunca los hemos representado como viejos, sino siempre como jóvenes. Todas las imágenes de la India son del Mahavira joven, del Buda joven, del Krishna joven, del Rama joven; nunca viejos. ¿Por qué? Porque conocemos su “esencia de juventud” y sabemos que nunca se volvieron viejos. El cuerpo viene y se va, pero su “esencia de juventud” permanece. Su fragancia, su inocencia poseen en ellos una cualidad de eternidad.
Éstos son los verdaderos conquistadores… y no hicieron nada. Nadie sabe lo que hizo Lao Tse: nada. No podrás encontrar una vida más tranquila que la de Lao Tse. En ella nada acontece. Sólo una cosa acontece: él mismo. Eso es todo. No acontece nada más. Por eso, esa gente nunca aparece en la historia. A lo sumo se convierten en pequeñas notas a pie de página, porque no tienen biografía. A su alrededor sucedieron muchas cosas; dentro de él, nada. Sólo hubo algo que nunca sucedió: su ser nunca emergió. Pasaron muchas otras cosas; se podrían escribir y escribir miles de páginas y aun así quedaría mucho por contar. Pero ¿y de Lao Tse? Simplemente una nota a pie de página… incluso podrías obviar esa nota a pie de página. Él no forma parte de la historia; no es importante.
Pero éstos son los verdaderos conquistadores… y siguen conquistando. Todavía Lao Tse sigue lanzando sus redes y aún mucha gente es atrapada, convertida, transformada, resucitada de sus tumbas. El milagro continúa.

Aquel que conquista el mundo suele hacerlo sin hacer nada.
Cuando uno se ve forzado a la acción,
el mundo se encuentra fuera de su alcance.

Nunca alientes a nadie a que haga nada, nunca te animes a ti mismo a hacer algo. Deja que las cosas sucedan. Entonces Dios estará haciéndolas a través de ti.
Hay dos maneras de hacer las cosas: una, hacerlas tú; otra, que Dios las haga a través de ti. Si tú las haces, crearás ansiedad, angustia y miseria en ti porque entonces estarás buscando una meta. Pensarás: “¿Triunfaré o no triunfaré?”. Te interesará más el resultado que el proceso y entonces sentirás una constante angustia. Suceda lo que suceda, te sentirás frustrado.
Si tienes éxito, te sentirás frustrado porque el éxito no te supondrá el bien que de él esperabas. Si fracasas, evidentemente te sentirás desgraciado. Las personas que fracasan se sienten desgraciadas; las que han tenido éxito, también. De hecho, los que han triunfado son más desgraciados que aquellos que han fracasado porque un fracaso implica una esperanza. Al hombre que realmente ha triunfado no le quedan esperanzas. Todas sus esperanzas se desvanecen. Ahora no tiene a dónde ir; ha triunfado. Pregunta a los muy ricos por qué se sienten tan desgraciados. Al pobre, podemos entenderlo, pero ¿por qué los ricos son tan desgraciados? Han triunfado y al hacerlo se han dado cuenta de que no les ha servido de nada, de que el éxito no les ha dado nada; simplemente han desperdiciado toda su vida. Ahora no pueden recobrar el tiempo perdido y no parece haber ningún futuro, ninguna esperanza, porque puede que tengan millones de dólares    –a lo sumo, si continúan en la misma línea tendrán muchos más millones-, pero ¿de qué les servirá? Si todos esos millones no les han proporcionado satisfacción, más millones tampoco se la proporcionará.
Has de comprender esta palabra; “satisfacción”. Es una palabra muy singular. Procede de la raíz latina “satir”. Satisfacción, satisfacer, saciar, proceden de satir, y ésta de la raíz sánscrita sat. “Sat” significa “lo real”, lo absolutamente real. De la misma palabra, sat, deriva el término japonés satori: el que ha comprendido la Verdad. Sat significa ser la Verdad, aquel que ha comprendido la Verdad, aquel que ha logrado el satori. Pero “saciar” y “satisfacer” significan “aquel que ha perdido el contacto con su raíz original”. Nada puede satisfacer excepto la Verdad. Por eso, cuando tienes éxito en el mundo no obtienes la “satisfacción”. Sólo sat puede darte la “satisfacción”.
Puedes acumular millones de dólares, de libras, pero de repente te das cuenta de que nada te satisface. Tu sed sigue siendo la misma; no se ha apagado. Y ahora no te quedan esperanzas. Has aprendido un truco: cómo triunfar. Ahora has triunfado y has desperdiciado toda tu vida en ese éxito. Y no surge la satisfacción, sino una profunda frustración, un estado de desesperación.
¿Y si fracasas? ¿Cómo vas a sentirte satisfecho? En el mundo, si fracasas, fracasas; y si triunfas, también fracasas.
Hay un proverbio que dice: “No hay nada mejor que el éxito”. Yo lo he cambiado un poco y te digo: “No hay nada peor que el éxito”. El fracaso, es fracaso; el éxito, también es fracaso.
Sólo hay una posibilidad: que conozcas a tu ser, sat. Sólo eso podrá satisfacerte, sólo eso nunca falla. Pero eso no forma parte del “llegar a ser”, no tiene nada que ver con el tiempo. Ahora mismo, en este mismo momento, se encuentra a tu alcance. Ya está ahí en todo su esplendor. En tu interior está el rey en su trono… pero nunca vas  allí. Buscas dinero, conocimientos, prestigio, poder… y lo buscas fuera. ¡Y todos los que buscan fuera… terminan entrando dentro!
Deja de “aprender”; aprende a “des-aprender” ¡Entra! Deshazte del “hacedor”; aprende a hacer las cosas sin “hacerlas”.
Y existe un secreto. Es el mayor de los secretos, el milagro más grande que puede sucederle a uno. Y es éste: conviértete simplemente en un instrumento, en un vehículo, en una flauta hueca, y canciones divinas empezarán a sonar a través de ti.
Sencillamente, no te interpongas entre tú y tu Yo. En eso consiste todo el Yoga, el Tantra, la Religión. Por favor, ponte “tú” a un lado, no te interpongas. Simplemente ponte a un lado y deja pasar el carruaje de Dios. Si eres capaz de aprender esa única cosa –mantenerte al margen- lo habrás aprendido todo.
Entonces te darás cuenta de que todo funciona por sí mismo. El Todo está actuando. La parte no necesita hacer nada, sólo participar. Solamente es necesario que no cree problemas ni conflictos. Sólo ha de mantenerse en el Todo.
Estar con el Todo es ser religioso. Estar contra el Todo es pertenecer al mundo.


OSHO
TAO LOS TRES TESOROS

VOL. III


FELIZ CUMPLE PARA TODOS....AMADO MAESTRO.....

TE AMOOOOOOOO........

Ma Sambodhi
Swadharma