miércoles, 17 de noviembre de 2010

CRISIS...CRISIS....MEDITACION...OSHO

Crisis!

CRISIS  
"Siempre que viene desde afuera algo con su carga de presión, y esto sucederá muchas veces en la vida, entonces se hace difícil entrar directamente en la meditación. Por tanto, antes de la meditación, durante un período de quince minutos, tienes que hacer algo para eliminar la presión. Sólo entonces puedes entrar en meditación, o si no, no es posible."

Recuerda primero : Todo no es más que un sueño
"Durante quince minutos siéntate en silencio, simplemente, y piensa que todo en el mundo es sueño...y lo es! Piensa que todo en el mundo es sueño y que no hay en él nada significativo. Esta es la primera cosa."

Recuerda en segundo lugar : Todo pasa

La segunda cosa: tarde o temprano todo va a desaparecer, tú incluido. No siempre estuviste aquí, no siempre estarás aquí. Por tanto, nada es permanente.

Recuerda en tercer lugar: El testigo

...Y lo tercero: tú eres simplemente un testigo. Este es un sueño pasajero, una película.
Recuerda estas tres cosas: todo este mundo es un sueño, y todo pasará, incluso tú. La muerte se acerca y la única realidad que existe es el testigo, así que tú eres sólo un testigo.

Relaja el cuerpo y luego observa durante quince minutos, y luego medita. Serás capaz de hacerlo; entonces no habrá problemas.

Sin embargo, cada vez que sientas que la meditación se ha vuelto simple, detén lo anterior; o si no se volverá habitual. Solo se tiene que utilizar en condiciones específicas, cuando es difícil entrar en meditación. Si lo haces cada día está bien, pero perderá su efecto, y luego no funcionará.

Úsalo por tanto como una medicina. Cuando las cosas vayan mal y surjan dificultades, entonces hazlo para despejar el camino, y serás capaz de relajarte.

Osho: A Rose is a Rose is a Rose

CENTRANDOSE EN EL HARA.......MEDITACION..OSHO

Centrándose en el Hara


“Concentra la energía en el Hara, el punto que está cinco centímetros por debajo del ombligo. Ese es el centro por el que uno entra en la vida y es el centro donde uno muere y sale de la vida. Por tanto, es el centro de contacto entre el cuerpo y el alma. Si sientes una especie de desplazamiento de izquierda a derecha y no sabes dónde está tu centro, esto indica simplemente que no estás más en contacto con tu Hara, así que tienes que crear ese contacto.

Cuándo: Por la noche, antes de dormir/por la mañana al despertar
Duración: 10-5 minutos.

Primer paso: Localiza el Hara
Acuéstate en la cama y pon tus dos manos cinco cm. debajo del ombligo y presiona un poquito.

Segundo paso: ¡Respira profundamente!
Empieza a respirar, a respirar profundamente. Sentirás cómo ese centro sube y baja con la respiración. Siente toda tu energía allí como si te estuvieras encogiendo y encogiendo y encogiendo y existieras allí solamente, como un pequeño centro, como una energía muy concentrada.

Tercer paso:¡Céntrate mientras duermes!
Quédate dormido mientras lo haces; eso servirá de ayuda. Entonces, el centrarse persiste toda la noche. Una y otra vez el inconsciente va y se centra ahí. Entonces, a lo largo de la noche, sin que tú lo sepas, tendrás de muchas maneras un contacto profundo con el centro.

Cuarto paso: Conecta otra vez con el Hara
En la mañana, cuando sientas que ha pasado el sueño, ante todo no abras los ojos. Pon otra vez tus manos allí, presiona un poquito, empieza a respirar, siente el Hara nuevamente. Haz esto por 10-5 minutos y luego te levantas.

Haz lo anterior cada noche, cada mañana. En un plazo de tres meses empezarás a sentirte centrado.

Es muy esencial tener un centro; de otra manera uno se siente fragmentado, entonces uno no está integrado. No es más que un rompecabezas, muchos fragmentos y no una gestalt, no un todo. Es un mal asunto, porque sin un centro, una persona puede demandar pero no puede amar. Sin un centro tú puedes seguir haciendo cosas rutinarias en tu vida, pero no puedes ser creativo. Vivirás al mínimo. El máximo no será posible para ti. Sólo al centrarse vive uno al máximo, en el cenit, en la cumbre, en el clímax, y ésa es la única forma de vivir la vida de verdad.

Por ejemplo, habrá menos pensamientos, porque la energía no se irá a la cabeza, se irá al Hara. Entre más pienses en el Hara, entre más te concentres allí, más encontrarás una disciplina surgiendo en ti. Eso viene naturalmente, no tiene que ser forzado.

Entre más atento estés al Hara, menos tendrás miedo de la vida y de la muerte, porque este es el centro de la vida y de la muerte. Una vez logras sintonizar con el centro del Hara puedes vivir valerosamente. El valor sale de allí: menos pensamientos, más silencio, menos momentos descontrolados, disciplina natural, valor y arraigo, un enraizar”.
Osho: A Rose is a Rose is a Rose
This Is It!


Ps. Juan P. Zuzunaga (Swami Anand Bodha)
Terapias Holísticas-Meditaciones
Tel. 01-991385488
http://yaeco.es.tl

APRENDER A DESAPRENDER......OSHO

A qué tipo pertenezco?

Osho, al estar uno fluctuando entre ambos tipos, el emocional y el intelectual, ¿cómo se puede llegar a una conclusión sobre a qué tipo se pertenece?



Es difícil. Lo primero: hay tres tipos fundamentales. El intelectual, cognitivo; el emocional, emotivo; y en tercer lugar el activo. Esos son los tres tipos básicos.

«Intelectual» significa uno cuya auténtica urgencia es el saber. Pone en juego su vida por saber. Alguien que esté trabajando con venenos puede ingerir el veneno por conocer que es lo que suce-derá. Es incapaz de imaginárselo. Aparece como estúpido porque morirá. Y ¿qué importancia tiene el saber algo si vas a morir? ¿Qué es lo que vas a hacer con este conocimiento? Pero el tipo intelectual coloca el conocimiento por encima del vivir, por encima de la vida. El saber es vital para él. No saber es su muerte. El saber es su amor; no saber es ser inútil.

Un Sócrates, un Buda, un Nietzsche están en busca del saber lo que es el ser, de saber qué es lo que somos. Para ellos esto es básico. Sócrates dice que la vida sin ser comprendida no vale la pena ser vivida. Si no sabes lo que es la vida, ésta carece de sentido. Para nosotros puede que no tenga sentido; esta frase puede que no nos parezca significativa, porque vivimos y no sentimos la necesidad de saber lo que es la vida. Este el tipo que vive por saber. El saber es su amor. Este tipo desarrolló la filosofía. Filosofía quiere decir amor por el saber, por el conocer.

El segundo tipo es el emotivo. ¡Sentir! El saber no tiene sentido a menos que uno lo sienta. Una cosa adquiere un sentido para ellos sólo cuando uno la siente. ¡Uno debe sentirla! El sentimiento funciona a través de un centro más profundo, el corazón. El saber es a través del primer centro, el intelecto. ¡Uno debe sentir! Los poetas pertenecen a esta categoría, los pintores, los bailarines, los músicos. El saber no es suficiente. Es árido,no tiene corazón, carece de corazón. ¡Sentir! Por eso un intelectual podrá diseccionar una flor para saber lo que es, pero un poeta no podrá. Puede amarla, ¿y cómo puede el amor diseccionar? Puede sentirla y sabe que sólo a través del sentir aparece el auténtico conocimiento.

Puede que un científico sepa más de una flor, pero aún así un poeta no puede ser convencido de que el otro sabe más. Un poeta sabe que él sabe más y que conoce más en profundidad. Un científico sólo está informado; el poeta sabe de corazón a corazón, tiene una charla con la flor de corazón a corazón. No la ha diseccionado. No conoce cuál es su química. ¡No la conoce! Puede que no conozca ni el nombre, o a qué especie pertenece esa flor, pero dice, «Conozco su auténtico espíritu».

A Hui-Hai, un pintor zen, el Emperador de la China le encargó que pintara algunas flores para su palacio. Hui-Hai dijo, «Entonces tendré que vivir con las flores».

Pero el Emperador le dijo, «No hay porqué. En mi jardín están toda clase de flores. ¡Ve y pinta!»

Hui-Hai dijo, «A menos que sienta las flores, ¿cómo voy a poder pintarlas? He de conocer su espíritu. ¿Y cómo voy a conocer el espíritu a través de los ojos? ¿Y cómo puede tocarse el espíritu con las manos? Por eso tendré que vivir íntimamente con ellas. A veces, con los ojos cerrados, sentado a su lado, perci-biendo el aroma que comunica, percibiendo el perfume que llega, puedo permanecer en una silenciosa comunión con ellas. A veces la flor es sólo un capullo, a veces la flor florece. A veces la flor es joven y su humor es distinto, y a veces la flor se vuelve vieja y le ronda la muerte. Y a veces la flor es feliz y gozosa, y a veces la flor está triste. ¿Cómo voy simplemente a ir y pintar? Tengo que vivir con las flores. Y esa flor que nació, un día morirá. Debo conocer toda su biografía. Debo vivir con ella desde su nacimiento hasta su muerte, y debo percibirla en su multiplicidad de estados.

He de percibir cómo se siente por la noche con la oscuridad rondándola, y cómo se siente por la mañana cuando el sol ha salido, y cómo cuando un pájaro vuela y otro canta; cómo se siente la flor entonces. Cómo se siente cuando llegan los vientos tormentosos, y cómo se siente cuando todo está silencioso... Debo conocerla en su multiplicidad de ser, íntimamente, como un amigo, como un participante, como un espectador, como un amante. ¡He de relacionarme con ella! Unicamente entonces puedo pintarla y así y todo no puedo prometer nada porque una flor es una cosa tan vasta que puede que no sea capaz de pintarla. Por eso no puedo prometer nada, sólo puedo intentarlo».

Pasaron seis meses y el Emperador se puso impaciente. Entonces preguntó, «¿Dónde está ese Hui-Hai? ¿Está todavía tratando de estar en comunión?»

El jardinero contestó, «No podemos molestarle. Ha intimado tanto con los árboles que, a veces, al pasar junto a su lado no sentimos que haya allí un hombre. Se ha convertido en un árbol. Sigue en contemplación».

Habían pasado seis meses. El Emperador llegó y dijo, «¿Qué estás haciendo? ¿Cuándo vas a pintar?»

Hui-Hai dijo, «No me molestes. Si tengo que pintar debo olvidarme del pintar completamente. ¡No me lo recuerdes de nuevo! ¡No me molestes! ¿Cómo voy ha vivir en intimidad si albergo algún propósito? ¿Cómo va a ser posible la intimidad si permanezco aquí como pintor y tratando de intimar únicamente porque he venido a pintar? ¡Qué tontería! No hay lugar para negocios aquí; no vuelvas otra vez. Cuando llegue el momento vendré por mí mismo, pero no puedo prometerlo. Puede que el momento adecuado llegue o puede que no llegue».

Y durante tres años el Emperador esperó. Entonces Hui-Hai se presentó. Se presentó en la corte real y el Emperador dijo, «Ahora no la pintes porque te has vuelto como una flor. Veo en ti todas las flores que he visto. En tus ojos, en tus gestos, en tu andar, en tu movimiento, te has vuelto como una flor».

Hui-Hai dijo, «He venido para decirte que no puedo pintar porque el hombre que deseaba pintar ha desaparecido».

Este es un modo distinto; es el del tipo emotivo que conoce a través del sentimiento. Para el tipo intelectual, incluso para sentir tiene que conocer primero. El conoce primero, luego puede sentir. Su sentimiento es a través del conocer.

Luego hay un tercer tipo: el activo, un tipo creativo. No puede permanecer en el saber o en el sentir. Tiene que crear. Puede saber únicamente a través de la creación. A menos que cree algo, es incapaz de saber. Sólo siendo un creador llega a ser un conocedor.

Este tercer tipo vive en la acción. ¿Qué es lo que quiero decir con acción? Son posibles muchas dimensiones, pero este tercer tipo siempre está orientado hacia la acción. No preguntará qué es lo que es la vida, qué es lo que significa. Preguntará, «¿Qué es lo que hace la vida? ¿Para que sirve? ¿Qué crea?» Si puede crear, es feliz. Sus creaciones son varias, puede ser un creador de seres humanos, puede ser el creador de una sociedad, puede ser el creador de una pintura, pero la creatividad está allí. Por ejemplo, este Hui-Hai no era del tipo activo por eso se disolvió en el sentimiento de totalidad. Si hubiera sido del tipo activo, hubiera pintado. Unicamente con el pintar se hubiera realizado. Esos son los tres tipos.

Se han de entender muchas cosas. Una: dije que Buda y Nietzsche pertenecen al primer tipo, pero Buda le pertenece verazmente y Nietzsche en forma errónea. Si un tipo intelectual se desarrolla verdaderamente se convierte en un Buda, pero si sigue un camino equivocado, si se pierde y yerra el objetivo, se vuelve un Nietzsche. Enloquece. A través del saber no se convertirá en una Alma Realizada. ¡A través del saber enloquecerá! Mediante el saber no alcanzará una confianza ciega. Con el saber seguirá creando dudas, dudas, dudas y por último, atrapado en sus propias dudas, se volverá loco. Buda y Nietzsche pertenecen al mismo tipo, pero son los dos extremos. Nietzsche puede convertirse en un Buda, Buda puede convertirse en un Nietzsche. Si un Buda yerra, se volverá loco. Si un Nietzsche acierta, se convertirá en un Alma Realizada.

Del tipo emocional citaré a Meera y De Sade. Meera pertenece correctamente a este tipo. Si el sentimiento se desarrolla acerta-damente se convierte en un amor a lo Divino, pero si lo hace erróneamente, se convierte en perversidad sexual. De Sade pertenece al mismo tipo, pero este sentimiento se despliega de forma equivocada y entonces se convierte en un hombre pervertido, anormalmente loco. Si el tipo emocional se desarrolla equivocadamente se vuelve sexualmente pervertido. Si el tipo intelectual se desarrolla equivocadamente, se vuelve escépticamente loco.

Y, en tercer lugar, la acción. Hitler y Gandhi pertenecen al tercer tipo. Si evoluciona correctamente, surge un Gandhi. Si se desarrolla equivocadamente, surge un Hitler. Ambos pertenecen a la acción. No pueden vivir sin hacer algo. Pero el hacer puede ser una locura y un Hitler está loco. El actuaba, pero su hacer se volvió destructivo. Si el tipo creativo se despliega adecuadamente se vuelve creativo; si equivocadamente, se vuelve destructivo.

Esos son los tres tipos básicos puros. Pero nadie es un tipo puro; esa es la pega. ¡Esos son sólo tipos! Nadie es un tipo puro, todo el mundo es una mezcla. Y esos tres están en cada uno. Por eso, realmente no es cuestión de a que tipo perteneces; el punto a considerar es cuál es el tipo predominante. Tan sólo para poder explicártelo los he dividido. Nadie es un tipo puro, nadie puede serlo porque los tres están en ti. Si los tres están equilibrados, eres armonioso; si los tres están desequilibrados, entonces te vuelves loco, te desestabilizas. Esa es la dificultad al decidir. Decide pues cuál es el dominante, cuál es tu tipo.

¿Cómo decidir cuál es el dominante? ¿Cómo saber a qué tipo pertenezco o cuál es el tipo más significativo para mí, el más fundamental para mí? Los tres estarán presentes, pero uno será secundario. Hay dos criterios que han de recordarse. Uno, si eres del tipo cognitivo, todas tus experiencias comenzarán básica-mente por el saber, nunca con alguna otra cosa. Por ejemplo, si un tipo cognitivo se enamora de alguien, no se podrá enamorar a primera vista. ¡Es incapaz! ¡Imposible! Primero ha de saber, debe entrar en contacto, y esto implica un largo proceso. La decisión puede llegar sólo a través de un proceso cognitivo. Por eso es que este tipo de gente siempre se pierde muchas oportu-nidades, porque se necesita una decisión instantánea y este tipo no puede decidir en un instante.

Por eso este tipo, por lo general, nunca es activo. No puede serlo porque cuando ha alcanzado alguna conclusión, el mo-mento ha pasado. Mientras está pensando, el momento ha pasado. Cuando alcanza una conclusión, la conclusión no tiene sentido. Cuando era el momento preciso para obtenerla, no pudo. Así que no puede ser activo. Y esa es una de las calamidades del mundo, que esos que son capaces de pensar no pueden ser activos, y esos que pueden ser activos son incapaces de pensar. Esa es una de la calamidades fundamentales, pero es así.

Y recuerda siempre que son muy pocos los que pertenecen al tipo intelectual. El porcentaje es ínfimo, dos o tres por ciento. Para ellos todo comienza con el saber. Unicamente entonces viene el sentir y por último el actuar. Esta será la secuencia con los de este tipo: saber, sentir, actuar. Puede que llegue tarde, pero no puede ser de otra forma. Primero ha de pensar.

La segunda cosa a recordar es que para el tipo cognitivo todo comenzará con saber, nunca concluirá antes de saber y no extraerá prejuicio alguno a menos que los pros y contras hayan sido establecidos. Este tipo se convierte en el científico. Este tipo puede convertirse en un filósofo imparcial, en un científico, en un observador.

Por eso sea cual sea tu reacción, tu acción, descubre por dónde comienza. El inicio determinará qué predomina. Uno que perte-nece a la emoción empezará primero por sentir y luego agrupará todos los razonamientos. El razonar será secundario. Empezará primero por sentir. El te ve y decide en su corazón si eres bueno o malo. Esta es una decisión emocional. No sabe nada sobre ti, pero a primera vista decidirá. Percibirá si eres bueno o si eres malo y luego irá acumulando las razones por las que ha decidido de antemano.

El tipo sensitivo decide primero, luego viene el razonar; luego racionaliza. Observa en ti si decides primero con sólo ver a una persona, si te sientes convencido de que es bueno, malo, amoroso, no amoroso, y luego creas razones, luego intentas convencerte a ti mismo de tus propios sentimientos: «Sí, estaba en lo cierto. Es bueno y esas son las razones. Lo sabía. Lo he verificado. He hablado con los demás. Ahora puedo afirmar que es bueno». Pero este «es bueno» fue una primera conclusión.

Por eso con un tipo emocional el silogismo de la lógica es totalmente inverso: la conclusión llega primero, luego el proceso. Con el tipo argumentativo, la conclusión nunca va en primer lugar. Primero va el proceso, y al final la conclusión. Sigue pues indagando sobre ti mismo. ¿Cuál es tu forma de decidir las cosas? Con el tipo activo, la acción es lo primero. El decide actuar al instante, luego comienza a sentir y por último crea las razones.

Dije que Gandhi es del tipo activo. El decide primero. Por eso es por lo que afirma, «Esta no es mi decisión. Dios ha decidido por mí» En realidad, la acción se le presenta tan de súbito, sin ningún proceso, que no puede más que preguntarse, «¿He decidido yo?» Uno del tipo cognitivo siempre dirá, «Yo lo he decidido». Uno del tipo emocional dirá siempre, «Siento que es así». Pero un tipo activo, un Mahoma, un Gandhi, dirá siempre, «Ni lo he sentido, ni lo he pensado. Esta decisión me ha llegado». ¿De dónde? ¡De ninguna parte! Si no cree en Dios dirá, «¡De ninguna parte! Esta decisión ha surgido en mí. No sé de dónde procede».

Si cree en Dios, entonces Dios se convierte en el que toma las decisiones. Entonces El es el que lo dice todo y Gandhi lo ejecuta. Por eso Gandhi sólo puede decir, «Me equivoqué, pero la decisión no fue mía». Puede afirmar, «Puede que no lo haya seguido al pie de la letra, puede que no haya comprendido el mensaje correctamente, puede que no haya perseverado tanto como debiera, pero la decisión fue Divina. Yo únicamente tuve que seguirla. Sólo tuve que entregarme y seguirla». Para Mahoma, para Gandhi, ese es el sistema.

Dije que Hitler era de un cierto tipo aunque equivocado, pero él también habla en esos términos. También dice, «No es Adolfo Hitler el que está hablando. Es el auténtico espíritu de la historia. Es la totalidad de la mente Aria. Es la mente de la raza la que habla a través mío». Y, en verdad, muchos lo sintieron así. Aquellos que escucharon a Adolfo Hitler sintieron que el que estaba hablando no era en absoluto Adolfo Hitler. Era como si él fuese el vehículo de una fuerza superior. El hombre activo siempre aparece así. Debido a que actúa tan rápidamente no puedes decir que sea él el que decide, el que piensa, el que siente. ¡No! ¡El actúa! Y la decisión es tan espontánea que ¿cómo vas a imaginarte de dónde proviene? Viene o bien de Dios o bien del Diablo, pero viene de algún lugar. Y posteriormente tanto Hitler como Gandhi podrán razonar sobre ello, pero primero actuarán.

Por ejemplo, Gandhi decidió hacer un largo ayuno. A media noche se despertó y entonces lo decidió. Luego, por la mañana, les dijo a sus amigos, «Voy a iniciar un largo ayuno».

Nadie podía comprender lo que estaba diciendo. Le dijeron, «Hemos estado a tu lado, nunca nos informaste, nunca nos hablaste de esto. Por la noche estuvimos hablando de muchas cosas y no mencionaste para nada este tema».

Pero Gandhi dijo, «No dependía de mí, la decisión no dependía de mí. Por la noche el sueño desapareció. De repente me encontré despierto y con un mensaje Divino de que debía iniciar un largo ayuno». Pero, ¿para qué? Luego Gandhi descubre todas las razones. Esas razones son añadidas con posterioridad.

Esos son los tres tipos. Si la acción es lo que se presenta en primer lugar y luego el sentir y luego el pensar, puedes determinar cuál es tu factor predominante. Y determinar ese factor predo-minante es de gran ayuda porque entonces puedes proceder directamente, de otra forma tu progreso siempre será zigza-gueante. Cuando no sabes a qué tipo perteneces sigues innece-sariamente direcciones, dimensiones en las que no deberías ir. Cuando conoces tu tipo, sabes lo que tienes que hacer contigo mismo, como hacerlo, por dónde empezar. Lo primero es: recuerda qué es lo que surge primero y qué es lo que surge en segundo lugar.

Lo segundo te parecerá muy extraño. Por ejemplo, el tipo activo puede ejecutar lo opuesto muy fácilmente, eso es, puede relajarse fácilmente. ¡El tipo activo es capaz de relajarse muy fácilmente! La relajación de Gandhi era milagrosa. Era capaz de relajarse en cualquier parte. Parece paradójico. Un tipo activo debe de estar tan tenso que debe de ser incapaz de relajarse. Pero este no es el caso. Unicamente un tipo activo es capaz de relajarse con mucha facilidad. Un tipo cognitivo no puede relajarse tan fácilmente, un tipo emocional encuentra todavía más difícil el relajarse, pero un tipo activo es capaz de relajarse muy fácilmente.

De modo que el segundo criterio es que sea cual sea el tipo al que pertenezcas, serás capaz de moverte hacia el opuesto muy fácilmente. Recuerda pues: si puedes irte al opuesto, éste es tu tipo predominante. Si eres capaz de relajarte muy fácilmente, perteneces al tipo activo. Si puedes dejar de pensar, quedarte sin pensamientos con facilidad, perteneces al tipo cognitivo. Si puedes sentirte ausente de sentimientos muy fácilmente, perte-neces al tipo emocional.

Y esto es extraño porque por lo común pensamos, «Un tipo emocional, ¿cómo va a poder permanecer sin emociones? Un tipo cognitivo, ¿cómo va a poder quedarse sin pensar? Un tipo activo, ¿cómo va a poder dejar de actuar?» Pero sólo parece paradójico. No lo es. Es una de la leyes fundamentales la de que los opuestos se corresponden, los dos extremos se juntan, tal como un péndulo de un gran reloj, tal y como el péndulo va hacia el extremo izquierdo, luego se dirige al derecho. Y cuando ha llegado al extremo derecho empieza a dirigirse hacia el izquierdo. Cuando está yendo hacia la derecha está acumulando inercia para ir luego a la izquierda. Cuando está yendo a la derecha está acumulando inercia para ir después hacia la izquierda. Cuando está desplazándose a la izquierda, cuando parece que se está yendo a la izquierda, está preparándose para ir hacia la derecha. Así que lo opuesto es fácil.

Recuerda: si eres capaz de relajarte con facilidad, perteneces al tipo activo. Si eres capaz de meditar con facilidad, perteneces al tipo cognitivo. Por eso es que un Buda puede meditar con tanta facilidad. Por eso es que un Gandhi es capaz de relajarse con tanta facilidad, incluso en un accidente de circulación.

Ocurre un accidente de circulación y es la hora en que Gandhi se suele relajar en su siesta. Pero el coche no puede llegar al lugar de destino de modo que los que están en el coche han de esperar. Es un accidente mortal; todos están asustados y tienen miedo, pero, junto a la carretera, él se echa a dormir. ¡No puede esperar! Es la hora de su siesta, así que se echa a dormir. Cuando otro coche llega para recogerle le encuentra profundamente dormido.

El tipo activo puede relajarse muy fácilmente. Un Nehru no puede concebir como puede suceder este milagro, es algo milagroso para él. El no es del tipo activo, es incapaz de relajarse. Gandhi puede relajarse varias veces al día. Descansaba en multitud de ocasiones. Siempre que encontraba el momento, se dormía. El dormirse le era fácil.

Un Buda puede quedarse sin pensar, un Sócrates puede estar sin pensar con mucha facilidad. De ordinario, parece algo difícil. Una persona que es capaz de pensar en tal grado, ¿cómo va a disolver el pensar? ¿Cómo va a entrar en el estado sin pensa-mientos? Todo el mensaje de Buda se centra en el no pensar, y él era del tipo cognitivo. El pensó tanto que, en realidad, su pensamiento se mantiene aún actual.

Han pasado veinticinco siglos, pero Buda pertenece aún a la mente contemporánea. Nadie pertenece durante tanto tiempo a la mente contemporánea. Incluso un pensador de los tiempos actuales no puede afirmar que Buda sea anticuado. Pensó con tal profundidad, con una antelación de siglos, que todavía tiene atractivo. Para quienquiera que sea pensador Buda posee un atractivo porque es el tipo puro. Pero su mensaje es: introdúcete en el no pensar. Aquellos que han pensado en profundidad siempre han dicho, «Penetra en el no-pensar». ¿Por qué es tan fácil para ellos? Simplemente lo hacen.

Y el tipo emocional puede introducirse en el no-sentir. Por ejemplo, Meera, ella es del tipo emotivo; Chaitanya, él es un tipo emotivo. Su sentimiento es tal que no pueden permanecer sintiendo amor hacia unas pocas personas u objetos. Han de amar al mundo entero. Este es su tipo. No pueden sentirse satisfechos con un amor limitado, el amor no ha de tener límites, ha de esparcirse hasta el infinito.

Un día Chaitanya acudió a un Maestro. El había alcanzado la Iluminación por propio derecho. Su nombre era conocido en toda Bengala, y entonces, un día, acudió a un Maestro, a un Maestro del Vedanta. Puso su cabeza a sus pies. El Maestro se sintió asustado, atemorizado, porque respetaba a Chaitanya en grado sumo. Y le dijo, «¿Por qué has acudido a mí? ¿Qué es lo que quieres? Te has realizado. No puedo enseñarte nada». Chaitanya dijo, «Ahora quiero penetra en el vairagya, el desapego. He vivido una vida de sentimiento, quiero penetrar ahora en el no-sentir. Así que, ayúdame».

Un tipo emotivo es capaz de cambiar, Chaitanya cambió. Ramakrishna era del tipo emotivo. Al final se introdujo en el Vedanta. Toda su vida fue un devoto, un adorador de la Madre, y al final se convirtió en un discípulo de un Maestro de Vedanta, Totapuri, y fue iniciado en el mundo de la ausencia de senti-miento. Y muchos le dijeron a Totapuri, «¿Cómo puedes iniciar a ese hombre, Ramakrishna? ¡Es del tipo emocional! Para él el amor es lo único. Puede rezar, puede adorar, puede bailar, puede entrar en éxtasis. No es capaz de introducirse en el desapego, no puede trascender el reino de lo sentimientos».

Totapuri dijo, «Por eso es por lo que él puede hacerlo, y le voy a iniciar. Vosotros no podéis; él lo hará».

Así que el segundo criterio para decidir es: si eres capaz de situarte en el opuesto, eres de este tipo. Observa que hay al principio y luego el movimiento hacia el opuesto; esos son los dos factores. Y busca en ti constantemente. Durante veintiún días, continuamente nota esas dos cosas: primero cómo reaccionas, cuál es el comienzo, la semilla, el inicio, y luego a qué opuesto puedes irte con facilidad. ¿Al no-pensar? ¿Al no-sentir? ¿A la no-acción? Y a los veintiún días alcanzarás la comprensión de tu tipo; del predominante, desde luego.

Los otros dos estarán presentes como sombras, ¿mmm?, porque los tipos puros no existen. No pueden existir. Los tres son parte de ti, sólo que uno es más significativo que el resto. Y una vez conoces qué tipo eres, tu camino se vuelve muy cómodo y fácil. Entonces no desperdicias tu energía. Entonces no disipas tu energía en caminos equivocados que no te corresponden. Por eso, descubrir el tipo de uno mismo es un requisito básico en la búsqueda espiritual. De no hacerlo así seguirás haciendo infinidad de cosas y crearás únicamente confusión, crearás sólo desintegración.

Eso es lo que Krishna quiere decir en el Gita con swabhav, el tipo que conforma tu naturaleza. Por eso dice que es mejor morir sin tener éxito permaneciendo en el propio tipo que tener éxito con el tipo de otro. Es mejor ser un fracasado, incluso ser un fracasado según el propio tipo, que ser un triunfador de acuerdo con el tipo de otro, porque este éxito se convertirá en una carga, un fardo, un peso muerto. Incluso el fallar según tu propia naturaleza es algo bueno, porque este fallo te enriquecerá. Madurarás con él, aprenderás con él, te desarrollarás con él. Por eso un fracaso es algo bueno si concuerda con el tipo de uno.

Descubre a qué tipo perteneces o cuál es tu tipo predominante. Luego, de acuerdo con este tipo, empieza a trabajar. La tarea será más llevadera y la meta más cercana.

La Alquimia suprema vol1

LA ALQUIMIA SUPREMA.....OSHO



A qué tipo pertenezco?

Osho, al estar uno fluctuando entre ambos tipos, el emocional y el intelectual, ¿cómo se puede llegar a una conclusión sobre a qué tipo se pertenece?



Es difícil. Lo primero: hay tres tipos fundamentales. El intelectual, cognitivo; el emocional, emotivo; y en tercer lugar el activo. Esos son los tres tipos básicos.

«Intelectual» significa uno cuya auténtica urgencia es el saber. Pone en juego su vida por saber. Alguien que esté trabajando con venenos puede ingerir el veneno por conocer que es lo que suce-derá. Es incapaz de imaginárselo. Aparece como estúpido porque morirá. Y ¿qué importancia tiene el saber algo si vas a morir? ¿Qué es lo que vas a hacer con este conocimiento? Pero el tipo intelectual coloca el conocimiento por encima del vivir, por encima de la vida. El saber es vital para él. No saber es su muerte. El saber es su amor; no saber es ser inútil.

Un Sócrates, un Buda, un Nietzsche están en busca del saber lo que es el ser, de saber qué es lo que somos. Para ellos esto es básico. Sócrates dice que la vida sin ser comprendida no vale la pena ser vivida. Si no sabes lo que es la vida, ésta carece de sentido. Para nosotros puede que no tenga sentido; esta frase puede que no nos parezca significativa, porque vivimos y no sentimos la necesidad de saber lo que es la vida. Este el tipo que vive por saber. El saber es su amor. Este tipo desarrolló la filosofía. Filosofía quiere decir amor por el saber, por el conocer.

El segundo tipo es el emotivo. ¡Sentir! El saber no tiene sentido a menos que uno lo sienta. Una cosa adquiere un sentido para ellos sólo cuando uno la siente. ¡Uno debe sentirla! El sentimiento funciona a través de un centro más profundo, el corazón. El saber es a través del primer centro, el intelecto. ¡Uno debe sentir! Los poetas pertenecen a esta categoría, los pintores, los bailarines, los músicos. El saber no es suficiente. Es árido,no tiene corazón, carece de corazón. ¡Sentir! Por eso un intelectual podrá diseccionar una flor para saber lo que es, pero un poeta no podrá. Puede amarla, ¿y cómo puede el amor diseccionar? Puede sentirla y sabe que sólo a través del sentir aparece el auténtico conocimiento.

Puede que un científico sepa más de una flor, pero aún así un poeta no puede ser convencido de que el otro sabe más. Un poeta sabe que él sabe más y que conoce más en profundidad. Un científico sólo está informado; el poeta sabe de corazón a corazón, tiene una charla con la flor de corazón a corazón. No la ha diseccionado. No conoce cuál es su química. ¡No la conoce! Puede que no conozca ni el nombre, o a qué especie pertenece esa flor, pero dice, «Conozco su auténtico espíritu».

A Hui-Hai, un pintor zen, el Emperador de la China le encargó que pintara algunas flores para su palacio. Hui-Hai dijo, «Entonces tendré que vivir con las flores».

Pero el Emperador le dijo, «No hay porqué. En mi jardín están toda clase de flores. ¡Ve y pinta!»

Hui-Hai dijo, «A menos que sienta las flores, ¿cómo voy a poder pintarlas? He de conocer su espíritu. ¿Y cómo voy a conocer el espíritu a través de los ojos? ¿Y cómo puede tocarse el espíritu con las manos? Por eso tendré que vivir íntimamente con ellas. A veces, con los ojos cerrados, sentado a su lado, perci-biendo el aroma que comunica, percibiendo el perfume que llega, puedo permanecer en una silenciosa comunión con ellas. A veces la flor es sólo un capullo, a veces la flor florece. A veces la flor es joven y su humor es distinto, y a veces la flor se vuelve vieja y le ronda la muerte. Y a veces la flor es feliz y gozosa, y a veces la flor está triste. ¿Cómo voy simplemente a ir y pintar? Tengo que vivir con las flores. Y esa flor que nació, un día morirá. Debo conocer toda su biografía. Debo vivir con ella desde su nacimiento hasta su muerte, y debo percibirla en su multiplicidad de estados.

He de percibir cómo se siente por la noche con la oscuridad rondándola, y cómo se siente por la mañana cuando el sol ha salido, y cómo cuando un pájaro vuela y otro canta; cómo se siente la flor entonces. Cómo se siente cuando llegan los vientos tormentosos, y cómo se siente cuando todo está silencioso... Debo conocerla en su multiplicidad de ser, íntimamente, como un amigo, como un participante, como un espectador, como un amante. ¡He de relacionarme con ella! Unicamente entonces puedo pintarla y así y todo no puedo prometer nada porque una flor es una cosa tan vasta que puede que no sea capaz de pintarla. Por eso no puedo prometer nada, sólo puedo intentarlo».

Pasaron seis meses y el Emperador se puso impaciente. Entonces preguntó, «¿Dónde está ese Hui-Hai? ¿Está todavía tratando de estar en comunión?»

El jardinero contestó, «No podemos molestarle. Ha intimado tanto con los árboles que, a veces, al pasar junto a su lado no sentimos que haya allí un hombre. Se ha convertido en un árbol. Sigue en contemplación».

Habían pasado seis meses. El Emperador llegó y dijo, «¿Qué estás haciendo? ¿Cuándo vas a pintar?»

Hui-Hai dijo, «No me molestes. Si tengo que pintar debo olvidarme del pintar completamente. ¡No me lo recuerdes de nuevo! ¡No me molestes! ¿Cómo voy ha vivir en intimidad si albergo algún propósito? ¿Cómo va a ser posible la intimidad si permanezco aquí como pintor y tratando de intimar únicamente porque he venido a pintar? ¡Qué tontería! No hay lugar para negocios aquí; no vuelvas otra vez. Cuando llegue el momento vendré por mí mismo, pero no puedo prometerlo. Puede que el momento adecuado llegue o puede que no llegue».

Y durante tres años el Emperador esperó. Entonces Hui-Hai se presentó. Se presentó en la corte real y el Emperador dijo, «Ahora no la pintes porque te has vuelto como una flor. Veo en ti todas las flores que he visto. En tus ojos, en tus gestos, en tu andar, en tu movimiento, te has vuelto como una flor».

Hui-Hai dijo, «He venido para decirte que no puedo pintar porque el hombre que deseaba pintar ha desaparecido».

Este es un modo distinto; es el del tipo emotivo que conoce a través del sentimiento. Para el tipo intelectual, incluso para sentir tiene que conocer primero. El conoce primero, luego puede sentir. Su sentimiento es a través del conocer.

Luego hay un tercer tipo: el activo, un tipo creativo. No puede permanecer en el saber o en el sentir. Tiene que crear. Puede saber únicamente a través de la creación. A menos que cree algo, es incapaz de saber. Sólo siendo un creador llega a ser un conocedor.

Este tercer tipo vive en la acción. ¿Qué es lo que quiero decir con acción? Son posibles muchas dimensiones, pero este tercer tipo siempre está orientado hacia la acción. No preguntará qué es lo que es la vida, qué es lo que significa. Preguntará, «¿Qué es lo que hace la vida? ¿Para que sirve? ¿Qué crea?» Si puede crear, es feliz. Sus creaciones son varias, puede ser un creador de seres humanos, puede ser el creador de una sociedad, puede ser el creador de una pintura, pero la creatividad está allí. Por ejemplo, este Hui-Hai no era del tipo activo por eso se disolvió en el sentimiento de totalidad. Si hubiera sido del tipo activo, hubiera pintado. Unicamente con el pintar se hubiera realizado. Esos son los tres tipos.

Se han de entender muchas cosas. Una: dije que Buda y Nietzsche pertenecen al primer tipo, pero Buda le pertenece verazmente y Nietzsche en forma errónea. Si un tipo intelectual se desarrolla verdaderamente se convierte en un Buda, pero si sigue un camino equivocado, si se pierde y yerra el objetivo, se vuelve un Nietzsche. Enloquece. A través del saber no se convertirá en una Alma Realizada. ¡A través del saber enloquecerá! Mediante el saber no alcanzará una confianza ciega. Con el saber seguirá creando dudas, dudas, dudas y por último, atrapado en sus propias dudas, se volverá loco. Buda y Nietzsche pertenecen al mismo tipo, pero son los dos extremos. Nietzsche puede convertirse en un Buda, Buda puede convertirse en un Nietzsche. Si un Buda yerra, se volverá loco. Si un Nietzsche acierta, se convertirá en un Alma Realizada.

Del tipo emocional citaré a Meera y De Sade. Meera pertenece correctamente a este tipo. Si el sentimiento se desarrolla acerta-damente se convierte en un amor a lo Divino, pero si lo hace erróneamente, se convierte en perversidad sexual. De Sade pertenece al mismo tipo, pero este sentimiento se despliega de forma equivocada y entonces se convierte en un hombre pervertido, anormalmente loco. Si el tipo emocional se desarrolla equivocadamente se vuelve sexualmente pervertido. Si el tipo intelectual se desarrolla equivocadamente, se vuelve escépticamente loco.

Y, en tercer lugar, la acción. Hitler y Gandhi pertenecen al tercer tipo. Si evoluciona correctamente, surge un Gandhi. Si se desarrolla equivocadamente, surge un Hitler. Ambos pertenecen a la acción. No pueden vivir sin hacer algo. Pero el hacer puede ser una locura y un Hitler está loco. El actuaba, pero su hacer se volvió destructivo. Si el tipo creativo se despliega adecuadamente se vuelve creativo; si equivocadamente, se vuelve destructivo.

Esos son los tres tipos básicos puros. Pero nadie es un tipo puro; esa es la pega. ¡Esos son sólo tipos! Nadie es un tipo puro, todo el mundo es una mezcla. Y esos tres están en cada uno. Por eso, realmente no es cuestión de a que tipo perteneces; el punto a considerar es cuál es el tipo predominante. Tan sólo para poder explicártelo los he dividido. Nadie es un tipo puro, nadie puede serlo porque los tres están en ti. Si los tres están equilibrados, eres armonioso; si los tres están desequilibrados, entonces te vuelves loco, te desestabilizas. Esa es la dificultad al decidir. Decide pues cuál es el dominante, cuál es tu tipo.

¿Cómo decidir cuál es el dominante? ¿Cómo saber a qué tipo pertenezco o cuál es el tipo más significativo para mí, el más fundamental para mí? Los tres estarán presentes, pero uno será secundario. Hay dos criterios que han de recordarse. Uno, si eres del tipo cognitivo, todas tus experiencias comenzarán básica-mente por el saber, nunca con alguna otra cosa. Por ejemplo, si un tipo cognitivo se enamora de alguien, no se podrá enamorar a primera vista. ¡Es incapaz! ¡Imposible! Primero ha de saber, debe entrar en contacto, y esto implica un largo proceso. La decisión puede llegar sólo a través de un proceso cognitivo. Por eso es que este tipo de gente siempre se pierde muchas oportu-nidades, porque se necesita una decisión instantánea y este tipo no puede decidir en un instante.

Por eso este tipo, por lo general, nunca es activo. No puede serlo porque cuando ha alcanzado alguna conclusión, el mo-mento ha pasado. Mientras está pensando, el momento ha pasado. Cuando alcanza una conclusión, la conclusión no tiene sentido. Cuando era el momento preciso para obtenerla, no pudo. Así que no puede ser activo. Y esa es una de las calamidades del mundo, que esos que son capaces de pensar no pueden ser activos, y esos que pueden ser activos son incapaces de pensar. Esa es una de la calamidades fundamentales, pero es así.

Y recuerda siempre que son muy pocos los que pertenecen al tipo intelectual. El porcentaje es ínfimo, dos o tres por ciento. Para ellos todo comienza con el saber. Unicamente entonces viene el sentir y por último el actuar. Esta será la secuencia con los de este tipo: saber, sentir, actuar. Puede que llegue tarde, pero no puede ser de otra forma. Primero ha de pensar.

La segunda cosa a recordar es que para el tipo cognitivo todo comenzará con saber, nunca concluirá antes de saber y no extraerá prejuicio alguno a menos que los pros y contras hayan sido establecidos. Este tipo se convierte en el científico. Este tipo puede convertirse en un filósofo imparcial, en un científico, en un observador.

Por eso sea cual sea tu reacción, tu acción, descubre por dónde comienza. El inicio determinará qué predomina. Uno que perte-nece a la emoción empezará primero por sentir y luego agrupará todos los razonamientos. El razonar será secundario. Empezará primero por sentir. El te ve y decide en su corazón si eres bueno o malo. Esta es una decisión emocional. No sabe nada sobre ti, pero a primera vista decidirá. Percibirá si eres bueno o si eres malo y luego irá acumulando las razones por las que ha decidido de antemano.

El tipo sensitivo decide primero, luego viene el razonar; luego racionaliza. Observa en ti si decides primero con sólo ver a una persona, si te sientes convencido de que es bueno, malo, amoroso, no amoroso, y luego creas razones, luego intentas convencerte a ti mismo de tus propios sentimientos: «Sí, estaba en lo cierto. Es bueno y esas son las razones. Lo sabía. Lo he verificado. He hablado con los demás. Ahora puedo afirmar que es bueno». Pero este «es bueno» fue una primera conclusión.

Por eso con un tipo emocional el silogismo de la lógica es totalmente inverso: la conclusión llega primero, luego el proceso. Con el tipo argumentativo, la conclusión nunca va en primer lugar. Primero va el proceso, y al final la conclusión. Sigue pues indagando sobre ti mismo. ¿Cuál es tu forma de decidir las cosas? Con el tipo activo, la acción es lo primero. El decide actuar al instante, luego comienza a sentir y por último crea las razones.

Dije que Gandhi es del tipo activo. El decide primero. Por eso es por lo que afirma, «Esta no es mi decisión. Dios ha decidido por mí» En realidad, la acción se le presenta tan de súbito, sin ningún proceso, que no puede más que preguntarse, «¿He decidido yo?» Uno del tipo cognitivo siempre dirá, «Yo lo he decidido». Uno del tipo emocional dirá siempre, «Siento que es así». Pero un tipo activo, un Mahoma, un Gandhi, dirá siempre, «Ni lo he sentido, ni lo he pensado. Esta decisión me ha llegado». ¿De dónde? ¡De ninguna parte! Si no cree en Dios dirá, «¡De ninguna parte! Esta decisión ha surgido en mí. No sé de dónde procede».

Si cree en Dios, entonces Dios se convierte en el que toma las decisiones. Entonces El es el que lo dice todo y Gandhi lo ejecuta. Por eso Gandhi sólo puede decir, «Me equivoqué, pero la decisión no fue mía». Puede afirmar, «Puede que no lo haya seguido al pie de la letra, puede que no haya comprendido el mensaje correctamente, puede que no haya perseverado tanto como debiera, pero la decisión fue Divina. Yo únicamente tuve que seguirla. Sólo tuve que entregarme y seguirla». Para Mahoma, para Gandhi, ese es el sistema.

Dije que Hitler era de un cierto tipo aunque equivocado, pero él también habla en esos términos. También dice, «No es Adolfo Hitler el que está hablando. Es el auténtico espíritu de la historia. Es la totalidad de la mente Aria. Es la mente de la raza la que habla a través mío». Y, en verdad, muchos lo sintieron así. Aquellos que escucharon a Adolfo Hitler sintieron que el que estaba hablando no era en absoluto Adolfo Hitler. Era como si él fuese el vehículo de una fuerza superior. El hombre activo siempre aparece así. Debido a que actúa tan rápidamente no puedes decir que sea él el que decide, el que piensa, el que siente. ¡No! ¡El actúa! Y la decisión es tan espontánea que ¿cómo vas a imaginarte de dónde proviene? Viene o bien de Dios o bien del Diablo, pero viene de algún lugar. Y posteriormente tanto Hitler como Gandhi podrán razonar sobre ello, pero primero actuarán.

Por ejemplo, Gandhi decidió hacer un largo ayuno. A media noche se despertó y entonces lo decidió. Luego, por la mañana, les dijo a sus amigos, «Voy a iniciar un largo ayuno».

Nadie podía comprender lo que estaba diciendo. Le dijeron, «Hemos estado a tu lado, nunca nos informaste, nunca nos hablaste de esto. Por la noche estuvimos hablando de muchas cosas y no mencionaste para nada este tema».

Pero Gandhi dijo, «No dependía de mí, la decisión no dependía de mí. Por la noche el sueño desapareció. De repente me encontré despierto y con un mensaje Divino de que debía iniciar un largo ayuno». Pero, ¿para qué? Luego Gandhi descubre todas las razones. Esas razones son añadidas con posterioridad.

Esos son los tres tipos. Si la acción es lo que se presenta en primer lugar y luego el sentir y luego el pensar, puedes determinar cuál es tu factor predominante. Y determinar ese factor predo-minante es de gran ayuda porque entonces puedes proceder directamente, de otra forma tu progreso siempre será zigza-gueante. Cuando no sabes a qué tipo perteneces sigues innece-sariamente direcciones, dimensiones en las que no deberías ir. Cuando conoces tu tipo, sabes lo que tienes que hacer contigo mismo, como hacerlo, por dónde empezar. Lo primero es: recuerda qué es lo que surge primero y qué es lo que surge en segundo lugar.

Lo segundo te parecerá muy extraño. Por ejemplo, el tipo activo puede ejecutar lo opuesto muy fácilmente, eso es, puede relajarse fácilmente. ¡El tipo activo es capaz de relajarse muy fácilmente! La relajación de Gandhi era milagrosa. Era capaz de relajarse en cualquier parte. Parece paradójico. Un tipo activo debe de estar tan tenso que debe de ser incapaz de relajarse. Pero este no es el caso. Unicamente un tipo activo es capaz de relajarse con mucha facilidad. Un tipo cognitivo no puede relajarse tan fácilmente, un tipo emocional encuentra todavía más difícil el relajarse, pero un tipo activo es capaz de relajarse muy fácilmente.

De modo que el segundo criterio es que sea cual sea el tipo al que pertenezcas, serás capaz de moverte hacia el opuesto muy fácilmente. Recuerda pues: si puedes irte al opuesto, éste es tu tipo predominante. Si eres capaz de relajarte muy fácilmente, perteneces al tipo activo. Si puedes dejar de pensar, quedarte sin pensamientos con facilidad, perteneces al tipo cognitivo. Si puedes sentirte ausente de sentimientos muy fácilmente, perte-neces al tipo emocional.

Y esto es extraño porque por lo común pensamos, «Un tipo emocional, ¿cómo va a poder permanecer sin emociones? Un tipo cognitivo, ¿cómo va a poder quedarse sin pensar? Un tipo activo, ¿cómo va a poder dejar de actuar?» Pero sólo parece paradójico. No lo es. Es una de la leyes fundamentales la de que los opuestos se corresponden, los dos extremos se juntan, tal como un péndulo de un gran reloj, tal y como el péndulo va hacia el extremo izquierdo, luego se dirige al derecho. Y cuando ha llegado al extremo derecho empieza a dirigirse hacia el izquierdo. Cuando está yendo hacia la derecha está acumulando inercia para ir luego a la izquierda. Cuando está yendo a la derecha está acumulando inercia para ir después hacia la izquierda. Cuando está desplazándose a la izquierda, cuando parece que se está yendo a la izquierda, está preparándose para ir hacia la derecha. Así que lo opuesto es fácil.

Recuerda: si eres capaz de relajarte con facilidad, perteneces al tipo activo. Si eres capaz de meditar con facilidad, perteneces al tipo cognitivo. Por eso es que un Buda puede meditar con tanta facilidad. Por eso es que un Gandhi es capaz de relajarse con tanta facilidad, incluso en un accidente de circulación.

Ocurre un accidente de circulación y es la hora en que Gandhi se suele relajar en su siesta. Pero el coche no puede llegar al lugar de destino de modo que los que están en el coche han de esperar. Es un accidente mortal; todos están asustados y tienen miedo, pero, junto a la carretera, él se echa a dormir. ¡No puede esperar! Es la hora de su siesta, así que se echa a dormir. Cuando otro coche llega para recogerle le encuentra profundamente dormido.

El tipo activo puede relajarse muy fácilmente. Un Nehru no puede concebir como puede suceder este milagro, es algo milagroso para él. El no es del tipo activo, es incapaz de relajarse. Gandhi puede relajarse varias veces al día. Descansaba en multitud de ocasiones. Siempre que encontraba el momento, se dormía. El dormirse le era fácil.

Un Buda puede quedarse sin pensar, un Sócrates puede estar sin pensar con mucha facilidad. De ordinario, parece algo difícil. Una persona que es capaz de pensar en tal grado, ¿cómo va a disolver el pensar? ¿Cómo va a entrar en el estado sin pensa-mientos? Todo el mensaje de Buda se centra en el no pensar, y él era del tipo cognitivo. El pensó tanto que, en realidad, su pensamiento se mantiene aún actual.

Han pasado veinticinco siglos, pero Buda pertenece aún a la mente contemporánea. Nadie pertenece durante tanto tiempo a la mente contemporánea. Incluso un pensador de los tiempos actuales no puede afirmar que Buda sea anticuado. Pensó con tal profundidad, con una antelación de siglos, que todavía tiene atractivo. Para quienquiera que sea pensador Buda posee un atractivo porque es el tipo puro. Pero su mensaje es: introdúcete en el no pensar. Aquellos que han pensado en profundidad siempre han dicho, «Penetra en el no-pensar». ¿Por qué es tan fácil para ellos? Simplemente lo hacen.

Y el tipo emocional puede introducirse en el no-sentir. Por ejemplo, Meera, ella es del tipo emotivo; Chaitanya, él es un tipo emotivo. Su sentimiento es tal que no pueden permanecer sintiendo amor hacia unas pocas personas u objetos. Han de amar al mundo entero. Este es su tipo. No pueden sentirse satisfechos con un amor limitado, el amor no ha de tener límites, ha de esparcirse hasta el infinito.

Un día Chaitanya acudió a un Maestro. El había alcanzado la Iluminación por propio derecho. Su nombre era conocido en toda Bengala, y entonces, un día, acudió a un Maestro, a un Maestro del Vedanta. Puso su cabeza a sus pies. El Maestro se sintió asustado, atemorizado, porque respetaba a Chaitanya en grado sumo. Y le dijo, «¿Por qué has acudido a mí? ¿Qué es lo que quieres? Te has realizado. No puedo enseñarte nada». Chaitanya dijo, «Ahora quiero penetra en el vairagya, el desapego. He vivido una vida de sentimiento, quiero penetrar ahora en el no-sentir. Así que, ayúdame».

Un tipo emotivo es capaz de cambiar, Chaitanya cambió. Ramakrishna era del tipo emotivo. Al final se introdujo en el Vedanta. Toda su vida fue un devoto, un adorador de la Madre, y al final se convirtió en un discípulo de un Maestro de Vedanta, Totapuri, y fue iniciado en el mundo de la ausencia de senti-miento. Y muchos le dijeron a Totapuri, «¿Cómo puedes iniciar a ese hombre, Ramakrishna? ¡Es del tipo emocional! Para él el amor es lo único. Puede rezar, puede adorar, puede bailar, puede entrar en éxtasis. No es capaz de introducirse en el desapego, no puede trascender el reino de lo sentimientos».

Totapuri dijo, «Por eso es por lo que él puede hacerlo, y le voy a iniciar. Vosotros no podéis; él lo hará».

Así que el segundo criterio para decidir es: si eres capaz de situarte en el opuesto, eres de este tipo. Observa que hay al principio y luego el movimiento hacia el opuesto; esos son los dos factores. Y busca en ti constantemente. Durante veintiún días, continuamente nota esas dos cosas: primero cómo reaccionas, cuál es el comienzo, la semilla, el inicio, y luego a qué opuesto puedes irte con facilidad. ¿Al no-pensar? ¿Al no-sentir? ¿A la no-acción? Y a los veintiún días alcanzarás la comprensión de tu tipo; del predominante, desde luego.

Los otros dos estarán presentes como sombras, ¿mmm?, porque los tipos puros no existen. No pueden existir. Los tres son parte de ti, sólo que uno es más significativo que el resto. Y una vez conoces qué tipo eres, tu camino se vuelve muy cómodo y fácil. Entonces no desperdicias tu energía. Entonces no disipas tu energía en caminos equivocados que no te corresponden. Por eso, descubrir el tipo de uno mismo es un requisito básico en la búsqueda espiritual. De no hacerlo así seguirás haciendo infinidad de cosas y crearás únicamente confusión, crearás sólo desintegración.

Eso es lo que Krishna quiere decir en el Gita con swabhav, el tipo que conforma tu naturaleza. Por eso dice que es mejor morir sin tener éxito permaneciendo en el propio tipo que tener éxito con el tipo de otro. Es mejor ser un fracasado, incluso ser un fracasado según el propio tipo, que ser un triunfador de acuerdo con el tipo de otro, porque este éxito se convertirá en una carga, un fardo, un peso muerto. Incluso el fallar según tu propia naturaleza es algo bueno, porque este fallo te enriquecerá. Madurarás con él, aprenderás con él, te desarrollarás con él. Por eso un fracaso es algo bueno si concuerda con el tipo de uno.

Descubre a qué tipo perteneces o cuál es tu tipo predominante. Luego, de acuerdo con este tipo, empieza a trabajar. La tarea será más llevadera y la meta más cercana.

La Alquimia suprema vol1


swadharma

TAROT...OSHO...ENTENDIMIENTO.....30

Estás fuera de la prisión, fuera de la jaula. Puedes abrir tus alas y todo el cielo es tuyo. Todas las estrellas y la luna y el sol te pertenecen. Puedes desaparecer en el azul del más allá... Simplemente deja de aferrarte a esta jaula, sal de la jaula y todo el firmamento es tuyo. Abre tus alas y vuela por el firmamento como un águila.

En el firmamento interior, en el mundo interior, la libertad es el valor más elevado. Todo lo demás es secundario, incluso la bendición, el éxtasis. Hay miles de flores, son incontables, pero todas ellas se hacen posibles en un clima de libertad.
Osho Christianity, the Deadliest Poison and Zen… Chapter 6


EL MAESTRO DEL SILENCIO.....OSHO

10. EL MAESTRO DEL SILENCIO

Un día, Buda iba a dar una charla especial, y miles de seguidores vinieron de muchas millas a la redonda.
Cuando Buda apareció, llevaba una flor en la mano. El tiempo pasaba y Buda no decía nada.
Sólo miraba la flor.
El gentío se impacientaba, pero Mahakasyapa, que ya no podía contenerse, rió.
Buda le hizo seña de que se acercara, le entregó la flor y le dijo a la gente:
Tengo el ojo de la enseñanza verdadera. Todo lo que puede darse con palabras, os lo he dado; pero, con esta flor, le doy a Mahakasyapa la llave de esa enseñanza.

La llave de todas las enseñanzas, no sólo de un Buda sino de todos los maestros —Jesús, Mahavira, Lao-Tse—, no puede ser transmitida mediante la mente. No se puede decir nada acerca de ella. Cuanto más digas, más difícil se hará la transmisión, porque un buda y tú vivís dimensiones tan diferentes —no sólo diferentes, sino diametralmente opuestas— que cualquier cosa que diga un buda será malinterpretada.

Oí contar que una tarde tres mujeres ligeramente sordas se encontraron en el camino. Era un día muy ventoso, así que una de ellas dijo:
—Vaya viento, ¿no os parece?
—¿Viernes? No, hoy es martes —exclamó otra.
—¿Más té, dices? Yo también tengo sed, vamos al restaurante a tomarnos una taza de té —comentó la tercera.

Eso es lo que ocurre cuando un buda te dice algo. Dice: «¿Viento?». Tú dices: «¿Viernes? No, hoy es martes». El oído físico funciona bien, pero falta el oído espiritual. Un buda sólo puede hablar con otro buda, ése es el problema, y con otro buda, no hay necesidad de hablar. Buda debe hablar con quienes no están iluminados. En ellos existe la necesidad de hablar y comunicarse, pero también es cierto que la comunicación es imposible.

Se cuenta que un santo mahometano, Farid, pasaba cerca de Benares, donde vivía Kabir. Los seguidores de Farid dijeron:
—Sería maravilloso que Kabir y tú os encontrarais; sería una bendición para nosotros.
Lo mismo le ocurrió a Kabir con sus seguidores. Se enteraron de que Farid pasaba por allí, de modo que le dijeron a Kabir que sería una buena idea que Farid pasara unos días en el ashram.
Los discípulos de Farid dijeron:
—Que vosotros dos hablarais sería una gran oportunidad para nosotros; nos gustaría oír qué tienen que decirse una a otra, dos personas iluminadas.
Farid rió cuando los discípulos comentaron esto y repuso:
—Habrá un encuentro, pero no creo que nadie hable. Pero vayamos a ver.
Kabir accedió:
—Invitad a Farid. Que venga y se quede; pero quien hable primero demostrará que no está iluminado.
Farid fue; Kabir lo recibió. Rieron y se abrazaron, luego se sentaron en silencio. Farid permaneció allí durante dos días, y pasaron muchas horas sentados juntos, y los discípulos se impacientaban de esperar que alguno dijera algo, que pronunciara alguna palabra. Pero ni Farid ni Kabir dijeron ni una sola palabra.
Al tercer día, Farid partió y Kabir fue a despedirlo. Otra vez rieron, se abrazaron, se separaron.
En el momento mismo en que se separaron, los discípulos de Farid se congregaron en torno a él y dijeron:
—¡Vaya disparate! Qué pérdida de tiempo. Esperábamos que ocurriera algo. No ocurrió nada. ¿Cómo es que de pronto quedaste mudo? A nosotros nos hablas mucho.
—Todo lo que sé también él lo sabe. No hay nada que pueda ser dicho. Lo miré a los ojos y él está aquí donde estoy yo. Todo lo que yo he visto, él lo ha visto; todo aquello que he realizado, él lo ha realizado. No hay nada que decir —replicó Farid.

Dos personas ignorantes pueden hablar. Hablan mucho: no hacen más que hablar. Dos personas iluminadas no pueden hablar; sería absurdo. Que dos personas ignorantes hablen carece de sentido, porque no tienen nada que transmitir. No saben nada que pueda ser dicho, que deba ser dicho, pero siguen hablando. Su parloteo no es más que una loca catarsis —no pueden evitarlo—, es una descarga.
Dos personas iluminadas no pueden hablar porque saben lo mismo. Nada debe ser dicho. Sólo una persona iluminada y una que no lo esté pueden tener una comunicación significativa, porque uno sabe y el otro aún está en la ignorancia. Comunicación significativa, dije. No digo que la verdad pueda ser transmitida, pero algunas sugerencias, algunas indicaciones, algunos gestos sí pueden serlo, para que el otro se disponga a dar el salto. La verdad no puede ser transmitida, pero la sed sí puede ser dada. Ninguna enseñanza digna de ese nombre puede dar la llave con palabras.
Buda hablaba; es difícil encontrar otra persona que haya hablado tanto. Los eruditos han estudiado todas las escrituras existentes que se atribuyen a Buda, y dicen que no es posible que todas le pertenezcan, pues, tras su iluminación, vivió cuarenta años, caminando de una a otra aldea. Caminó por todo Bihar, y el nombre Bihar viene de que Buda caminó allí. Bihar significa las sendas por donde anduvo Buda. Toda la provincia se llama Bihar, porque ésa es la comarca por donde anduvo Buda; su bihar, su deambular.
Andaba sin cesar; sólo se detenía en la estación lluviosa. De modo que pasaba mucho tiempo andando, además del que dedicaba al sueño. De modo que los estudiosos se pusieron a calcular, y dicen: «Esto parece imposible. Dormir, andar, llevar adelante otras rutinas diarias; las escrituras son muchas, ¿cómo puede haber hablado tanto? Aun si hubiera hablado sin parar durante cuarenta años, sin detenerse ni un momento, sólo puede haber pronunciado determinada cantidad de palabras». Debe haber hablado mucho —continuamente— , pero así y todo dice que la llave no puede ser transmitida mediante palabras.

Esta historia es una de las más significativas, porque es la historia en que comienza la tradición del zen. Mahakasyapa es el primer maestro del zen. Buda es la fuente, y Mahakasyapa es el primer maestro zen, el original. Y esta historia es la fuente de donde toda la tradición —una de las más hermosas y vivas de las que existen en el mundo—, la tradición zen, surgió.
Procura entender esta historia. Buda llegó una mañana y como de costumbre, se había reunido un gentío, muchas personas esperaban para oírlo. Pero algo era inusual: llevaba una flor en la mano. Nunca antes había llevado nada en su mano. La gente creyó que tal vez alguien se la hubiera regalado. Buda llegó y se sentó bajo el árbol. La muchedumbre esperó, esperó y esperó, pero él no habló. No los miraba, sólo miraba la flor. Pasaron minutos, después horas, y la gente se puso muy impaciente.
Se cuenta que Mahakasyapa no pudo contenerse y rió en voz alta. Buda lo llamó, le dio la flor y le dijo al gentío:
—Todo lo que podía decirse con palabras, os lo he dicho, y lo que no puede ser dicho con palabras, se lo doy a Mahakasyapa. La llave no puede ser comunicada verbalmente. Le paso la llave a Mahakasyapa.
Eso es lo que los maestros zen llaman transferencia de la llave sin escritura; más allá de la escritura, más allá de las palabras; más allá de la mente. Le dio la flor a Mahakasyapa. Nadie podía entender qué había ocurrido. Ni Mahakasyapa ni Buda hicieron jamás comentario alguno al respecto. El capítulo quedó cerrado. A partir de entonces, en China, en Tíbet, en Tailandia, en Birmania, en Japón, en Ceilán; en todas partes los budistas se han pasado veinticinco siglos preguntando: «¿Qué se le dio a Mahakasyapa? ¿Cuál era la llave?».
Toda la historia parece muy esotérica. Buda no es aficionado a los secretos; sólo ocurre en este incidente... Buda es un ser muy racional. Habla en forma racional, no es un extático loco. Argumenta racionalmente, y su argumentación, su lógica, son perfectas; no encuentras ni una falla. Éste es el único incidente en que se comportó en forma ilógica, en el que hizo algo misterioso. No es un hombre misterioso en absoluto. No encontrarás otro maestro menos misterioso.
Jesús es muy misterioso. Lao-Tse es absolutamente misterioso. Buda es llano, transparente; no hay misterio en torno a él, no permite que haya humo alguno. Su llama arde clara y brillante, clara y absolutamente transparente, sin humo. Este episodio es el único que parece misterioso, y por eso muchas escrituras budistas no lo recogen, lo han dejado de lado. Pareciera que alguien lo inventó. No coincide en absoluto con la vida ni con la actitud de Buda.
Pero, para el zen, es el origen. Mahakasyapa se convirtió en primer custodio de la llave. Luego, en la India, vino una sucesión de seis custodios, hasta Bodhidharma. Bodhidharma fue el sexto custodio de la llave, y, una vez que la tuvo, buscó y buscó por toda la India, pero no pudo encontrar un hombre de la capacidad de Mahakasyapa; un hombre que pudiera entender el silencio. Debió abandonar la India para buscar un hombre a quien darle la llave; si no lo encontraba, ésta se perdería.
El budismo llegó a China cuando Bodhidharma fue allí en busca de un hombre a quien se le pudiera dar la llave, un hombre que pudiera entender el silencio, un hombre que pudiera hablar de corazón a corazón sin obsesionarse con la mente, que no tuviera cabeza. Un hombre sin cabeza era difícil de encontrar en India, que es un país de pandits, de eruditos, que tienen las cabezas más grandes que sea posible. Con el tiempo, un pandit se olvida del corazón por completo y se vuelve cabeza. Toda su personalidad se tuerce, como si sólo la cabeza existiera, y todo el cuerpo se encogiera y desapareciese.
Esta comunicación que trasciende las palabras sólo puede efectuarse de corazón a corazón. De modo que Bodhidharma buscó en China durante nueve años, y aun así sólo encontró a un hombre adecuado. En China, Bodhidharma pasó nueve años sentado sin darles la cara a las personas; siempre se sentaba de cara a un muro. Si ibas a verlo, te lo encontrabas mirando el muro, dándote la espalda. La gente acostumbraba a preguntarle:
—¿Por qué te sientas de esta forma tan rara?; hemos venido a escucharte.
—Espero al hombre que sepa escucharme. No te miraré, no perderé el tiempo; sólo miraré a quien sepa escucharme.
Entonces, llegó un hombre; se paró detrás de Bodhidharma, se cortó la mano derecha, se la tiró a Bodhidharma y dijo:
—Vuélvete hacia aquí o me cortaré la cabeza.
Bodhidharma se volvió de inmediato y exclamó:
—¡Bien! ¡Has venido! Toma la llave y relévame de mi tarea —Bodhidharma le transmitió a ese hombre la llave que Buda le pasara a Mahakasyapa. El séptimo maestro fue un chino, y la llave siguió viajando hasta hoy. La llave está en algún lugar, alguien la tiene; el río no se ha secado.
Para mí, si todas las escrituras de Buda desaparecieran, nada se perdería. Sólo aquella anécdota no debería desaparecer. Es la más valiosa, y los estudiosos la han eliminado de la biografía de Buda. Dicen: «Es irrelevante; no es propia de Buda». Pero os digo: todo lo que Buda hizo es ordinario, cualquiera podría hacerlo. Pero esto es extraordinario, es excepcional, sólo un buda puede hacerlo.
¿Qué ocurrió esa mañana? Comencemos a penetrar en ello. Buda llegó, se sentó, y se puso a mirar la flor. No miraba a la gente; la flor era lo que fue el muro para Bodhidharma; él miraba al muro, no a la gente; no quería desperdiciar su mirada. La flor se transformó en muro y el gentío desapareció. Buda miraba y miraba la flor. ¿Qué hacía? Cuando Buda mira alguna cosa, transfiere la calidad de su consciencia. Y una flor es una de las cosas más receptivas del mundo. Es por eso que hindúes y budistas llevan flores para poner a los pies de su maestro, o en el templo, porque una flor puede llevar parte de tu consciencia.
Una flor es una cosa muy receptiva, y, si sabes de las nuevas investigaciones que se llevan a cabo en Occidente, entenderás. Ahora dicen que las flores son más sensibles que tú, que los humanos. La flor es el corazón de la planta; todo su ser acude allí. Se está investigando mucho la sensibilidad de las plantas en Rusia, en los Estados Unidos, en Inglaterra, y se descubrió algo increíble.
Un hombre, un científico, trabajaba con plantas; cómo sienten, si sienten o no, si tienen o no emociones. Estaba sentado frente a una planta a la que le había colocado electrodos para detectar cualquier movimiento de su ser interno, cualquier sensación, cualquier emoción. Pensó: «Si corto esta planta, si le arranco una rama, si la arranco de la tierra, ¿qué ocurrirá?». De pronto, la aguja que trazaba el gráfico saltó. Él no había hecho nada, sólo pensar: «Si corto esa planta...». La planta sintió miedo de morir y la aguja saltó, registrando que la planta temblaba. Hasta el científico se asustó, porque él no había hecho nada; sólo tuvo un pensamiento, y la planta lo recibió. Las plantas son telepáticas.
A partir de entonces, hizo muchas investigaciones, trabajó con grandes distancias. La planta fue alejada miles de millas; su planta, la planta a la que él había ayudado a crecer, que había regado, amado, fue llevada a miles de millas de allí. Entonces, volvió a pensar en ella y, a miles de millas de allí, la planta volvió a perturbarse. De modo que ahora se podía registrar científicamente que las emociones de la planta se veían perturbadas. No sólo eso, sino que, si pensabas en cortar una planta, todas las plantas que rodeaban esa área se perturbaban emocionalmente. Y aún más, si alguien que hubiera cortado una planta entraba al jardín, todas las plantas se perturbaban, porque percibían y recordaban que ese hombre no es bueno. Cada vez que ese hombre entra, todo el jardín siente que está entrando una mala persona.
Ahora, unos pocos científicos creen que las plantas pueden ser empleadas para la comunicación telepática, porque son más sensibles que la mente humana; y unos pocos científicos creen que las plantas pueden ser empleadas para recibir comunicaciones de otros planetas, porque otros instrumentos no son tan refinados.
En Oriente siempre se ha sabido que una flor es la más receptiva de las cosas. Cuando Buda miró la flor, y la siguió mirando, algo de él se transfirió a esa flor, Buda entró en la flor. La calidad de su ser, su alerta, su consciencia, su paz, su éxtasis, su danza interna, tocaron la flor. Cuando Buda miró a la flor, encontrándose tan cómodo, tan a sus anchas, tan carente de deseos, la flor debe haber danzado en su ser interno. La miró para transferirle algo a la flor; algo que debe ser entendido. Sólo la flor y él existieron durante un largo período de tiempo. Todo el mundo desapareció. Sólo Buda y la flor estaban allí. La flor entró al ser de Buda y Buda entró al ser de la flor.
Luego, la flor le fue dada a Mahakasyapa. Ahora no es sólo una flor, ahora lleva la budeidad. Lleva la calidad interna del ser de Buda. Y ¿por qué a Mahakasyapa? Había otros grandes estudiosos, diez grandes discípulos; Mahakasyapa sólo era uno, y sólo fue incluido entre los diez debido a esta historia, si no, jamás lo hubieran incluido.
No se sabe mucho sobre Mahakasyapa. Había grandes estudiosos como Sariputta —no encontrarías un intelecto más agudo que el suyo—, y también estaba allí Moggalayan, un estudioso muy grande. Sabía todos los Vedas de memoria, nada de lo que se hubiera escrito alguna vez le era desconocido. Era un gran lógico por derecho propio y tenía miles de discípulos. Y había otros; allí estaba Ananda, el primo hermano de Buda, quien durante cuarenta años fue con él a todas partes. Pero no, alguien que hasta entonces era desconocido, Mahakasyapa, se volvió de pronto el más importante. Toda la gestalt cambió. Siempre que Buda hablaba, Sariputta era el hombre más significativo, pues entendía las palabras mejor que ningún otro; y cuando Buda debatía, el más significativo era Moggalayan. Nadie pensaba mucho en Mahakasyapa. Permanecía en la multitud, simplemente era parte de la multitud.
Pero cuando Buda quedó en silencio, toda la gestalt cambió. Ahora, Moggalayan y Sariputta ya no eran significativos; simplemente, salieron de la existencia, como si no estuvieran ahí. Se volvieron simplemente una parte de la multitud. Un nuevo hombre, Mahakasyapa, se convirtió en el más importante. Se abrió una nueva dimensión. Todos se impacientaban, pensaban: «¿Por qué no habla Buda? ¿Por qué permanece en silencio? ¿Qué va a ocurrir? ¿En qué acabará?». Se sentían incómodos, impacientes.
Pero Mahakasyapa no estaba incómodo ni impaciente. En realidad, era la primera vez que se sentía cómodo junto a Buda; por primera vez, estaba a sus anchas con Buda. Tal vez se impacientara cuando Buda hablaba. Tal vez pensara: «¿Para qué tantos disparates? ¿Para qué seguir hablando? Nada se transmite, nada se entiende; ¿por qué seguir golpeándose la cabeza contra la pared? La gente está sorda. No puede entender...». Se debe haber impacientado cuando Buda hablaba, y ahora, por primera vez, estaba a sus anchas. Entendía qué es el silencio.
Había miles de personas allí y todas se impacientaban. Al ver la estupidez de la muchedumbre, no pudo contenerse. Se sienten cómodos cuando Buda habla; ahora que se queda en silencio, se impacientan. Cuando algo podía ser transmitido, no estaban abiertos; cuando algo no podía ser transmitido, esperaban. Ahora, con su silencio, Buda nos puede dar algo que es inmortal, pero no pueden entenderlo. De modo que no pudo contenerse y rió en voz alta; se rió de toda la situación, de lo absurdo que era todo.
Le exigimos que hable incluso a un buda, porque es lo único que entendemos. Eso es estúpido. Deberías aprender a estar en silencio cuando estás con un buda, porque sólo entonces puede entrar en ti. Con las palabras, puedes llamar a la puerta, pero no entrar; por medio del silencio, él puede entrar en ti. Con las palabras, puede llamar a tu puerta pero nunca entrar; con el silencio, puede entrar en ti, y, a no ser que entre, nada te ocurrirá. Su entrada traerá un nuevo elemento a tu mundo; su entrada a tu corazón te dará un nuevo latir y un nuevo pulso, una nueva descarga de vida; pero ocurrirá sólo si entra.
Mahakasyapa se rió de la estupidez humana. Se impacientan y piensan: «¿Cuándo se parará Buda y terminará con esto del silencio, así nos podemos ir a casa?». Él rió.
La risa comenzó con Mahakasyapa y ha continuado y continuado en la tradición zen. Ninguna otra tradición ríe, porque la risa parece tan irreligiosa, tan profana. No puedes imaginar a Jesús riendo, no puedes imaginar a Mahavira riendo. Aún más difícil es concebir a Mahavira lanzando una carcajada desde su vientre, a Jesús rugiendo de risa. No, la risa ha sido negada. De alguna manera, la tristeza se ha vuelto religiosa.
Uno de los famosos pensadores alemanes, el conde Keyserling, escribió que la salud es irreligiosa. La enfermedad tiene algo religioso porque una persona enferma está triste, carece de deseos; no porque se haya liberado del deseo, sino porque está débil. Una persona saludable ríe, le gusta divertirse, estar alegre; no puede estar triste. De modo que las personas religiosas han buscado enfermarte de distintas maneras: te hacen ayunar, reprimir tu cuerpo, torturarte a ti mismo. Te entristecerás, sentirás deseos de suicidarte, te crucificarás tú mismo. ¿Cómo vas a reír? La risa proviene de la salud. Es un desborde de energía. Por eso, cuando los niños ríen, su risa es total. Todo su cuerpo ríe, puedes ver que hasta los dedos de sus pies ríen. Todo su cuerpo, cada célula, cada fibra del cuerpo ríe y vibra. Están tan llenos de salud, de vitalidad; todo fluye.
Un niño triste es un niño enfermo, y un viejo que ríe sigue siendo joven. Ni la muerte puede envejecerlo, nada puede envejecerlo. Su energía aún fluye y rebosa, siempre está inundado. La risa es una inundación de energía.
En los monasterios zen ha habido risa, risa y más risa. Sólo en el zen la risa se volvió plegaria, porque Mahakasyapa la comenzó. Hace veinticinco siglos, en una mañana como ésta, Mahakasyapa lanzó una nueva tendencia, absolutamente nueva, desconocida hasta entonces por la mente religiosa: se rió. Se rió de toda la tontería, toda la estupidez. Y Buda no lo condenó; más bien lo contrario, lo llamó a sí, le dio la flor y le habló a la multitud. Y cuando la multitud lo oyó reír, debió haber pensado: «Este hombre se ha vuelto loco. Este hombre le falta al respeto a Buda, porque ¿cómo vas a reír ante un Buda? Cuando un Buda se sienta en silencio ¿cómo vas a reírte? Este hombre no demuestra respeto». La mente diría que eso es una falta de respeto.
La mente tiene sus propias reglas, pero el corazón no las conoce; el corazón tiene sus propias reglas, pero la mente nunca oyó hablar de ellas. El corazón puede reír y ser respetuoso; la mente no puede reír, sólo puede estar triste y sólo entonces demostrará respeto. Pero ¿qué clase de respeto es este que no ríe? Una muy nueva tendencia se introdujo con la risa de Mahakasyapa, y esa risa continúa sonando a lo largo de los siglos. Sólo los maestros zen y los discípulos zen ríen.

En todo el mundo las religiones han enfermado debido a la importancia que le dan a la tristeza; no parecen festivas, no dan una sensación de celebración. Si entras a una iglesia, ¿qué ves ahí? No vida, sino muerte; Jesús crucificado completa la tristeza de la escena. ¿Puedes reír en una iglesia, danzar en una iglesia, cantar en una iglesia? Sí, allí se canta, pero con tristeza, y la gente se sienta con la cara larga. No es de extrañar que nadie quiera ir a la iglesia; es una formalidad. La religión se ha convertido en una cosa de los domingos. Puedes soportar estar triste durante una hora.
Mahakasyapa rió frente a Buda y, desde entonces, los monjes zen, los sannyasin, los maestros, han estado haciendo cosas que las mentes religiosas —las llamadas mentes religiosas— no pueden siquiera concebir. Si has visto algún libro sobre zen, tal vez hayas visto pinturas, retratos de maestros zen. Ninguna pintura es fiel a la realidad. Si ves el retrato de Bodhidharma o el retrato de Mahakasyapa, no se parecerán a sus verdaderos rostros, pero el mirarlos te dará una sensación de risa. Son hilarantes, son ridículos.
Mira el retrato de Bodhidharma. Debe haber sido uno de los más bellos de los hombres; no puede no haberlo sido, porque cuando un hombre deviene iluminado desciende una belleza, una belleza que viene del más allá. Una bendición llega a todo su ser. Pero mira el retrato de Bodhidharma: se le ve feroz y peligroso. Parece tan peligroso que, si fuera a visitarte una noche, te asustarías; no podrías volver a dormir en toda tu vida. Parece muy peligroso, como si fuera a matarte. Pero eso es cosa de los discípulos, que se reían del maestro creando un retrato ridículo. Parece un personaje de tira cómica.
Todos los maestros zen son retratados con un aspecto ridículo. Los discípulos lo disfrutan. Pero esos retratos transmiten la idea de que Bodhidharma es peligroso, de que si acudes a él te matará, que no puedes escapar, que te seguirá y te acosará, que dondequiera que vayas, allí estará, que no te dejará a menos que te mate. Eso es lo que se retrata de todos los maestros zen, Buda incluido.
Si miras pinturas japonesas y chinas de Buda, verás que no se parecen al Buda indio. Lo han cambiado totalmente. En las pinturas indias de Buda, su cuerpo es proporcionado, como debe ser. Primero fue príncipe, después buda; era un hombre hermoso, perfecto, proporcionado. Pero mira una pintura japonesa de Buda: está toda distorsionada. ¿Gran barriga? Buda nunca tuvo una gran barriga. En las pinturas y escrituras japonesas se le representa con una gran barriga, porque un hombre que ríe debe tener una gran barriga. ¿Cómo vas a reír desde el vientre si tu barriga es pequeña? No puedes hacerlo. Bromean con Buda, y dicen cosas sobre Buda que sólo pueden provenir de un amor profundo, si no, serían insultantes.
Bankei siempre insistía en tener un retrato de Buda a sus espaldas, y cuando les hablaba a sus discípulos les decía: «Mirad a este tipo. Dondequiera que os lo encontréis, matadlo inmediatamente, no le deis ni una oportunidad. Cuando meditéis, vendrá a perturbaros. Cuando veáis su rostro en la meditación, sólo matadlo en ese mismo instante: si no lo hacéis, os seguirá». Y acostumbraba a decir: «¡Mirad a este tipo! Si repetís su nombre» —pues los budistas siempre repiten Namo Budaia, Namo Budaia— «si repetís su nombre, después id a lavaros la boca». Parece insultante. Se trata del nombre de Buda, y este hombre dice: «Si lo repites, lo primero que debes hacer es lavarte la boca. Tu boca ha quedado sucia».
Y tiene razón; porque las palabras son palabras; si es o no el nombre de Buda, no hay diferencia. Cuando una palabra te pasa por la mente, tu mente se ha ensuciado. Lávala. Lávate incluso del nombre de Buda. Y ese hombre, que siempre tenía un retrato de Buda detrás de sí, se inclinaba ante él cada mañana. De modo que sus discípulos preguntaron:
—¿Qué haces? Nos dices una y otra vez que matemos a ese hombre, que no le permitamos interponerse en nuestro camino. Y dices: no tomes su nombre, no lo repitas; si viene a ti, lávate la boca. Y ahora te vemos inclinándote.
—Todo esto me lo enseñó este hombre, este tipo, de modo que debo tributarle respeto —explicó Bankei.
Mahakasyapa rió, y en su reír hay muchas dimensiones. Una, lo estúpido de toda la situación: un buda en silencio, y que nadie lo entienda, que todos esperen que hable. Buda ha pasado toda su vida diciendo que la verdad no puede ser dicha y, así y todo, todos esperan que hable.
La segunda dimensión: también se rió de Buda, de la situación dramática que éste creó, ahí sentado con la flor en la mano, mirando la flor, creando tanta incomodidad, tanta impaciencia en todos. Rió ante este gesto dramático de Buda.
La tercera dimensión: se rió de él mismo. ¿Cómo podía ser que no hubiera entendido hasta ese momento? Todo el asunto era fácil y simple. Y el día que entiendas, reirás, porque no hay nada que entender, no hay acertijo que resolver. Todo siempre ha sido tan simple y claro. ¿Cómo es que te lo perdías?
Con Buda sentado en silencio, los pájaros que cantaban en los árboles, la brisa que soplaba en los árboles, y la multitud impaciente, Mahakasyapa entendió. ¿Qué entendió? Entendió que no hay nada que entender, que no hay nada que decir, que no hay nada que explicar. Toda la situación es simple y transparente, no hay nada oculto en ella. No hay necesidad de buscar, porque todo lo que es está aquí y ahora, en tu interior. También se rió de sí mismo, de todo el absurdo esfuerzo de tantas vidas: ¿tanto pensar sólo para entender este silencio?
Buda lo llamó, le dio la flor y dijo: «Aquí te entrego la llave». ¿Cuál es la llave? El silencio y la risa son la llave; silencio por dentro, risa por fuera. Y cuando la risa surge del silencio, no es de este mundo, es divina.
Cuando la risa surge del pensamiento, es fea; pertenece a este mundo ordinario, mundanal, no es cósmica. Esa risa viene de reírse de otro, a costa de otro, y es fea y violenta. Cuando la risa surge del silencio, no te estás riendo a costa de nadie, simplemente ríes del chiste cósmico. ¡Y realmente es un chiste! Por eso es que insisto en contaros chistes... porque los chistes transmiten más que cualquier escritura. Es un chiste, porque tienes todo dentro de ti, e insistes en buscar por todas partes. ¿Qué sino eso es un chiste? Eres el rey, y actúas como si fueses un pordiosero de la calle; no sólo actúas, no sólo engañas a los demás, sino que te haces creer a ti mismo que eres un pordiosero. Tienes la fuente de toda sabiduría, y haces preguntas; tienes el ser que sabe y te crees ignorante; tienes la inmortalidad dentro de ti y temes y sientes miedo a la muerte y a la enfermedad. Realmente es un chiste y, si Mahakasyapa rió, hizo bien.
Pero fuera de Buda, nadie entendió. Él aceptó la risa y se dio cuenta de inmediato de que Mahakasyapa se había realizado. La calidad de esa risa era cósmica. Entendió todo el chiste de la situación. No había otra cosa que eso. El asunto entero es como si lo divino jugara al escondite contigo. Los otros pensaron que Mahakasyapa era un loco que reía en presencia de Buda. Pero Buda pensó que ese hombre se había vuelto sabio. Los locos siempre tienen una sutil sabiduría, y los sabios siempre actúan como locos.
En la antigüedad, todos los grandes emperadores tenían un loco en su corte. Tenían muchos hombres sabios, consejeros, ministros y primeros ministros, pero también, siempre, un loco. Todos los emperadores inteligentes y sabios de Oriente y de Occidente tenían un bufón, un loco en la corte. ¿Por qué? Porque hay cosas que los así llamados hombres sabios no son capaces de entender, que sólo un loco entiende, porque los llamados sabios son tan locos que su astucia y su agudeza cierran sus mentes.
Los locos son simples, y los locos eran necesarios, porque muchas veces los llamados sabios no decían alguna cosa por temor al emperador. Un loco no le teme a nadie; habla sean cuales fueren las consecuencias. Un loco es un hombre que no piensa en las consecuencias.
Eso es lo que le decía Krishna a Arjuna: «Sé un loco. No pienses en las consecuencias. ¡Actúa!». Así actúan los locos; simplemente, sin pensar en qué va a ocurrir, en cuál será el resultado. Un hombre astuto siempre piensa primero en el resultado, luego actúa. Primero viene el pensamiento, después la acción. Un loco actúa; el pensar nunca viene antes.
Cuando alguno alcanza la realidad última, no es como los llamados sabios; no puede serlo. Tal vez sea como los llamados locos, pero nunca como los llamados sabios. Cuando san Francisco se iluminó, se solía llamar a sí mismo «loco de Dios». El papa era un hombre sabio, y cuando san Francisco fue a verlo, hasta él pensó que había enloquecido. Era inteligente, calculador, astuto; de no haber sido así, ¿cómo iba a ser papa?
Para llegar a papa, hay que pasar por mucha política. Para llegar a papa no se requiere santidad; se requiere astucia, se requiere agudeza, se requiere diplomacia, se requiere agresividad competitiva para hacer a los demás a un lado, para avanzar a la fuerza, para usar a los otros de escalera y después deshacerse de ellos. Es política... porque el papa es un jefe político. La religión viene en segundo lugar o en ninguno. Tal vez sea teólogo, pero no es religioso, porque ¿cómo va a competir un hombre religioso? ¿Cómo va a pelear y agredir por un cargo un hombre religioso? Sólo son políticos.
San Francisco fue a ver al papa, y el papa pensó que ese hombre estaba loco. Pero árboles, pájaros y peces pensaban de otra manera. Cuando san Francisco fue al río, los peces saltaban para celebrar su llegada. Miles de personas presenciaron ese fenómeno. Millones de peces saltaban al mismo tiempo; eran tantos que el río no se veía. Había llegado san Francisco y los peces estaban contentos. Y dondequiera que fuese, lo seguían los pájaros; se sentaban en su cabeza, en su cuerpo, en su regazo. Entendían a ese loco mejor que el papa. Hasta árboles que se habían secado y estaban a punto de morir reverdecían y rebrotaban si san Francisco se les acercaba. Los árboles entendían bien que este loco no era un loco cualquiera, que era el loco de Dios.
Cuando Mahakasyapa rió, era un loco de Dios, y Buda lo entendió porque Buda no era un papa. Posteriormente, los sacerdotes budistas no lo entendieron, de modo que abandonaron esa anécdota.

Una vez que hablé en una comunidad de budistas, los neo-budistas, conté esta anécdota. Después, el sacerdote fue a verme y me preguntó:
—¿De dónde sacaste eso? No está en las escrituras, es falso. Un hombre como tú no debería decir cosas que no están en las escrituras, porque la gente te cree.
Así que le dije:
—Trae tus escrituras; agregaré esta anécdota y la firmaré haciéndome cargo de ella —y añadí—: Eso ocurrió; yo lo presencié.
El sacerdote me miró. Debe haber pensado: «¡Este hombre está loco! Hablar no sirve de nada».
Le expliqué a ese sacerdote:
—No tengo poder, pero tengo autoridad...
El poder pertenece a los políticos, la autoridad, al hombre religioso. El poder depende de los demás, te lo dan, pero la autoridad viene de adentro. De modo que le dije:
—Fui testigo. Te puedo certificar por escrito y firmar que yo fui testigo. Eso ocurrió. Por algún motivo, en las escrituras se lo perdieron, pero eso no es mi culpa. No es mi responsabilidad si te lo perdiste en tus escrituras.
Ese hombre, el sacerdote, solía acudir a mí; ahora no viene más. Para un sacerdote es más importante una escritura muerta que una persona viva. Aun si digo que fui testigo, no se me puede creer. Esa anécdota fue excluida de las escrituras budistas porque es sacrílego reír frente a Buda; hacer de la risa la fuente original de una gran religión no está bien. No es un buen precedente que un hombre haya reído ante Buda y tampoco lo es que Buda le diera la llave a ese hombre, no a Sariputta, Ananda, Moggalayan, ni a los otros que eran importantes, significativos. Y finalmente fueron ellos —Sariputta, Ananda y Moggalayan— quienes asentaron las escrituras. A Mahakasyapa ni siquiera le pidieron que lo hiciera. Aun si le hubiesen preguntado, no habría respondido. A Mahakasyapa nunca le preguntaron si tenía algo que decir que valiera la pena asentar.
Cuando Buda murió, todos los monjes se reunieron y comenzaron a registrar qué había ocurrido y qué no. Nadie le preguntó a Mahakasyapa. Debe haber sido apartado por la sangha, por la comunidad. La comunidad entera debe haber sentido celos. La llave le había sido entregada a este hombre que no era conocido en absoluto, que no era un gran estudioso ni pandit. Nadie lo conocía antes, y de pronto, esa mañana, se convirtió en el hombre más significativo, debido a la risa, debido al silencio.
Y, en cierto modo, tenían razón, porque ¿cómo vas a registrar el silencio? Se pueden registrar las palabras, puedes registrar qué ocurrió en lo visible; ¿cómo vas a registrar lo que no ocurrió en lo visible? Sabían que la flor le fue dada a Mahakasyapa, nada más.

Pero la flor sólo era un recipiente. Tenía algo en ella: la budaeidad, el toque del ser interno de Buda, la fragancia que no puede ser vista, que no puede ser registrada. Todo el episodio parece no haber ocurrido nunca, o haber ocurrido en un sueño.
Quienes registraban eran hombres de palabras, hábiles para la comunicación verbal, en hablar, discutir, argumentar, pero Mahakasyapa no vuelve a ser mencionado. Ese episodio es todo lo que se sabe de él; una cosa tan pequeña que las escrituras la dejaron de lado. En ese momento, Mahakasyapa quedó en silencio, y el río interior siguió fluyendo en silencio a partir de entonces. La llave les ha sido dada a otros y la llave aún está viva y abre la puerta.
Éstas son las dos partes. El silencio interior; un silencio tan hondo que no hay vibración alguna en tu ser. Eres, pero no hay olas. Eres sólo un estanque sin olas, no se alza ni una ola. El ser todo silencioso, inmóvil. Dentro, en el centro, silencio, y en la periferia, celebración, risa. Y sólo el silencio puede leer, porque sólo el silencio puede entender la broma cósmica.
De modo que tu vida se transforma en una celebración vital, tu relacionarse se transforma en algo festivo. Hagas lo que hagas, cada momento es un festival. Comes, y el comer es una celebración; te bañas, y bañarse se transforma en celebración; hablas, el hablar es una celebración; el relacionarse se torna en una celebración. Tu vida exterior se torna festiva, no hay tristeza en ella. ¿Cómo va a existir la tristeza en el silencio? Pero, habitualmente, tú piensas de otra manera; piensas que si estás en silencio, estarás triste. Habitualmente piensas, ¿cómo vas a evitar la tristeza si quedas en silencio? Te digo, el silencio que existe en la tristeza no puede ser verdadero. Hay algo errado. Has errado la senda, no vas por el camino. Sólo la celebración puede demostrar que el silencio real ocurrió.

¿Cuál es la diferencia entre un silencio real y un silencio falso? Un falso silencio siempre es forzado; se logra mediante el esfuerzo. No es espontáneo, no te ocurrió. Hiciste que ocurriera. Estás sentado en silencio, y hay mucho alboroto interno. Lo reprimes, y entonces no puedes reír, te pondrás triste, porque la risa será peligrosa. Si ríes, perderás el silencio, porque cuando ríes no puedes reprimir. La risa está contra la represión. Si quieres reprimir, no debes reír; si ríes, todo saldrá afuera. Lo real saldrá afuera con la risa, lo irreal se perderá.
De modo que siempre que veas a un santo triste, bien has de saber que su silencio es falso. No puede reír, no puede gozar, porque tiene miedo. Si ríe, todo se romperá, la represión emergerá, y ya no podrá reprimir más. Mira a los niños pequeños. Vienen invitados a la casa y les dices a los niños: «¡No riáis!». ¿Qué hacen? Cierran la boca y reprimen la respiración, porque si no reprimen la respiración, su risa saldrá. Les será difícil. No mirarán a ningún lugar, porque si miran, olvidarán alguna cosa. De modo que cierran los ojos, o casi cierran los ojos y reprimen la respiración.
Si reprimes tu respiración no puede ser profunda. La risa requiere que se respire hondo; si ríes, liberas una respiración profunda. Por eso nadie respira profundamente, sólo lo haces en forma superficial porque has reprimido muchas cosas en tu infancia y también después, así que no puedes respirar hondo. Si llegas a más profundidad, tendrás miedo. El sexo ha sido reprimido mediante la respiración, la risa ha sido reprimida mediante la respiración, la ira ha sido reprimida mediante la respiración. La respiración es el mecanismo para reprimir o liberar; de ahí mi insistencia en la respiración caótica, porque si respiras de manera caótica, entonces la risa, el gritar, todo surgirá, y todas tus represiones serán expulsadas. No pueden ser expulsadas de ninguna otra manera, porque el respirar, la respiración, es la forma en que las has reprimido.
Trata de reprimir cualquier cosa, ¿qué harás? No respirarás hondo; respirarás superficialmente, sólo respirarás con la parte superior de tus pulmones. No irás más profundo, porque en lo profundo la respiración está reprimida. En el vientre, todo está reprimido. De modo que cuando te ríes de verdad el vientre vibra; de ahí los retratos de Buda con una gran barriga. Cuando el vientre está relajado, el estómago no es un depósito de represión. Si ves a un santo triste, allí estará la tristeza, pero no el santo. De algún modo se ha hecho callar a sí mismo y teme en todo momento. Cualquier cosa puede perturbarlo.
No hay perturbación posible si el verdadero silencio ha ocurrido. Cuando es así, todo ayuda a crecer. Si realmente estás en silencio, puedes sentarte en un mercado y ni siquiera el mercado te perturbará. Más bien, te alimentarás del sonido del mercado y para ti ese sonido se convertirá en más silencio. En realidad, para sentir el silencio se requiere un mercado; porque si tienes el verdadero silencio, el mercado se transforma en un fondo, y, por contraste, el silencio deviene perfecto. Puedes sentir al silencio interior burbujeando contra el mercado.
No hace falta ir a los Himalayas. Y si vas, ¿qué verías? Contra el silencio de los Himalayas, tu mente parlotearía. Entonces, sentirás mucho más el parloteo, porque el silencio será un fondo.
Si lo real te ocurre, y no sientes miedo, no se te puede quitar. Nada puede perturbarlo. Y cuando digo «nada», quiero decir «nada»: nada puede perturbarlo. Y si algo lo perturba, es porque es forzado, es cultivado; de algún modo, lo has administrado. Pero un silencio que se administra no es silencio, es como administrar el amor.
El mundo está tan loco, padres, maestros y moralistas están tan locos e insanos que les enseñan a los niños a amar. Las madres les dicen a los niños: «Soy tu madre, ámame»; como si los niños pudieran hacer algo para amar. ¿Qué puede hacer el niño? El esposo le repite a la esposa: «Soy tu marido, ámame», como si el amor fuese un deber, como si el amor fuese algo que puede ser hecho. Nada se puede hacer. Sólo una cosa se puede hacer: puedes fingir. Y una vez que aprendes cómo fingir el amor, has errado. Toda tu vida irá mal. Seguirás fingiendo que amas. Entonces, sonreirás y fingirás; entonces, reirás y fingirás. Entonces, todo es falso. Entonces, te sentarás en silencio y fingirás; entonces, meditarás y fingirás. Fingir se convertirá en tu estilo de vida.
No finjas. Deja que surja lo real. Si puedes esperar y ser suficientemente paciente, cuando lo fingido caiga, lo real está ahí, esperando explotar. Catarsis es dejar de fingir. No te fijes en lo que dice el otro, porque ésa es la forma en que fingiste, la forma en que estuviste fingiendo.
No puedes amar... O está ahí, o no. Pero la madre dice: «Porque soy tu madre...», y el padre dice: «Soy tu padre...», y el maestro dice: «Soy tu maestro, por lo tanto, ámame»; como si el amor fuese algo lógico. «Soy tu madre, por lo tanto, ámame». ¿Qué hará el niño? Le estás creando tales problemas que no puede concebir qué hacer. Puede fingir. Puede decir: «Sí, te amo». Y una vez que el niño ame a su madre como deber, se volverá incapaz de amar a ninguna mujer. Entonces, le llegará la hora de casarse, y será un deber; llegarán los hijos, y será un deber. Entonces, la vida toda será un deber. No puede ser una celebración —no puedes reír, no puedes gozar—: Es una carga que debe ser acarreada. Eso es lo que te ha ocurrido. Es un infortunio, pero, si lo entiendes, puedes dejarlo caer.
Ésta es la llave; su parte interna es el silencio, la parte externa es celebración, risa. Sé festivo y silencioso. Crea más y más posibilidad en torno a ti. No fuerces lo interior a estar en silencio, sólo crea más y más posibilidad en torno a ti para que el silencio interior pueda florecer en ella. Eso es todo lo que podemos hacer. Podemos poner la semilla en la tierra, pero no podemos forzar a la planta a que brote. Podemos crear la situación, podemos proteger, podemos agregarle fertilizante a la tierra, podemos regar, podemos ver si los rayos del sol le llegan o no, o cuánto sol, más o menos, le hace falta. Podemos evitar los peligros y aguardar en una actitud orante. No podemos hacer más. Sólo puede crearse la situación.
A eso me refiero cuando te digo que medites. La meditación sólo es una situación; el silencio no será su consecuencia. No, la meditación sólo crea la tierra, el medio ambiente, prepara el suelo. La semilla está ahí, siempre está ahí; no hace falta poner la semilla, la semilla siempre ha estado contigo. Esa semilla es Brahma, esa semilla es Atman; esa semilla eres tú. Sólo crea la situación y la semilla cobrará vida. Brotará y nacerá una planta, y comenzarás a crecer.
La meditación no te lleva al silencio; la meditación sólo crea la situación en la que el silencio ocurre. Y éste debería ser el criterio: que, siempre que el silencio ocurra, la risa entrará a tu vida. Una celebración vital tendrá lugar en todo lo que te rodea. No te entristecerás, no te deprimirás, no escaparás del mundo. Estarás aquí en este mundo, pero tomándotelo todo como un juego, gozando de todo como de un hermoso juego, una gran obra de teatro, ya no como algo que te tomas en serio. La seriedad es una enfermedad.
Buda debe haber conocido a Mahakasyapa. Debe haber sabido, cuando miraba la flor y todos se impacientaban, que allí sólo había un ser, Mahakasyapa, que no estaba impaciente. Buda debe haber sentido el silencio que provenía de Mahakasyapa, pero no lo llamó. ¿Por qué? El silencio sólo es la mitad del asunto. Mahakasyapa le habría errado si simplemente se hubiera mantenido en silencio y no hubiese reído. De haber sido así, la llave no le habría sido dada. Sólo había crecido a medias, aún no era un árbol completamente crecido, no florecía. El árbol estaba ahí, pero las flores aún no habían llegado. Buda esperó.
Ahora os diré por qué Buda esperó tantos minutos, porqué esperó durante una o dos o tres horas. Mahakasyapa estaba en silencio, pero procuraba contener la risa, trataba de controlar la risa. Trataba de no reír, porque eso hubiese sido una gran falta de educación; ¿qué pensaría Buda? ¿Qué pensarían los demás? Pero entonces, cuenta la historia, ya no pudo contenerse más. El silencio llegó a ser demasiado; debía salir bajo la forma de risa. La inundación llegó a ser demasiada, ya no pudo contenerla. Cuando el silencio es demasiado, se convierte en risa; es tanto que comienza a rebosar en todas direcciones. Rió. Debe haber sido una risa loca, y en esa risa, Mahakasyapa no estaba. El silencio reía, el silencio había llegado a florecer.

Luego, de inmediato, Buda lo llamó: «Mahakasyapa, toma esta flor. Es una llave. Les he dado a todos los demás lo que puede ser dado en palabras, pero a ti te doy lo que no puede ser dado en palabras. El mensaje sin palabras, el más esencial, te lo doy a ti». Buda esperó esas horas para que el silencio de Mahakasyapa rebosara, para que se convirtiera en risa.
Tu iluminación es perfecta sólo cuando el silencio ha llegado a ser una celebración. De ahí mi insistencia en que, después de meditar, celebren. Después de haber estado en silencio debes gozar, debes agradecer. Debes mostrarle una honda gratitud al todo sólo por la oportunidad que te da de ser, de poder meditar, de poder quedar en silencio, de poder reír.

¿Alguna otra cosa?


Pregunta 1
Buda tenía a muchas personas iluminadas a su alrededor, y sin embargo sintió algo especial por esta persona iluminada. ¿Hay diferencias entre las iluminaciones?

Sí, Buda había iluminado a muchos de los que lo rodeaban, pero la llave sólo le puede ser dada a una persona que se convierta en maestro por propio derecho, porque la llave debe ser transmitida una y otra vez. Debe ser mantenida con vida. Mahakasyapa no iba a convertirla en un tesoro para él mismo; era una gran responsabilidad, debía transmitírsela a otro.
Había otras personas iluminadas, pero la llave no les podía ser dada a ellos; la llave se hubiera perdido con ellos. En realidad, Buda escogió a la persona adecuada, porque la llave aún vive. Mahakasyapa había actuado bien. Podría encontrar a otra persona que, a su vez, se la transmitiría a otro. El asunto es encontrar a la persona adecuada. Que esté iluminada no basta, porque no todas las personas iluminadas son maestros; debe hacerse una distinción.
Los jainistas tienen una hermosa distinción; para ellos, hay dos tipos de personas iluminadas. Uno de éstos se denomina kaivali, es quien ha alcanzado la soledad. Ha llegado a ser perfecto, pero no puede enseñar, no puede otorgar esa perfección a otros. No es un maestro, no puede enseñar; él mismo ha llegado a la cumbre final, pero no puede transmitir en forma alguna aquello que sabe. El otro tipo de persona iluminada se llama tirthankara, uno que se convierte en vehículo para los demás. Está iluminado, pero además domina cierto arte de comunicar por medio de las palabras y de comunicar por medio del silencio. Puede transmitir el mensaje. Otros pueden iluminarse a través de él.
Buda dijo: «Aquello que se puede transmitir con palabras, ya os lo he dicho. Lo que no puede transmitirse con palabras, se lo doy a Mahakasyapa».
Mahakasyapa era el maestro del silencio. Podía enseñar mediante su silencio. Otros eran maestros de las palabras, y mediante sus palabras podían enseñar y seguir adelante con la obra. Lo de ellos no era tan esencial, pertenecía a la periferia; pero también era necesario, pues las palabras de Buda debían ser registradas. Lo que Buda hacía debía ser registrado y transmitido de generación en generación. También esto era esencial, pero existía sólo en la periferia. Sus estudiosos —Moggalayan, Sariputta, Ananda— registrarían todo. Eso es un tesoro, porque un Buda es algo que ocurre rara vez. Todo debe registrarse, ni una sola palabra debe ser omitida, porque, quién sabe, esa única palabra tal vez signifique la iluminación para alguien. Pero el silencio también debía ser transmitido. De modo que existen dos tradiciones; la tradición de la escritura y la tradición del silencio. Muchas personas se iluminan, y en el momento en que se iluminan quedan en tal silencio, sienten tal satisfacción que ni siquiera el deseo de ayudar a los demás surge en ellos.
Pero los jainistas dicen que un tirthankara es una persona que ha acumulado algún karma —y esto es extraño—, que ha acumulado algún karma y tiene que cumplir con ese karma transmitiendo el mensaje a otros. No es una cosa muy buena, el karma no es una cosa muy buena. En su vida pasada ha acumulado karma que lo lleva a ser un maestro. No es una buena cosa porque requiere que algo se haga, que algo se complete, y debe hacerlo; entonces sus karmas se llevan a cabo, entonces queda completamente aliviado. El deseo de ayudar a los demás sigue siendo un deseo; la compasión hacia los demás sigue siendo energía que se mueve hacia los demás. Todos los deseos han desaparecido menos éste, el de ayudar a los demás. También ése es un deseo y, si ese deseo no desaparece, este hombre deberá regresar.
De modo que un maestro es aquel que se ha iluminado, pero en quien queda un deseo. Ese deseo no es un obstáculo a la iluminación —ayudar a los demás ayuda a iluminarse— pero seguirás apegado al cuerpo. Sólo un arroyo... Todos los manantiales se han cortado, pero aún queda un puente.
Había otras personas iluminadas, pero la llave no les podía ser dada; debía serle dada a Mahakasyapa, porque él sentía el deseo interior de ayudar debido a sus karmas pasados. Podía transformarse en tirthankara, podía transformarse en maestro perfecto. Y lo hizo bien. La elección de Buda fue perfectamente correcta; porque había otro de los discípulos de Buda a quien la llave se le podía haber entregado. Su nombre era Subhuti. Era tan silencioso como Mahakasyapa, aún más. Tal vez te sea difícil entenderlo; cómo el silencio puede ser más, cómo la perfección puede ser más. Es posible, pero está más allá de la aritmética ordinaria. Puedes ser perfecto, y puedes ser aún más perfecto, porque la perfección es un crecimiento, sigue creciendo infinitamente.
Subhuti era el hombre más silencioso de los que rodeaban a Buda, aún más que Mahakasyapa. Pero la llave no le podía ser dada debido a lo muy silencioso que era. Para empezar, no reía... Será muy difícil; estás entrando a un fenómeno muy complejo. La llave no se le podía dar porque no reía. No estaba ahí. Era tan silencioso que no estaba ahí para reír, no estaba allí para contener o no contener. Aun si Buda lo hubiese llamado, «¡Subhuti, ven!», no habría acudido. Buda hubiese tenido que acudir a él.
Se cuenta que un día Subhuti estaba sentado bajo un árbol cuando, repentinamente, y cuando no era la estación de las flores, comenzaron a caer flores sobre él. Así que abrió los ojos: ¿qué ocurre? El árbol no estaba en flor, no era la estación para eso; entonces, ¿de dónde venían esos repentinos millones de flores? Miró y vio muchas deidades que lo rodeaban desde todos lados, arriba del árbol, en el cielo, esparciendo flores. Ni siquiera les preguntó a esas deidades qué ocurría. Volvió a cerrar los ojos.
Entonces, esas deidades dijeron:
—Subhuti, te estamos agradeciendo por el sermón que diste acerca del vacío.
Y Subhuti replicó:
—Pero no he dicho ni una palabra, y me agradecéis por el sermón que di sobre el vacío. No he dicho ni una palabra.
—Ni hablaste, ni oímos; ése es el perfecto sermón sobre el vacío.

Estaba tan vacío que todo el cosmos lo sintió y los dioses tuvieron que ir a hacer llover flores sobre él.
Este Subhuti estaba ahí, pero tan silencioso que no estaba. Ni siquiera se preocupó en preguntarse por qué Buda estaba ahí sentado con la flor en la mano. Mahakasyapa no era como los demás, pero, en una manera, sí que lo era. Miró a Buda, sintió el silencio, sintió lo absurdo; había, pues, alguien que sentía.
Subhuti debe haber estado sentado en algún lado. En él no surgió ni una idea respecto a por qué Buda se sentaba en silencio ese día, por qué miraba la flor; no había esfuerzo por contenerlo, no había explosión. Subhuti estaba allí como si estuviese absolutamente ausente. No reía, y si Buda lo hubiera llamado, no habría acudido; Buda hubiese debido ir a él. Y nadie lo sabe; tal vez, si le hubiesen dado la llave, la habría tirado. No era un hombre destinado a tirthankara, no era un hombre destinado a enseñar, a ser maestro. No tenía karmas pasados. Era perfecto, tan perfecto, y siempre que algo es así de perfecto, se vuelve inútil. Recuerda, una persona así de perfecta es inútil, pues no puedes emplearla para ningún propósito.
Mahakasyapa no era así de perfecto, algo faltaba. Podía ser empleado, en ese faltante se podía meter la llave. La llave se le fue transmitida a Mahakasyapa, pues se podía confiar en que se la transmitiría a otro. En Subhuti no se podía confiar. La perfección, cuando es absoluta, simplemente desaparece. No está ahí, en el mundo. Puedes esparcir flores sobre ella, pero no puedes usarla. Es por eso que, aunque había muchas personas iluminadas allí, el escogido fue Mahakasyapa. Era un hombre que podía ser empleado para esta gran responsabilidad.
Esto es extraño. Por eso digo que la aritmética ordinaria no lo explica; porque te haría creer que la llave le debe ser dada al más perfecto. Pero el más perfecto olvidaría dónde puso la llave. La llave le debe ser dada a uno que sea casi perfecto, que esté en el umbral mismo de la desaparición, y que, antes de desaparecer, le pasará la llave a algún otro. La llave no puede serle dada al ignorante, la llave no puede serle dada al más perfecto. Debe ser encontrado alguien que esté justo en la frontera, que esté pasando de este mundo de ignorancia al mundo del saber, que esté justo en la frontera. Antes de que cruce la frontera, ese tiempo puede ser aprovechado y la llave transmitida. Encontrar un sucesor es muy difícil, porque incluso el más perfecto es inútil.

Les contaré un episodio que pasó muy recientemente. Ramakrishna trabajaba con varios discípulos. Muchos se realizaron, pero nadie sabe acerca de ellos. La gente sabe de Vivekananda, que nunca se realizó, y no sólo no era el más perfecto, sino que Ramakrishna no lo dejaba ser perfecto. Y cuando Ramakrishna sintió que Vivekananda iba a entrar en el samadi perfecto, lo llamó:
—¡Detente! La llave para esta entrada final me la quedo yo, sólo antes de tu muerte, tres días antes, la llave te será devuelta.
Y sólo tres días antes de que muriera, no antes, Vivekananda probó por primera vez el éxtasis.
Vivekanada comenzó a llorar y lamentarse:
—¿Por qué eres tan cruel conmigo?
—Algo debe ser hecho por tu intermedio. Debes ir a Occidente, al mundo; debes darle mi mensaje a la gente, si no se perderá —repuso Ramakrishna.
Había otros, pero ya estaban dentro; no podía decirles que salieran. No les interesaría ir a Occidente ni a ningún otro lugar del mundo. Dirían que sería un disparate hacerlo; eran iguales a Ramakrishna. ¿Por qué no iba él? Ya estaba dentro, y había que usar a alguno que estuviese fuera. Los que están muy lejos, fuera, no pueden ser usados; los que están casi dentro, bien cerca de la puerta, pueden ser usados; y antes de entrar deben transmitirle la llave a algún otro.
Mahakasyapa estaba bien cerca de la puerta, fresco, entrando al silencio, el silencio se volvía celebración y él sentía deseo de ayudar. Ese deseo fue empleado. Pero Subhuti era imposible. Era el más semejante a Buda, el más perfecto, pero cuando alguien es semejante a Buda, no sirve. Se puede dar la llave secreta a sí mismo; no hay necesidad de dársela. Nunca tomó a nadie como discípulo, Subhuti vivía en el vacío perfecto, y los dioses deben haberlo cubierto de flores muchas veces. Y nunca hizo un discípulo; nunca le dijo nada a nadie, todo era tan perfecto. ¿Por qué molestarse? ¿Por qué decir nada?
Un maestro está llevando a cabo sus karmas pasados. Debe cumplirlos. Y cuando yo deba encontrar un sucesor, habrá muchos Subhutis: no se les puede dar la llave. Habrá muchos Sariputtas: sólo se les pueden dar palabras. Debe encontrarse a alguien que esté entrando al silencio, celebrando, y ha sido retenido justo al lado de la puerta. Ése es el porqué.